¿Qué tan grave es que nos vigilen los gobiernos?

“Si no tienes nada que ocultar y si no haces nada malo, no tienes nada que temer que nos vigilen los gobiernos”. Ese es el mensaje de los últimos años.

¿Qué tan grave es que nos vigilen los gobiernos? fue publicado originalmente en Revista Diners de julio de 2013

Puede que Facebook, Instagram y WhatsApp sean herramientas útiles para que nos vigilen los gobiernos mundiales. Sin embargo, existen diferentes herramientas como lo reveló Edward Snowden, quien asegura que desde 2007  el programa PRISM -de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos- monitorea, almacena y analiza mensajes de correo electrónico, videos, fotografías, chats de voz y texto, direcciones IP, perfiles en redes sociales y otros datos de los usuarios de Internet en busca de información sospechosa de terrorismo.

Las reacciones han sido extremas: unas pocas, provenientes en su mayoría de fuentes oficiales, sugieren que “no es para tanto”. El propio Barack Obama lo defendió diciendo que es un programa clave en los esfuerzos contra el terrorismo, y que no es posible gozar de un ciento por ciento de seguridad y un ciento por ciento de privacidad a la vez.

Que nos vigilen los gobiernos porque somos inocentes

Los ciudadanos del común también parecen estar “tranquilos”. Según una encuesta de The Washington Post y el Pew Center indicó que el 56 por ciento de los estadounidenses no ven mal que se monitoreen sus comunicaciones, si esto sirve para la seguridad del país.

“Si no tienes nada que ocultar y si no haces nada malo, no tienes nada que temer”. Ese es el mensaje. Y aquí resulta inevitable hacer la analogía simplista con 1984, de Orwell, no por la vigilancia del Gran Hermano, sino porque los ciudadanos la consideran normal.

En el otro extremo, activistas creen que se han hecho realidad sus peores pesadillas. El padre de la Web, Tim Berners-Lee, dijo que esta vigilancia “es una violación de los derechos humanos que amenaza las bases de la sociedad democrática”, mientras que Julian Assange, creador de WikiLeaks, denunció que la vigilancia al estilo de PRISM es algo global.

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Un efecto que se replica en Colombia y el mundo

Que nos vigilen los gobiernos es un efecto global. En Occidente nos sorprendemos con lo que hacen regímenes como el chino o el norcoreano con sus pueblos, y ahora con PRISM. Pero estos no son la excepción: acaba de darse a conocer Tempora, un programa de la agencia de espionaje británica aún más poderoso que PRISM, pues tiene acceso directo a los cables de fibra óptica de internet, sin intermediarios.

Y para no ir muy lejos, en 2014 las autoridades colombianas podrán interceptar las comunicaciones de correo y redes sociales, así como las llamadas telefónicas, con el programa PUMA (Plataforma Única de Monitoreo y Análisis), del que sus promotores tratan de dar un parte de tranquilidad diciendo que “no se utilizará en inteligencia”.

Prácticas desde antes de la creación de internet

Todo suena apocalíptico y orwelliano –y tal vez lo sea–. Pero no es nuevo: la vigilancia estatal existe prácticamente desde que surgió el espionaje, unos cinco siglos antes de Cristo, en toda clase de gobiernos y sistemas. Y el espionaje electrónico tiene décadas: Echelon, en los años setenta, y Carnivore, en los noventa, generaron tanto o más temor que PRISM, aunque en ese tiempo las redes e Internet apenas nacían y pocos las usaban.

Así que las revelaciones sobre PRISM simplemente confirman lo que ya suponíamos, que los gobiernos nos vigilan y que aprovechan al máximo la explosión de internet y la telefonía móvil. Pero, además, ponen en la agenda el debate sobre libertad versus seguridad.

¿Se debe sacrificar una libertad como la privacidad en aras de enfrentar el terrorismo? ¿Se debe preferir la privacidad a toda costa? ¿Cuál extremo es aceptable? Ninguno. Se debería buscar el balance justo, y los ciudadanos del común, si estamos en un Estado que respeta los derechos, no deberíamos temer.

Alerta para no caer en el espionaje rapaz

Pero esto no es sinónimo de ser pasivos: tenemos que estar alerta para evitar abusos y malas prácticas, exigir que solo se monitoree lo que realmente se necesita –y no más– y a quienes se necesita –delincuentes y sospechosos–, y que se protejan los datos de los ciudadanos.

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¿Qué podría pasar si al poder llegasen gobiernos autoritarios que decidan perseguir opositores, si los sistemas estatales son vulnerables a ataques de delincuentes, o si son ejecutados por personal incompetente?

Casos dramáticos de ciudadanos de bien que terminaron juzgados o perseguidos por error ya se han visto en Grecia, China e incluso en Inglaterra, y en la medida en que se vuelva común la vigilancia masiva, estos dejarán de ser excepcionales.

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