Miguel Mesa, el antropólogo de la moda

Su carrera apenas comienza, pero este joven diseñador de modas paisa ha llamado la atención de importantes referentes en el medio –como los encargados del vestuario de Lady Gaga y la curadora de moda británica Sofia Hedman-Martynova–.
 
Miguel Mesa, el antropólogo de la moda
Foto: Valeria Duque
POR: 
Julián Posada

Tiene 22 años, su apariencia es la de cualquier estudiante universitario, sus anteojos delatan un lector voraz. Quizás la única prenda que lo diferencia de los de su generación son sus sandalias, que recuerdan las de nuestros hombres del campo. Nos encontramos una tarde soleada en el café de Casa Teatro, en El Poblado. “No lo conocía”, me dice el joven diseñador. Una aromática de frutos rojos y una soda nos permiten hablar durante horas. Nos unen temas comunes, los libros, el arte, el territorio, las artesanías, la moda y sobre todo una cierta mirada a una profesión que algunos maltratan.

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De la colección ‘Altiplano’

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Hace apenas cinco años, Miguel Mesa se graduó con honores del Colegio San Ignacio en Medellín, pero antes de hacerlo ya había sido elegido para un programa de líderes que lo llevó a vivir en Bruselas, Bélgica, durante tres meses. Allí terminó de reafirmar que la moda sería su oficio. La madre de la familia que lo acogió, le enseñó el circuito de la moda y le mostró tesoros como su traje de novia elaborado en los talleres de alta costura del diseñador francés Jean Paul Gaultier. Miguel recuerda especialmente su visita a una clase con los estudiantes de modas en la Real Academia de Amberes y la exposición del sombrerero inglés Stephen Jones en el MoMu (Mode Museum de Amberes). “Quise estudiar en la Academia, pero debía dominar el flamenco y yo ingenuamente había aprendido francés”.

Al volver al país, hizo un par de cursos preuniversitarios. Hoy, cuando mira atrás, asegura que el texto de Cómo ve un arriero a otro arriero, de Jorge Robledo Ortiz y La melancolía de la raza indígena, de Armando Solano, constituyen dos de los muchos referentes que emplea en su trabajo. Son, además, tesoros que va extrayendo uno a uno de su mochila. “Tuve que hacerme socio de la Biblioteca Luis Ángel Arango para poder acceder a libros que aquí no encuentro”.

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De niño, el campo, y más allá, Colombia, fueron solo un referente que como hijo de padres profesionales idealizó a través de las imágenes que veía en los libros que su abuelo, ejecutivo de una gran empresa, recibía como regalo en Navidad. “Las ilustraciones de los viajeros que recorrieron el país en el siglo XIX me marcaron para siempre” y sentaron las bases de un interés y una mirada más cercana a la antropología que la simple contemplación. Hoy, esa mezcla de ciencia, observación, sensibilidad y curiosidad alimenta sus proyectos como diseñador.

La suya es una carrera que aún sin iniciarse de manera profesional, sorprende. Su rigor y profundo interés por la investigación textil ha hecho que se destaque desde 2013, cuando realizó su primera presentación en las pasarelas de Colombiamoda. Siendo un estudiante de la Colegiatura Colombiana, presentó su proyecto Potosí, inspirado en el libro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina; en la exposición Principio Potosí realizada en el Museo Reina Sofía de Madrid, y en fotografías satelitales de minería a cielo abierto y de las imágenes en las que los colores determinan lo que hay en el sustrato.

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En Potosí se evidencian las consecuencias más devastadoras de la riqueza, y para ello, Mesa emplea como metáfora esa ciudad que en el siglo XVII era una de las “más importantes del mundo, un núcleo financiero que sustentaba una producción artística ligada al trabajo en las minas y (evidenciaría) las consecuencias más negativas de la colonización”.
En 2014 concursó y ganó Arts of Fashion en San Francisco y una imagen de su trabajo fue elegida por la investigadora argentina Regina Root para ilustrar la contraportada de Fashion Theory, la más importante publicación sobre teoría de moda. La fotografía aparece en su número dedicado a la moda en América Latina, y a partir de ese momento sus trabajos iniciaron una circulación internacional que a él mismo le ha sorprendido.

En 2015, con su siguiente proyecto denominado Altiplano, el grupo de estilistas de Brandon Maxwell, a cargo del vestuario de Lady Gaga en la serie de televisión American Horror Story, le encargaron una de las prendas de esa colección (que se envió, aunque no se utilizó). Altiplano nace de una visita al Museo Arqueológico de Sogamoso, en Boyacá, donde se interesa por las culturas precolombinas que habitaron la zona. Al impacto que le causa lo que encuentra allí, se suma el libro Arqueología de Colombia, de Gerardo Reichel-Dolmatoff, y los techos de guadua de Simón Vélez.

Mesa logró interesar a Enka de Colombia en su proyecto y la compañía le donó el textil a base de nailon que sirve de estructura a las llantas de los automóviles. Con él y procesándolo a su antojo, realizó unos trajes que, a pesar de su peso, se deslizan por el cuerpo como nubes de tul. Para elaborar el calzado se valió del diseño paramétrico que realizó con la ayuda de Tu Taller Oficina de Diseño. Altiplano ganó además el Lápiz de Acero en categoría Vestuario.

En febrero de ese año viajó a Londres y participó en el International Fashion Showcase, un evento que se desarrolla durante la Semana de la Moda de Londres, donde editores, fotógrafos y publicaciones internacionales registraron a través de Instagram el trabajo de Miguel. “Londres fue una experiencia increíble, Colombia ganó casi todo”. Entre agosto de 2015 y febrero de 2016 uno de los trajes de Altiplano participó, por el origen del material, en la categoría de sostenibilidad, en Liljevalchs, Estocolmo, en la exposición Utopian Bodies: Fashion looks forward, una exhibición curada por Sofia Hedman-Martynova.

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De la colección ‘Horizontes’

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Aún en 2015 y como proyecto final de su carrera realizó Horizontes, basado en la obra plástica del mismo nombre de Francisco Antonio Cano, en textos de Rodrigo Correa Palacio y en La melancolía de la raza indígena. Esta colección se concibe sobre la idea de que los hombres que se visten con ruanas, llevan las montañas en sus hombros; en los arrieros como verdaderos conocedores del paisaje y de la tierra, que conociéndola tanto, saben que hay eventos mágicos y sobrenaturales en cada momento y camino de la recua. Ese año la Alcaldía de Medellín le encargó al diseñador Camilo Álvarez la revisión del vestuario de los silleteros, y él invitó a Mesa a participar en el proyecto.

El desarrollo textil para Horizontes lo llevó a Marulanda, un municipio de Caldas. Allí, de la mano de Jesús Arango hizo la exploración de sus telas, mezclando lana, algodón para aligerar el peso y nailon para obtener el brillo y lustre, construyó tejidos que le permitieron, por primera vez, pensar en productos “portables”. Con esa colección ganó el Premio Cromos a Diseñador Revelación.

De Medellín saltó a México para realizar su práctica antes de graduarse como diseñador, y a París como parte del premio obtenido en Arts of Fashion. Su interés en los tejidos lo condujo al Museo Textil de Oaxaca, la zona con la más rica tradición textil de México. Allí vivió en Pinotepa de Don Luis, con una comunidad mixteca, en la que aprendió a tejer el pozahuanco, también llamado enredo, que es una prenda tradicional femenina elaborada en telar de cintura y teñida con añil, cochinilla y caracol. Con la mirada fija en un punto que podría ser un hilo, me dice: “Volvería una y mil veces ahí, donde conocí lo que creo que es el verdadero lujo, el lujo de lo artesanal, el lujo de los tintes con caracol, procesos que se están perdiendo”.

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En París tuvo la fortuna de estar un par de meses en dos de las casas de las que Chanel es propietaria, la Maison Lesage y la Maison Lemarié, la primera provee los bordados para las casas de alta costura y algunas marcas y la segunda elabora plumas y flores, como la famosa camelia que identifica a Chanel.

Ahora está de regreso en Medellín, donde sin afán construye su próximo proyecto. Viaja por Colombia, tramita una beca que sueña conseguir para formarse aún más en patronaje, porque aunque le insisto en que lo suyo es el textil, me aclara que este “me interesa en la medida en que cubra un cuerpo”. A sus años, ha logrado lo que a muchos les cuesta una vida. Talento, sensibilidad, disciplina y cultura le han permitido convertirse en una voz con lenguaje propio en un medio en el que esas cualidades son escasas.

         

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julio
26 / 2016