La historia de cómo el amor puede curar el cáncer

Cuando le diagnosticaron leucemia a su mejor amigo, una niña decidió unirse a su lucha con amor y música.
 
La historia de cómo el amor puede curar el cáncer
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POR: Revista Diners

Manuela Aragón, más conocida como Lela, nunca olvidará el día en que Juan Sebastián García, su compañero de pupitre en el Liceo Francés de Bogotá, no regresó a clase porque tenía cáncer.

Aunque en un inicio tuvieron una relación tensa y competitiva –pues estaban entre los mejores estudiantes del grupo–, con el tiempo descubrieron que tenían mucho en común y que disfrutaban trabajando juntos. Así se hicieron buenos amigos.

Por eso cuando en noviembre de 2014 su profesora anunció que Juan Se –como le dicen cariñosamente– tenía leucemia y que no sabía cuándo volvería al colegio, la noticia la afectó profundamente.

La invadió la tristeza, porque se sentía impotente ante esa enfermedad que a duras penas entendía.

“Estaba confundida. Aun cuando había escuchado mencionar la palabra cáncer, no sabía de qué se trataba. Hizo muchas preguntas –¿Qué es?, ¿cómo se contagió?, ¿es grave?, ¿se va a morir?, ¿cómo se le quita?, ¿va a poder volver al cole?–”, afirma Carolina, la mamá de Manuela, que hizo el mejor esfuerzo para contestar sus preguntas.

Regalos simbólicos

Días después, en una clase de canto, Lela –apasionada por la música– quiso interpretar una canción que quería dedicarle a su amigo.

“Pero cada vez que lo intentaba me ponía a llorar”, recuerda cándidamente. “Entonces mi profe me explicó que estaba bien llorar para sacar mi dolor, pero que tenía que hacer algo por Juan Se. Mis lágrimas no iban a sanarlo del cáncer. Dijo que si lograba distraerlo, sanaría más rápido”.

“Entonces pensé: ‘Lela, tu misión es llenarlo de sorpresas para mantenerlo distraído, y si no piensa en su enfermedad, no le dará el poder de crecer y quedarse en su cuerpo, y así se irá apagando poco a poco’”.

Con esto en mente, creó una caja de tesoros. “Forré una caja de zapatos con papel de colores y la llené de regalos simbólicos metidos en bolsitas de tul, con un mensaje en cada uno de ellos. Solo podía abrir uno por día”.

Una piedra para darle fortaleza, una pluma para hacerle cosquillas cuando estuviera triste, una almohadita para darle puños cuando sintiera rabia, polvos de hadas para cuando quisiera pedir un deseo y un CD con canciones interpretadas por Lela eran algunos de los regalos.

La caja de tesoros cumplió su cometido. “Fue una sorpresa enorme para Juan, que siguió al pie de la letra las instrucciones de Lela. Cada noche, después de sus tratamientos para curar el cáncer, llegaba al cuarto del hospital emocionado para abrir uno de los tesoros. En medio de esa situación tan difícil, esto le daba alegría”, recuerda María Clara Polo, la mamá de Juan Sebastián.

cáncer
Lela y Juan Se recorriendo las calles de París, en pleno proceso de recuperación. Fotos: Archivo particular.

Unas noches antes de que se terminaran los regalos de la caja, Lela se despertó angustiada y le dijo a su mamá que no podía dormir pensando en que se iban a terminar las distracciones para su amigo. Ella le pidió que no se preocupara, al otro día se les ocurriría algo.

Pero esa misma noche tuvo otra gran idea. “Pensé en hacerle un video con gente saludándolo, y para hacerlo sentir especial, quería hacerlo con personas famosas”, explica Manuela, que en tres días reunió más de cien mensajes algo que mucha gente se pregunta cómo lo logró.

Los famosos también son seres humanos

“No entiendo por qué les parece tan difícil. Las personas que participaron, antes que ser famosos o celebridades son seres humanos. No hice ninguna campaña en redes. En ese momento por mi edad, mi mamá no me dejaba.”, dice Manuela.

“Entonces con su celular envié un mensaje con mi historia a cuatro personas, estas se lo enviaron a otras cuatro y así sucesivamente hasta llegar a personas como Julio Sánchez Cristo, Carlos Vives y varios jugadores de la selección Colombia, como Juan Guillermo Cuadrado, David Ospina y Mario Yepes”, cuenta.

Luego explipa que “Los mensajes se devolvieron por el mismo camino. Aunque estoy segura de que Dios me ayudó. Le pedí ayuda en mis oraciones y contraté un ejército de ángeles. Ellos fueron mis redes y Dios es la persona más famosa que conozco”.

Este video, de más de una hora, fue una motivación más para Juan Se, que con el apoyo de su familia empezó a dar pasos importantes en su mejoría.

“Los esfuerzos de Lela han sido fundamentales en la recuperación de nuestro hijo. Han generado en él una reacción positiva hacia la vida y esto lo ha ayudado a enfrentar el cáncer”, asegura la mamá de Juan Sebastián, y añade que los médicos están impresionados en cómo ha reaccionado al tratamiento.

“Normalmente un niño con la quimioterapia tan intensa como la que ha recibido Juan, debería pasar mucho tiempo internado, pero sus hospitalizaciones han sido ocasionales”.

El poder del amor

Al ver la milagrosa recuperación del cáncer de su amigo, Lela supo que lo habían logrado por todo el apoyo y cariño que recibió.

“No hay nada más poderoso que el amor. Estoy segura de que mi tratamiento es efectivo y gracias a todas las sorpresas que Juan Se recibió, logramos espichar su enfermedad”, reflexiona Lela.

Manuela cuenta que su mamá le dijo que “al único órgano que no le da cáncer es al corazón, yo creo que es porque el amor, ese sentimiento, es infinito. Por eso me imaginaba que con cada sorpresa nueva que recibía, su corazón se convertía en un filtro que convertía las células grises de su cáncer en células llenas de luz y colores”..

Cáncer y amor
En la Ciudad Luz, durante una excursión del colegio.

Lo maravilloso es que por más pintoresco e infantil que suene, Manuela tiene toda la razón. Hay estudios de importantes instituciones en Estados Unidos, como el MD Anderson Cancer Center y la Universidad de Stanford, que basados en hechos y evidencia respaldan esa teoría, donde la parte psicológica tiene un papel determinante en la recuperación del paciente.

“La visión médica ha progresado bastante en el sentido que percibe al ser humano en tres aspectos: el físico, el mental y el emocional. Está comprobado que los dos últimos tienen gran relevancia en el proceso de manejar una enfermedad”, explica el doctor Miguel Ronderos, de Cardiología Pediátrica de la Fundación Cardioinfantil de Bogotá.

Está tan convencido, que ha sido uno de los principales promotores del centro lúdico de la Fundación PREMA en esa institución.

Y es aquí donde las historias se unen, pues ilusionada por lo que había logrado con su amigo, Manuela quiso replicar el modelo para que muchos más niños tuvieran la misma oportunidad de Juan Se. Así llegó a la Fundación PREMA.

Modelo para los demás

Para María Paula Ávila, directora de la fundación, contar con la energía y dedicación de Lela ha sido una bendición.

“Conocía nuestro trabajo porque su mamá es voluntaria. Adicionalmente, cuando Juan Se estaba en la clínica por su cáncer, ella leyó un artículo sobre lo que hacemos y se dio cuenta de que era muy parecido a lo que ella estaba haciendo con su amigo”.

Antes de continuar, Ávila explica que PREMA, que significa amor en sánscrito, fue creada en 2006 por un grupo de empresarios que participaron en un programa de valores, que les cambió la vida.

“Pensamos que si esto nos puede cambiar a nosotros, puede cambiar el mundo”. Y así se embarcaron en la misión de enseñar valores humanos a través de los centros lúdicos de la fundación.

Manuela, que con amor curó el cáncer
Manuela en la fundación PREMA.

“La educación en valores es un modelo que existe en 170 países del mundo. Consiste en cinco valores fundamentales con sus respectivas técnicas: el amor, a través de la música; la verdad, por medio de las citas; la rectitud, con el cuento; la no violencia, con el trabajo en grupo, y la paz, a través del silencio o la concentración”.

A partir de estos ejes se da toda la educación en valores humanos, y se hace a través del juego. Por eso se desarrolla en centros lúdicos.

Como explica el doctor Ronderos, cuando un niño se enferma, toda la familia se ve afectada. “Estos son espacios donde el paciente y su familia vivencian la enfermedad desde otro punto de vista y con ayuda de profesionales pueden trabajar los aspectos mentales y emocionales”.

“Aquí tienen la oportunidad de divertirse, a pesar de estar viviendo una situación tan difícil, como es la enfermedad crónica de un hijo”. Para él, no resulta tan importante lo que nos pasa, sino qué hacemos con lo que nos pasa.

“Si una mamá se nos deprime, es muy posible que la situación del niño se complique, mientras que si la mamá es optimista y lo anima, el pronóstico es mucho mejor”, concluye.

Esto es lo que hace que el trabajo de la Fundación PREMA sea tan importante. Por eso Lela, que no conoce las palabras “miedo” o “imposible”, se embarcó en un proyecto –que ya es una realidad– y con el que esperan recaudar suficientes fondos para abrir la segunda fase del centro lúdico de la Cardioinfantil.

Música para sanar

Con la ayuda de amigos y profesores, Juan Sebastián se ha mantenido al día en los temas del colegio y empezó a asistir esporádicamente a clases. Pero una de sus principales preocupaciones es no haber podido volver a las canchas de fútbol, su gran pasión.

Para motivarlo, su familia le sugirió tomar clases de piano. Por un lado, esto le ayudaría a ejercitar las articulaciones, que se habían visto afectadas por la quimioterapia. Por otro, podría acompañar a Lela mientras cantaba.

En pocos meses, Juan Se, que es muy aplicado a todo lo que acomete, avanzó a pasos agigantados. Estaba encantado tocando al lado de Lela.

Fue tan bueno el dueto que la profesora los inscribió en un evento de Jóvenes Talentos del colegio y tan conmovedora su presentación que recibieron una ovación por parte del público.

Así, con música, amor y compañía, Manuela demuestra que incluso las enfermedades físicas pueden trabajarse desde adentro, desde la emociones y los buenos sentimientos.

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mayo
19 / 2022