La industria de la moda frente a la innovación y al consumidor

¿Hacia dónde deben dirigir sus estrategias y esfuerzos los empresarios de moda en el mundo? Este y otros interrogantes ocupan el debate en la Convención Mundial de la Moda en Medellín.
 
POR: 
Rocío Arias Hofman

“La moda es la imitación de algo ya creado y que logra satisfacer la demanda que busca adaptación social. Cuanto más llama la atención una prenda, más crece la demanda sobre la versión barata de este producto”. Esta frase es del filósofo y sociólogo alemán Georg Simmel y data, asombrosamente, de 1904. No se la inventó Amancio Ortega pero pareciera acuñada por el fundador de Zara con un siglo de diferencia, a juzgar por el imperio mundial en que se ha convertido la marca nacida en Galicia (España) en 1976 haciendo caso a la premisa de Simmel.

Zara cuenta hoy con más de 7.000 tiendas en el mundo y su crecimiento resulta imparable bajo un modelo de negocio que consiste en producir a una velocidad de vértigo millones de prendas que reproducen las tendencias de moda con un precio final asequible para el público. Esa manera de copiar sin compasión las creaciones de los diseñadores para fabricar mucho, barato y disponible enseguida en cualquier punto de venta tiene a la industria de la moda “patas arriba”. El modelo de producción recibe el nombre de “bajo costo” y la estrategia ha sido a su vez replicada por otras marcas en el mundo. Genera empleo constantemente y sus márgenes crecen de manera exponencial sin que estas empresas privadas soliciten subsidios a sus gobiernos.

Emiliano Duch, especialista en práctica global de comercio y competitividad del Banco Mundial, saca a relucir el ejemplo de Zara para explicar, sin temor a abordar asuntos espinosos y controversiales, sus tesis sobre qué tipo de crecimiento requiere la industria de la moda: “Debemos ponernos en el papel de los países en vías de desarrollo que requieren –como históricamente ha sucedido- de la posibilidad de ingresar a la industrialización mediante procesos de manufactura ligados a la moda. España, Inglaterra, Francia e Italia producían la moda y lograron dar el salto para diseñarla y comercializarla. Ahora esa posición de manufactura la ocupan Bangladesh (con el 46% de los telares mundiales), China e Indonesia”. ¿Cómo van a salir de sus estructuras agrarias los países africanos si no se prevee un mercado que haga posible su incorporación industrial mediante la producción de moda, por ejemplo?”

El interrogante prende las alertas frente a un auditorio de más de 200 personas reunido en un hotel de Medellín para abordar los desafíos de la industria de la moda. Duch va más allá: “Las nuevas políticas establecidas por el actual presidente del Banco Mundial contemplan subir la base de la pirámide en un 40% para reducir progresivamente la pobreza en el mundo”. Según el analista en clusters, esta meta se lograría apoyando el surgimiento de nuevos emprendedores. “No hace falta ser la gran marca del mundo. Se pueden replicar modelos de crecimiento exitosos en el mercado local y así prosperar rápido. Es una manera de generar nuevos empresarios” insiste Duch.

Impulsar el emprendimiento va anclado a la definición de modelos que impulsen las grandes producciones para un mercado insaciable donde “el consumidor es el rey”. Esta categoría alcanzada por quienes toman la decisión de compra en el siglo XXI es un punto de acuerdo al que se suman al unísono las voces de los diez conferencistas internacionales participantes en este foro.

“¿Quién es el que rompe paradigmas? Aquel que tiene al consumidor en el centro del negocio” sentencia Claudio Chiaromonte, vice presidente ejecutivo de Disney al explicar la estrategia de la compañía frente a un mercado donde los consumidores “viven constantemente experiencias personales, públicas y físicas en las que toman decisiones inmediatas sobre qué, cómo, cuándo y cuánto desean consumir. Por eso en Disney hemos creado una mezcla de productos capaces de dar respuesta a las necesidades que nos plantean”. Aunque el entretenimiento y la moda son dos industrias diferentes, el modelo que plantea Chiaromonte arroja luces claras sobre cómo afrontar esta exigencia de consumo desde la innovación. “Creatividad es pensar cosas nuevas. Pero para innovar hay que hacer cosas nuevas” enfatiza.

Eduardo Braun, pensador de negocios globales, y experto moderador en la industria de la moda saca a relucir su agudeza cada vez que concluye una presentación para abordar este fenómeno que exige innovación constante a los empresarios.

El presidente de la IAF, el holandés Harry van Dalfsen, precisa además las exigencias que tiene Colombia ante su capacidad industrial textil y de confección. “Es que Colombia ya no es tan local. Tiene que invertir cada vez más en productos de alta calidad”. Adriano Goldschmied, fundador de las marcas Diesel y Replay, insiste en el tema aunque confiesa que Suramérica nunca ha estado entre sus planes de expansión. “Hay muchas cosas buenas aquí y acabo de darme cuenta. Eso quiere decir que algo anda mal en la industria de la moda. ¿Por qué no sabía lo que hay aquí cuando hago negocios internacionales constantemente? Veo que en Medellín han encontrado fórmulas para crecer y resolver problemas complejos. Pero si no salen al mercado global no van a jugar nunca en las grandes ligas. No se trata de permanecer en el mercado local” anota.

Carlos Eduardo Botero, presidente ejecutivo de Inexmoda y aliado de la IAF en esta trigésima edición de la Convención Mundial de la Moda que por vez primera llega al continente, esboza las bases para afrontar los retos que plantean sus colegas y afirma que “una de nuestras fortalezas está en la ropa interior masculina y femenina y en el desarrollo de la categoría de baño. También contamos con una industria del denim que debe incorporar nuevas prácticas empresariales”.

La reunión de la industria cuenta con una segunda jornada, seguramente tan intensa y productiva como la primera, en la que participan Leonardo Furno, director de Estrategia de la cadena de suministro VF Corporation; Tom Julian, director de negocios estratégicos en The Doneger Group y Stefan Siegel, creador de la plataforma digital para diseñadores jóvenes “Not just a label”.

         

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octubre
1 / 2014