Tecnología

La historia jamás contada de Freddy Vega, CEO de Platzi

En el aniversario de la fundación de Platzi, una empresa que revolucionó la educación online, recordamos cómo empezó y rompió todos los paradigmas habidos y por haber.

De la mano del colombiano John Freddy Vega y el guatemalteco Christian Van der Henst lograron crear una historia de película, que sin adornos, vamos a dejar que sea el mismo Vega el que narre el origen de todo.

La primera vez que vi un computador

Tenía cinco años cuando mi papá me llevó al Centro Comercial 21, donde un amigo de él quería mostrarle uno de esos primeros computadores que llegó a Colombia. Ahí conocí la ejecución de comandos básicos y así descubrí la programación.

Nunca tuve mucha plata y pasó muchísimo tiempo antes de que pudiera tener un computador. En esa época mi papá nos dejó a mi mamá y a mi hermano, y no podíamos darnos esos lujos. A los 13 años había un niño en el colegio al que le regalaron una graficadora Casio y eso era lo último en tecnología. Él me dijo: “tome la calculadora y el manual y aprenda para que después me enseñe”. Y fue exactamente lo que hice.

Ahí descubrí el lenguaje de programación Basic y que la calculadora venía con una memoria de menos de 1KB. Me puse a jugar con ella y la reprogramé para jugar triqui (tic, tac, toe) y para calcular el peso de una persona en otro planeta.

Después empecé a dibujar tarjetas de Pokémon que vendía a 500 pesos y luego me inventé un juego de batallas, con mis propias reglas y si ellos perdían las tarjetas iban al “centro Pokémon”, que era yo, y me tenían que dar 50 pesos por sacarlas una y otra vez. Ahí me gané 500.000 pesos y que las mamás les prohibieran a los niños del barrio jugar conmigo.

Ese dinero me sirvió para comprarme mi primer computador, que me lo dieron con un libro de un programa llamado Flash, en el que se combinaba animación con programación.

“El arrepentimiento es inútil porque no se puede cambiar el futuro”

Entre a la Universidad Piloto a los 16 años con la idea de desarrollar una red social (maldita sea, si tan solo hubiera seguido esa idea), al final no la hice porque no tenía la tecnología correcta.

En ese tiempo descubrí Maestros del web y Foros del web, la primera comunidad online de desarrollo en el mundo. Se creó en 1997 y se consolidó como la primera página de internet en el tema, tanto en inglés como en español.

Me pareció fascinante, así que hablé con mi mamá, quien es la fundadora de Naser publicidad, –toda una emprendedora– y me ayudó a financiar mi primer servidor con el que hice mi sitio web Cristalab, donde aprendí de otros lenguajes de programación y el desarrollo interactivo en internet.

Dejé de ir a clases, por pendejo, porque el trabajo en el sitio web era mucho más recompensante que lo que aprendía en la universidad. En 2004, hicimos un millón de visitas al año. En 2005, fueron un millón de visitas al mes y ahí apareció AdSenses de Google y de un momento a otro empecé a ganar 1.000 dólares al mes.

Me sentí millonario

Pensé en independizarme, salir de la casa, legalizar la empresa e incluso reunirme con el fundador de Maestros del web: Christian Van der Henst. Fue gracioso porque usamos nuestras comunidades para echarnos tierra y eso nos ayudaba a darnos a conocer en internet.

En 2009, me pasé a la Nacional, donde efectivamente era un reto muchísimo más grande porque tuve que estudiar matemáticas y ciencias físicas, cosas que no podía aplicar a Cristalab.

En ese punto hablé con mi mamá y me dijo: “Sea la decisión que tome, tiene que hacer que lo valga”.

Vivimos de la vaquita de Google

En 2009 tuve 6 millones de visitas únicas mensuales. En esa época Cristalab alcanzó a ser más grande que los foros oficiales de Macromedia y Adobe en Estados Unidos y me comparaba a las cifras de El Tiempo y El Espectador en ese entonces.

Maestros del web era mucho más grande –tenía 30 millones de visitas mensuales–, pero tanto Christian como yo, éramos unas bolas para los negocios. Nos confiamos en que nunca iba a pasar nada malo y en 2010 todo se fue al carajo.

Con la crisis inmobiliaria de 2008 en Estados Unidos, empezó un efecto dominó que llegó a España y Latinoamérica, de donde venían todos nuestros ingresos, y de repente pasamos de ganar 5 dólares por cada visita a recibir 50 centavos de dólar por cada mil visitas. Fue un desastre.

Vea también: ¿Por qué el chicle es tan importante en nuestra cultura?

Un viaje a Asia con todos los ahorros

En esa crisis, Christian me dijo que nos fuéramos a recorrer todo Asia, así que me endeudé porque sentía que valía la pena. Durante el recorrido, empezamos a hacer streaming y nos fue muy bien porque teníamos talento para hablar en público.

Ese proyecto que empezó como un juego, lo llamamos Mejorando.la, que luego lo seguimos alimentando con críticas a páginas famosas de internet. Pero de eso no se podía vivir.

“Lo que más me llena en la vida es compartir mi conocimiento”

Después de volver a Colombia con una cuenta en menos 300 dólares, decidí dictar unos cursos presenciales con la Universidad Piloto. Allí ganaba 2’500.000 de pesos por trabajar 4 horas diarias y eso me encantaba.

Sin embargo, descubrí que la universidad se quedaba con un pedazo significativamente alto, así que otra vez consulté con mi mamá y me ayudó a conseguir un lugar en la calle 72 con Caracas para dictar esos cursos. En esas, Christian me invitó a una reunión con sus empleados en Guatemala y le hablé de mi modelo de negocio y me dijo: “Está bueno, pero no tiene escalabilidad porque necesita un salón con computadores, pero ¿qué tal si le apunta a la gente con laptops?”.

Él me apoyó porque Maestros del web tampoco estaban generando nada de dinero. Estaba en las mismas condiciones que yo.

Invertí los únicos 5 millones de pesos que tenía

Nos fuimos para Buenos Aires con un curso que creímos que iba a funcionar y fracasó del todo. Perdimos 3.000 dólares. El gran error estuvo en que nos fuimos en diciembre, cuando los argentinos están de vacaciones y se van de país a disfrutar el verano. Eso, además de ofrecer un curso de marketing y funcionamiento de buscadores, que para la época no le interesaba a nadie.

A los dos meses Christian me volvió a insistir, pero esta vez para hacer el curso en México y sobre HTML5, que era lo último en tendencias. Estuvimos de viernes a sábado, dando clases ocho horas diarias cada día y fue todo un éxito, a pesar de que tuvimos que buscar el auditorio a último minuto en la calle Reforma –la tradicional avenida mexicana–.

Para 2012, ya habíamos recorrido 20 ciudades en 12 países de toda Latinoamérica y España.

El nacimiento de Platzi

Luego de construir una comunidad muy grande con Mejorando.la, me senté con Christian a redactar las bases de nuestra metodología de enseñanza, porque impartir un curso a 150 personas en dos días, no lo hacían ni las universidades más modernas de la época.

Así que sacamos la estructura y luego pensamos en una plataforma automatizada que le sirviera a cualquier persona en el mundo. Con lo ahorrado contratamos programadores y diseñadores para armar el sitio. Ahora solo faltaba el nombre.

Estábamos buscando un nombre que sirviera tanto en inglés como en español, que tuviera que ver con la educación con internet, así que un día en la finca/ parcela de mi novia, que ahora es mi esposa, saqué Platzi y otro nombre que jamás voy a decir en la vida.

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Necesitamos 500 estudiantes para ser rentables

A mediados de 2013 invertimos todo lo que teníamos en este Platzi y tuvimos 1500 estudiantes en el primer mes. Con ese éxito Christian se fue a vivir a San Francisco y ahí empezamos a desarrollar las suscripciones anuales y mensuales, que ayudarían a madres cabeza de familia, que les gusta la tecnología y gente que no podía costearse una universidad. Prácticamente a aquellos que podían pagar 1 dólar diario por su educación.

En 2014, llegamos a facturar 700.000 dólares mensuales y fue cuando Christian dijo que nos metiéramos en Y Combinator –el fondo de inversión más grande de Sillicon Valley, de donde salió DropBox, AirBnb, Reddit y MeetLab–.

Pasamos la primera ronda y llegamos a la entrevista donde nos rechazaron porque no entendían la necesidad de educación en Latinoamérica y mi pésimo inglés.

“Me lo tomé personal y funcionó”

Ese rechazo me sirvió para mejorar mi inglés y así volvernos a presentar y tener una entrevista con Paul Buchheit, el creador de Gmail y el timeline de amigos en Facebook.

Finalmente nos aceptaron y fuimos la primera empresa latinoamericana en entrar a Y Combinator. En ese momento, levantamos 2,2 millones de dólares y contratamos más empleados y abrimos las oficinas de México, Bogotá y San Francisco.

El secreto estuvo en entregar nuestro conocimiento en Latinoamérica

Con todo lo aprendido con esta experiencia decidimos hacer un curso para levantar inversión en Silicon Valley. De ahí la historia más legendaria fue conocer a dos chinos que tenían el sueño de hacer una plataforma de domicilios para la India y para que también funcionara en Colombia, llamada Rappi.

Ellos tenían pensado levantar su inversión en Colombia, pero les dijimos que pensaran más allá y se fueron a Sillicon Valley y los aceptaron. Ahora son de los más grandes en Latinoamérica.

Y así como Rappi, existen Hogaru, Chiper, Truora y otras empresas de Colombia y México. Hicimos de Latinoamérica la segunda región más representada en Y Combinator, por encima de Europa y China.

Desde entonces estamos enfocados en ser la escuela de tecnología más grande del mundo. Tenemos millones de estudiantes, oficinas en Latinoamérica, operación 24/7 en todos los países de habla hispana y portuguesa. Además de ser la única plataforma online que trabaja con el MinTIC de Colombia y ser el partner tecnológico autorizado de Facebook y Unity –la empresa más importante de desarrollo de videojuegos en el mundo– Y vamos por mucho más.

Creo que nunca en la vida había contado esta historia completa hasta hoy…

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Óscar Mena es periodista de la Revista Diners. Estudió Comunicación Social & Periodismo en la Universidad Externado de Colombia antes de convertirse en Barista de la Escuela de Gastronomía Gato Dumas. A Óscar le apasiona cómo la tecnología, el estilo de vida y la gastronomía pueden contribuir al mejoramiento de la sociedad.
Óscar Mena

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