Exxus Oyster Bar: el más sofisticado de Suramérica

Este lugar, creado por Jair Melo y su familia hace ya cerca de catorce años, ha sido protagonista de la escena gastronómica bogotana desde su arranque.
 
POR: 
"El Chulo"

Vale la pena destacar este muy buen restaurante, ubicado, por no decir escondido, en una casa de la avenida calle 116, casi llegando a la avenida Boyacá. Este lugar, creado por Jair Melo y su familia hace ya cerca de catorce años, como complemento a su empresa de importación de ostras, almejas y mejillones vivos al igual que pescados y mariscos frescos, ha sido protagonista de la escena gastronómica bogotana desde su arranque. La oferta culinaria es tan interesante que han venido cautivando una clientela diversa; personajes del mundo “gourmand”, político, artístico, etc., son asiduos visitantes del lugar sin que la dificultad para llegar, en medio del catastrófico tráfico bogotano, se convierta en obstáculo.

Solo hay que tener la oportunidad de compartir un rato con Jair para entender su gran conocimiento y pasión por el tema. Hotelero de profesión, lleva años formándose e investigando sobre el arte del manejo de los productos del mar para lograr su mejor expresión en la mesa. Hoy es un reconocido experto en el manejo de mejillones, ostras y almejas vivas, diseñando sistemas de estabilización, adecuación y conservación de las aguas para garantizar la sana supervivencia de los moluscos por fuera de su hábitat natural.

Jair se precia de tener el más sofisticado Oyster bar en Suramérica buscando ofrecer de manera regular en la carta diferentes variedades de moluscos vivos, 14 de ostras, tres de mejillones y tres de almejas provenientes de las costas nororientales de los Estados Unidos y de Chile.

Leandro, su hijo, aficionado a los vinos y licores, se ha vinculado al negocio, enriqueciéndolo con su creciente conocimiento sobre la mejor manera de acompañar, con vinos y espumantes, la ya interesante oferta de comida del lugar buscando el logro de su objetivo principal: “Resolver estados de ánimo”.

El sitio, con capacidad para unas sesenta personas, es bastante discreto, hasta tímido. Su fortaleza no está en el montaje o en la decoración, sencillas y sin ningún tipo de pretensión, sino en la comida, elemento que debería ser siempre el protagonista de facto, pero que en nuestra tierra aún pasa con facilidad a un segundo o tercer plano.

Los tiempos de servicio son lentos, como se destaca en el menú. Cada plato se prepara a la minuta, por lo que no se puede ir con prisas. La carta es amplia, siempre respetando y manejando la materia prima. Los pescados crudos son curados con hielo, en lugar de cítricos, para que el gusto del pescado esté siempre presente y sea el actor principal del plato, lo que convierte sus cebiches, tiraditos y tartares en delicias que siempre se quieren repetir.

Las ostras, hay de tres a cinco tipos, llenas de sabor y frescura, espléndidas al natural o apenas con una pizca de sal y un ligero toque de salsa. Cada tipo es único y tiene su particular textura y expresión que vale la pena descubrir. Los mejillones son magníficos y de buen tamaño, recomiendo especialmente los Provenza en donde el jengibre, la limonaria y el jerez se conjugan de gran forma logrando un estupendo complemento. No olviden los pescados frescos, cada uno con su peculiar estilo y adecuada preparación, siempre jugosos y en su punto. Los postres no he alcanzado a mirarlos.
No duden en hacer el viaje.

LO BUENO Descubrir, en Colombia, personajes como Jair y Leandro Melo.
LO MALO Aunque el viaje vale la pena, una mejor localización facilitaría la experiencia.

*EL CHULO: Viajero que por más de treinta años ha explorado las mesas del mundo./ FOTOS: David Rugeles

         

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julio
26 / 2013