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Paso a paso para aprender el arte de escuchar

Los sonidos que nos acompañan en el día a día afectan nuestra calidad de vida. Por eso, es necesario tener herramientas que le permitan cambiar su relación con los sonidos.

Foto: Franco Antonio Giovanella via Unsplash

Los sonidos que nos acompañan en el día a día afectan nuestra calidad de vida. Por eso, es necesario tener herramientas que le permitan cambiar su relación con los sonidos.

La autora Julia Cameron explicó en El arte de escuchar, su último libro, acerca de un método de transformación personal que le permite relacionarse mejor con los sonidos que lo rodean. 

Diners compartió la primera parte del primer capítulo del libro, donde la autora explica algunos ejercicios para escuchar mejor. 

Ahora, Diners comparte la segunda parte de este capítulo del libro

El ladrido del Terrier

«¿Y si no puedo controlar los sonidos de mi entorno?», objetan a veces mis estudiantes. «¿Y si he aprendido a desconectar de ellos porque no me queda más remedio?».

Desconectar de nuestro entorno sonoro nos inculca el hábito de aislarnos en vez de conectar. Yo considero que desconectar requiere más esfuerzo que conectar, lo cual nos permite ponderar las soluciones. 

Conectar nos coloca en un estado de consciencia y, desde la consciencia, podemos realizar cambios, o al menos intentarlo.

Un buen ejemplo: mi terrier blanco, Lily, tiene un jardín de lujo para jugar, con colinas suaves, árboles altos y arbustos floridos; la flora y fauna se aprecian en algunos senderos. 

Ella accede a la casa desde el amplio pórtico a través de una puerta para perros con el espacio justo para un terrier de tamaño pequeño. 

Mi finca está cercada y, desde el punto de vista de Lily, el vasto terreno es su paraíso particular, donde tiene libertad para deambular y curiosear. 

Esto es cierto, pero también lo es que el terreno colindante es propiedad de mis vecinos. Y Lily es una perra ladradora.

Son casi las nueve de la noche. Cerré la puerta de Lily y está de mal genio. Se sienta junto a la puerta y emite tenues ladridos. Si la dejo salir, se pondrá a ladrar a pleno pulmón y molestará a mis vecinos.

«Lily, cállate», le digo. Según mi colega Emma, los perros tienen un vocabulario muy amplio y nos entienden cuando les hablamos. Pero el «cállate» no surte efecto. 

Si Lily lo entiende, está haciendo oídos sordos. Tengo algunas frases que entiende perfectamente, por ejemplo «Lily. Salmón. Premio»; «Vale, basta»; «Hasta luego»; y, por último, «Hora de dormir».

Vea también: La importancia de prestarle atención a los sonidos de nuestro entorno

Como aún no ha llegado la hora de dormir, Lily da muestras de disconformidad con mi actitud. Yo no tengo intención de ceder. El límite ya está marcado: nada de ladridos. Lily es testaruda, pero yo también. 

Un entrenador de perros me dijo en una ocasión: «Los terriers ladran. Son territoriales». Otro entrenador señaló en tono quejumbroso: «Los entrenadores no podemos hacer gran cosa con los terriers».

Así pues, procuro entender que Lily no está siendo desobediente, sino fiel a su naturaleza de terrier.

Lily se encarama de un salto al sofá de dos puestos. Ahí, plantada en guardia contra el respaldo, continúa aullando su disconformidad. «Lily, cállate», le ordeno de nuevo. 

Cansada del juego, súbitamente suelta un suspiro y se baja del sofá para tumbarse.

Tengo setenta y un años, y controlo mi comportamiento, no vaya a ser que me esté convirtiendo en una vieja chiflada que habla con su mascota más que con la gente. 

Pero Lily se rebela: de repente se incorpora y empieza a ladrar como si estuviera afuera, a pesar de que se encuentra adentro. 

¡Guau, guau, guau! Sus ladridos son fuertes y guturales. Algo la ha desquiciado. Al mirar por la ventana, veo cuál es el problema.

La cerca del jardín mide dos metros de altura, demasiado para que la salte un coyote. También es un eficaz obstáculo para osos y ciervos. Los zorrillos y comadrejas, sin embargo, pueden saltarla, aunque ninguno de estos especímenes es bienvenido.

Al pegar la cara a la ventana, veo no un zorrillo, sino dos encaramados a la cerca del jardín como acróbatas de circo, manteniendo el equilibrio con sus colas de rayas de un blanco níveo. 

Lily está ladrando desesperada: «¡Deja que yo me encargue de ellas!», pero me alegra —y me alivia— que se encuentre a salvo. 

A pesar de su bravuconería, un pequeño terrier no es rival para dos enormes zorrillos. 

Vea también: La imaginación: una herramienta única del ser humano 

«¡Lily! ¡Salmón! ¡Premio!». Me dirijo a la nevera con la esperanza de distraerla y que deje de ladrar. Pero como he dicho, Lily es testaruda, y ahora mismo está obstinadamente pendiente de los zorrillos.

Diez minutos, veinte minutos, media hora… Sus ladridos se están volviendo roncos. Mis nervios están de punta. Me preocupa que, incluso desde el interior de la casa, sus estridentes ladridos lleguen a molestar a mis vecinos. 

Les he prometido que no habrá ladridos a partir de las diez, y son las nueve y cuarto. No hay indicios de que Lily vaya a parar.

Me dirijo de nuevo a la nevera y saco un paquete de salmón marinado, el favorito de Lily. Me acerco a ella y agito la suculenta delicia delante de su nariz. ¡Bingo! Para de ladrar y se come el salmón con voracidad. 

Basta con darle los pedazos de uno en uno. «Muy bien, Lily», le digo, empleando un tono lo más tranquilizador posible con la esperanza de que su vocabulario sea lo bastante amplio como para entender la frase. 

Me acomodo en el sofá y Lily, no contenta con el premio, se acerca a su trampilla, donde empieza a aullar. Hemos vuelto al punto de partida, pero sus aullidos no son tan desagradables como al principio. 

Son las nueve y media; lo hemos conseguido media hora antes de su hora límite. Acerco la nariz al cristal. Por suerte, los zorrillos se han ido.

«Lily, hora de dormir». A regañadientes, abandona su puesto y me sigue hasta el dormitorio.

Prueba esto para identificar los sonidos de tu ambiente

Apunta rápidamente tres sonidos de tu entorno que no puedes controlar. 

Sintoniza con cada uno de ellos. ¿Te generan impotencia, ansiedad o nerviosismo? ¿Hay algo que puedas hacer para intentar cambiar estos sonidos?

Si no es el caso, ¿podrías evitarlos? Considera las posibilidades existentes más allá de desconectar de ellos con el fin de ver si te sientes más empoderado y más libre.

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Agosto
29 / 2022

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