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La historia del colombiano que conquistó Francia con chorizos

Conozca a Juan David Castillo, un abogado que encontró su verdadera pasión en la cocina. Vive en París y vende chorizos artesanales. Así son sus días.

Foto: Camilo Ospina

Conozca a Juan David Castillo, un abogado que encontró su verdadera pasión en la cocina. Vive en París y vende chorizos artesanales. Así son sus días.

Dentro de su morral de estudiante, Juan David Castillo -conocido como el man de los chorizos- adaptó una bolsa isotérmica que conserva refrigerados los paquetes de embutidos que entrega a domicilio cada día.

En un bolsillo adyacente, carga las bolsas de papel en las que los entrega, provistas de una calcomanía con la bandera de Colombia, en la que se lee en francés Fait par un colombien (hecho por un colombiano).

En ese mismo compartimento va una cartuchera, donde carga el plumón de color negro con el que marca el nombre del destinatario y “un mensajito agradable para regalar buena energía y hacer la diferencia”.

Descarga el morral en el asiento de una estación de buses del bulevar Poissonnière, en el distrito dos de París, y escribe en la bolsa: “Para Joan. Choris para mi marido”, pues cuando Joan le hizo el pedido, le contó que quería preparárselos a su esposo. Los empaca y cuando se despliega la bolsa, queda bien visible la inscripción, también a mano, de su marca: El man de los chorizos.

Joan y Juan David se saludan con un abrazo, parecen viejos amigos, aunque lo único que los une son los chorizos. Juan David le entrega la bolsa y Joan, a su vez, le entrega otra.

“¡Me trajo regalos de Bucaramanga! -dice Juan David sorprendido y enumera el contenido-: ¡bocadillo veleño, aromática de panela, cacao de Zapatoca y Cocosette!”.

Caminan juntos un par de cuadras, mientras Joan encuentra un cajero para pagarle en efectivo los diez euros que vale el paquete de cinco chorizos.

Sin embargo, no se despiden cuando termina la transacción, pues Joan, quien trabaja como ingeniero, le cuenta cómo avanzan sus estudios de Historia, porque anhela convertirse en profesor.

“Todos los días conozco más y más gente, me cuentan sus vidas y esa interacción es lo que ha hecho que todo sea tan bacano”, confiesa Juan David.

Los viajes de el man de los chorizos

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Cada día, Juan David recorre las calles de París en su choricleta para entregar los pedidos. Foto: Camilo Ospina.

A diario viaja veinte kilómetros en un tren que lo lleva de su casa, en Vaires-sur-Marne, a la Estación del Este de París.

Va hasta el garaje de bicicletas en el que guarda la «choricleta» y pedalea unos quince minutos para estar a las nueve de la mañana en Au Bon Boeuf, la carnicería en la que produce los chorizos y cuyos propietarios, Alejandro y Diego, también colombianos, le proveen la carne que emplea para hacerlos

“Uso carne de buena calidad y no las sobras, que es con lo que habitualmente se hacen los embutidos”, asegura Juan David.

El man de los chorizos es de Manizales

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Baguette con chorizo y tomates cherry. Foto: Camilo Ospina.

Cuando terminó el colegio en Manizales, no tenía idea de qué quería hacer. Entonces, su madre fue a la Universidad de Caldas y dijo que “tenía un niño vago en la casa”, así que le permitieron entrar como asistente a tres clases de Derecho.

Le gustó y al año siguiente empezó la carrera. Consiguió una novia, se graduó y empezó a trabajar. “Ganaba buena platica y vivía como profesional: con carro, apartamento y especialización en Derecho comercial”.

Sin embargo, esa vida se le vino al piso cuando ella le dijo que o se casaban o terminaban. Él le respondió que lo harían en cuanto él acabara la especialización, pero a los quince días ella le puso fin a la relación.

“No quería aceptar que estaba ‘entusadísimo’ hasta que me enteré de que ella se iba a casar”. Decidió irse a Australia a aprender inglés y a curar heridas.

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Estudiaba de día y trabajaba de noche en limpieza, como ayudante de carpintero y en una cadena de sánduches.

Creó un blog en el que escribía “Los tips del sobreviviente para latinos en Brisbane”, cuyos textos compartía en Facebook. Luego compró un carro para viajar por Australia con una nueva novia, y para pagar el seguro y la gasolina empezó a ofrecerse para llevar y recoger a los viajeros desde y hacia el aeropuerto.

Pero…

“Todo iba bien hasta que ella decidió regresar a Colombia. Nos devolvimos, pero a las dos semanas, terminamos”, recuerda Juan David.

Consiguió un trabajo por prestación de servicios y se inscribió en la Escuela de Gastronomía Mariano Moreno para empezar a estudiar cocina al año siguiente. A los pocos días le informaron que ya no le renovarían el contrato.

Recordó entonces que le habían ofrecido un curso intensivo de cocina en Argentina, y como nada lo ataba a Colombia, una semana después estaba en Buenos Aires. Estudiaba de día, alquiló el sofá de una amiga para dormir en la madrugada y empezó a trabajar como mesero en una empresa de catering y también en la cocina del restaurante de Peugeot, del Hotel Faena y de Le Grill, especializado en parrillas.

Los cocineros son imprescindibles

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ada paquete de cinco chorizos cuesta 10 euros. Foto: Jane Nada.

“En las cocinas tratan a todo el mundo mal, pero ahí es donde uno aprende. Así que pensé devolverme a Australia, pero me quedé hasta obtener el diploma de cocinero y pastelero profesional, porque me di cuenta de que era un inútil. Me lo planteaba así: si el mundo está a punto de acabarse, los líderes nos van a preguntar de uno en uno qué sabemos hacer.

A los abogados, los van a decapitar; en cambio, a los cocineros los van a dejar vivos porque son imprescindibles para la supervivencia. O sea que lo único que me faltaba era una verdadera herramienta para vivir y seguir descubriendo el mundo”.

¿Cómo aprendió el secreto de la cocina el man de los chorizos?

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Juan David escribe en cada paquete de chorizos un mensaje especial para el cliente. Foto: Camilo Ospina.

Su herramienta fueron los chorizos, pues en Le Grill aprendió a prepararlos de la mano del parrillero.

“Me quedaron grabados cada uno de sus movimientos y como quería seguir aprendiendo, mis compañeros me hicieron caer en la cuenta de que en Francia están los mejores cocineros del mundo. Entonces empecé a contemplar la posibilidad de venir a París”.

Llegó en febrero de 2017, se inscribió a un curso básico de francés, que se dictaba a las once de la mañana en la Sorbona y trabajó en el turno nocturno del restaurante Grand Coeur.

El segundo nivel empezaba a las nueve de la mañana y no le daba tiempo suficiente para dormir, pero cuando quiso cambiar de horario, “entró al salón Anne, la profesora, una de esas francesitas perfectas que parecen bailarinas de ballet y me hechizó. Entonces me quedé y hoy ella es mi esposa y la madre de la bebé que estamos esperando”.

Así nació el man de los chorizos

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Los chorizos de Juan funcionan muy bien en cualquier receta. Aquí en una tortilla de patatas. Foto: Camilo Ospina.

Rápidamente cumplió todas las horas de trabajo que le autorizaba su visa de estudiante, así que tuvo que renunciar y empezó a pensar en vender comida.

“Por esos días fui a una fiesta latina y me comí unos chorizos. Estaban buenos, pero me cayeron muy mal. Ahí surgió la idea: voy a hacer chorizos de buena calidad, aplicando todo lo que sé”.

Compró una pequeña moledora y embutidora y empezó a hacer pruebas, hasta que quedaron “en su punto”. Compró una máquina casera de empacado al vacío y los vendió a sus conocidos.

“Solo me faltaba un nombre y me dije: ¿Cómo guardaría en el celular el contacto de alguien que me vende chorizos? ¡Pues El man de los chorizos! Escribí en el grupo de Facebook de Colombianos en París mi historia:

‘Soy Juan David, más conocido como El man de los chorizos. Soy cocinero profesional y tengo aquí tres kilos de chorizos. Si me quieren apoyar, cinco choricitos valen diez euros y se los llevo a la casa’.

La emoción de emprender y triunfar

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El logotipo de su emprendimiento fue idea de un amigo de la infancia. Foto: Jane Nada.

Juan David interrumpe su relato. Se le escurren las lágrimas y aclara:

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“Es que uno cuenta alegremente cómo empezó todo, pero cada prueba fallida significaba plata, tocaba comprar las máquinas, los ingredientes y era muy duro teniendo en cuenta que como no podía trabajar, no tenía ingresos”.

La gente compartió esa publicación y Juan David empezó a recibir pedidos. Solo le faltaba la imagen, pensó en una caricatura suya, pero “yo no soy nadie y la imagen de una persona se usa cuando ya es conocida”.

Finalmente se decantó por el logo que le propuso un amigo de infancia, en el que se ve un chorizo atravesado por un tenedor.

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Lo vital de tener buenos seguidores

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Juan está a cargo de toda la producción de chorizos, que él mismo muele y empaca. Foto: Camilo Ospina.

El resto se ha ido completando con el apoyo de sus seguidores. “Me han regalado una tabla de acero inoxidable, una bicicleta que se convirtió en Choricleta y que me robaron.

Después, con los fondos que recogí en una ChoriFiesta, compré otra y me regalaron la decoración, el acondicionamiento y los seguros para que no se la puedan llevar.

Con ella hago las entregas de esquina a esquina de París y aún así me toca cargar curitas porque de tanto caminar, a veces se me rompen los pies”.

Un futuro prometedor para el man de los chorizos

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Queso fundido con chorizo. Un plato que fascina a los franceses. Foto: Camilo Ospina.

El toque final lo puso una experta en redes digitales que le encargó unos chorizos, pues había visto sus publicaciones y cuando él fue a entregárselos, ella le ayudó a crear una página en Facebook -ahora seguida por doce mil personas-y el perfil de Instagram -con diez mil abonados-.

“Yo era todo brutico en eso, pero ella me explicó que tenía que alimentarlas permanentemente. Entonces empecé a publicar fotos de los clientes, a contar las historias de los que más me impactaban y combiné eso con los anuncios, porque me volví un ChoriInfluencer, pues pongo en contacto y ayudo a la gente que me sigue.

Por ejemplo, si alguien necesita mandar un documento a Colombia, publico el mensaje en las historias del día con su número de teléfono para que alguien que viaje, haga el favor. Gracias a eso, me dicen que cumplo funciones de embajador y de cónsul colombiano en Francia”.

Así fue como nacieron las secciones de su perfil de Instagram, donde informa quiénes venden o compran y quiénes buscan a Cupido, un trabajo, un servicio especializado o un techo.

Un maestro de las comunicaciones

Toda una estrategia de comunicación y publicidad que le asegura a Juan David la venta de unos 500 chorizos por semana, o sea 100 paquetes.

“Ahora, la idea es montar una empresa con más productos”. Pero mientras llega el día de ampliar el negocio, Juan David confiesa que El man de los chorizos se volvió su proyecto de vida, pues deja en cada paquete una parte de sí mismo.

“Ese producto soy yo, ahí se concentran mis decepciones, mis tristezas, mis alegrías, mis seis años de Derecho, mis estudios de cocinero y mi cansancio en los restaurantes. Todo queda en ese producto y creo que por eso la gente se conecta tanto con él y conmigo”.

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Mayo
05 / 2022

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