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Apple: una religión con millones de seguidores

A 8 años de la muerte de Steve Jobs, el creador de Apple, descubrimos los secretos de esta compañía que hicieron de sus clientes evangelizadores de la marca.

Foto: Flickr/ Anthony Sigalas/ (CC BY-NC-SA 2.0)

A 8 años de la muerte de Steve Jobs, el creador de Apple, descubrimos los secretos de esta compañía que hicieron de sus clientes evangelizadores de la marca.

Tener fanáticos capaces de hacer largas filas y comprar boletas o productos de sus ídolos es un lujo que a duras penas se dan los equipos de fútbol y otros deportes, los músicos exitosos y algunos artistas de Hollywood –y en Colombia, para bien o para mal, los ganadores y perdedores de los reality shows–. Y en el mundo empresarial, aunque hay compañías que generan simpatías o admiración, solo una cuenta con una fanaticada global, fiel, emotiva y creciente: Apple.

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A pesar de la partida de Steve Jobs, su fundador y máximo líder hace ya un año, la firma sigue sorprendiendo a los analistas con sus productos, los niveles de ventas y el valor de sus acciones, al punto que ya ha alcanzado la valoración nominal en la bolsa más alta de la historia, y continúa incrementándose. Y pese a la ausencia de ese personaje carismático que al pasar al escenario a presentar una de sus keynotes parecía más un líder religioso capaz de llevar al éxtasis a sus fieles, la religión se sigue expandiendo en todo el mundo y el número de fieles –compradores y fans– sigue creciendo como la espuma.

Viento en popa

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Todo suena muy bien para la compañía de la manzana. Pero así como ocurre con las religiones y sectas que pasan de tener unos cuantos miles de seguidores a ser fenómenos masivos, Apple podría ver minados en su iglesia el nivel de compromiso, el conocimiento de sus ideas e historia y la capacidad dialéctica a la hora de dar una batalla en defensa de la compañía y sus productos. Sé por qué lo digo, pues fui uno de los primeros evangelistas de la marca en el país.

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Y es que los fanáticos de Apple de toda la vida vibramos con la segunda venida de Steve Jobs en 1997, en los años noventa poníamos mil argumentos –y nuestro pellejo– en foros, sitios web y en nuestras universidades y oficinas para defender a la empresa cuando los ‘expertos’ y muchos profetas vaticinaban la muerte de la compañía, y comprábamos un Mac a pesar de que era más caro que un PC y de que tendríamos que enfrentar las burlas de las mayorías y los comentarios ignorantes de quienes pensaban que solo había un mundo posible, el de Windows.

Mi relación con Apple

Podría narrar mi propia vida a partir de mi relación con la manzana: el día que conocí el primer Mac, un Classic, en la universidad, a finales de los ochenta; el primer Mac que tuve en casa, los años oscuros de Apple, la alegría por el regreso de Jobs, la emoción por el lanzamiento del primer iMac –para mí, el equipo que impulsó la resurrección de Apple–, el lanzamiento del iPhone, que puso a Apple en primer plano en la industria; las batallas por demostrar la superioridad del Mac OS y luego el Mac OS X ante el omnipresente Windows, la animadversión por los enemigos reales o imaginarios de Apple y de Steve Jobs –Bill GatesMichael Dell y otros–, las lágrimas por la muerte de Jobs en 2011, y la transformación y el crecimiento de su «secta» en estos años gloriosos del iPhone y el iPad.

Y justamente por esto último, los viejos evangelistas de Apple, esos que nos enfrentábamos solos contra un mundo que no nos quería entender, ahora tenemos sentimientos encontrados: disfrutamos al saber que siempre tuvimos razón y estábamos del lado «correcto», celebramos que más y más personas se nos unan como usuarios de la manzana, pero a la vez miramos con desdén cómo los nuevos fanáticos son light: compran un iPhone por moda o estatus; cambian un PC por su primer Mac, pero aún no entienden las ventajas y las diferencias para hacer las cosas; creen que Excel nació en los PC y que «el sistema del Mac se parece a Windows” –y no al revés, como los fanáticos «duros de matar» lo dirían–, y en los blogs y foros en línea no tienen argumentos técnicos, históricos, de satisfacción o usabilidad para defender a Apple y sus productos, sino el triste comentario de «ustedes critican al iPhone porque no tienen la plata para comprarlo».

Soy un fanático de Apple

 

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Este evangelista colombiano asegura que nada de esto hará cambiar su amor y fidelidad a Apple, que es su religión y su estilo de vida, pero sí lanza un lamento: “Tal vez sí deje de ser evangelista, de luchar para defender la causa: miles de nuevos ‘fans’ ahora lo hacen a su manera, y Apple está en la cima del mundo.

Tal vez ya no me necesita”. Y es verdad. El mejor ejemplo de mercadeo voz a voz es Apple que permanece en el top of mind del mundo entero y que ha colado sus productos hasta el más recóndito lugar de la Tierra.

Alabado sea Steve Jobs.

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Octubre
05 / 2019


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