La noche de Silvia Tcherassi

Con una impresionante colección de neopreno, encaje y lentejuelas, la diseñadora barranquillera regresó a Colombiamoda.
 
Foto: Inexmoda
POR: 
Rocío Arias Hofman

Rompió sus propios cánones para arriesgarse en un etapa que dará mucho de qué hablar.

De las “Lavanderas” de Carolina Sepúlveda a la historia sobre las mujeres de Troya creada por Renata Lozano hay un tramo largo para recorrer mentalmente y para ubicarlos en el tiempo. Sin embargo ambas diseñadoras estuvieron presentes en el tercer y último día de pasarelas en Colombiamoda 2013. Y lo hicieron con sorprendente acierto (textiles de primera calidad, siluetas agradecidas de vestir los cuerpos, prendas silenciosas y con personalidad) aunque la exigencia que parecen autoimponerse los creativos de la moda sobre las temáticas resulta muchas veces sino una equivocación, por lo menos un corsé que les impide moverse.

Es frecuente que cada presentación en pasarela vaya acompañada de una frase que titula la colección y una explicación más o menos detallada sobre “los motivos que la inspiraron y la historia que cuentan las prendas”. Todo esto llega a tus manos convertido en cd’s, dvd’s, boletines de prensa, dossiers lujosos, catálogos de fotos o invitaciones a eventos adicionales. Material promocional en torno al tema que busca comunicar el diseñador. Es útil hasta un punto. No deja de revelar una suerte de obsesión la mayor parte de las veces.

Se constata enseguida durante el desfile: los creadores que insisten en nombrar y explicar el tema elegido, pierden la capacidad de comunicar realmente con las prendas. Las saturan de información adicional, distractiva, elementos inclusive que –desde la escenografía- entran a ejercer la función contraria por la que fueron creados: en lugar de albergar a las modelos para servir de sutil plataforma donde destaquen las prendas, se convierte en surtidor de luces y ruido que apartan la vista de aquél pantalón, aquel vestido.

En ese sentido, fue mucho más prudente la pasarela “Colombia diseña por Falabella” donde seis diseñadores nacionales presentaron colecciones de cinco looks diferentes para la cadena multimarca que apoya esta iniciativa. Limpieza visual para mostrar las faldas largas y blusones característicos de María Elena Villamil; las piezas de punto impresas digitalmente con geometrías indígenas de Duplicity o las prendas en lino blanco y negro de la marca A New Cross.

Silvia Tcherassi contó con el singular espacio del Museo de Arte Moderno de Medellín como escenario para mostrar el trabajo que desde febrero de 2013 la ha tenido trabajando entre Barranquilla y Miami. “Es la primera vez que hago una colección desde dos lugares distintos y me ha gustado la experiencia”. Lo dice con una voz llena de armonía, sentada en el breve sofá negro que se acondicionó como saloncito en el backstage de su desfile, junto al espacio donde trabajan febrilmente estilistas y maquilladores–con Franklin Ramos a la cabeza- sobre las modelos. Suena atronadora la planta eléctrica que soporta la estructura de luces y sonido instalados en una de las alas del museo (las mismas que fueron utilizadas el lunes pasado durante el desfile de Haider Ackermann). Silvia luce despejada, fresca, como si fuera a sentarse ya mismo en la primera fila para ver su propio desfile.

“Encontré la idea primera en un libro de arte, imágenes de artistas minimalistas norteamericanos. Ahí surgió todo” dice. Pero esta aventura creativa le ha llevado mucho más lejos de lo que pensó: apareció el neopreno entre sus manos, un material sintético que horma las telas, recrea siluetas muy estructuradas, se ajusta al cuerpo tan cerca como se quiera de la piel. Silvia se abre la blusa y me muestra el pectoral que lleva puesto de lentejuelas negras y forrado en neopreno fucsia.

La sala del Museo está caliente. Más de ochocientas personas llevan desde las nueve de la noche aguardando la sorpresa que promete el desfile. Son gradas dispuestas frente a un muro. Aquí no hay pasarela tradicional sino un camino de espejo negro flanqueado por un lado, contra la pared, por columnas recubiertas de colores mondrianos. Y salen las modelos. Un comienzo de vestidos blanco, marfil y nude bordados con encaje plateado para que la emoción vaya creciendo. Como con la música, en manos del hijo de Silvia, Mauricio. Una potente banda de voces femeninas que tocan los techos de la antigua fábrica de Simesa. “Es que estas mujeres son épicas, las imagino en momentos muy grandiosos, llenos de fuerza y a la vez muy femeninas” había desgranado Silvia en su camerino.

Es el momento de vestidos largos elaborados con flecos tan largos que bien puede ser una reinterpretación libre del famoso “Delphos”. Vestidos como columnas pero sin hieratismo porque se abren al caminar y resultan como movidos por peces provenientes del fondo de un río. La tercera etapa es la eclosión del color (azul rey, naranja, fucsia, rojo, negro, turquesa) sobre vestidos mini y maxi de lentejuelas forrados en neopreno. El público se aguantó las ganas de los primeros aplausos, las respiraciones se notaban agitadas. Cada modelo camina lenta y segura aupadas en las bellísimas sandalias gladiadoras elaboradas en piel por la zapatera Patricia Mejía.

Silvia Tcherassi abrió con esta colección un nuevo espacio en su carrera como creadora y empresaria de moda. No solo abandonó los pantalones (“temporalmente” susurra sonriendo) sino que logró indagar sobre nuevos patrones en su repertorio, reveló su mundo a la luz de nuevos colores, miró hacia los escenarios para que estas piezas de colección ganen con voz propia un espacio único. Las red carpet del circuito de las celebridades serán seguramente el próximo espacio donde veremos la épica lograda esta vez por la diseñadora colombiana. Pues los reflectores ya están sobre ella.

         

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julio
26 / 2013