POR: Giovanny Gómez

Sin cambiar la nota, bastante minimalista, piensan convertir el local en un lugar de expresión creativa generando un espacio informal y libre que permita a artesanos, artistas, escritores, poetas, diseñadores, músicos, bodegas, etc., hacer lanzamientos o exhibiciones descomplicadas y originales de sus productos, complementando así la vivencia gourmet.
El espacio físico ha tenido algunas trasformaciones sencillas. Se amplió la terraza, se está adecuando un pequeño e íntimo bar y se eliminó el comedor privado convirtiéndolo en un agradable salón, integrado a la cocina, que permite vivir la experiencia con Klaas de una manera directa.

El restaurante es pequeño, lo que les permite continuar como los protagonistas casi únicos en el lugar. Están presentes en todos los momentos: muestran la carta, toman los pedidos, sirven, atienden los comentarios y sugerencias de los comensales, y Klaas –con la ayuda de un par de asistentes– hace todas las preparaciones, buscando la máxima satisfacción de los visitantes.

Por fortuna, para quienes vamos a un restaurante a comer, la comida sigue y seguirá siendo el protagonista de fondo, y la razón básica para conocer y visitar frecuentemente el lugar. La carta, que mantiene el concepto de pocos platos –tres o cuatro entradas, cuatro platos fuertes, más un par de postres– cambia no diaria sino semanalmente, con la idea de permitir a los comensales repetir la experiencia y a sus referidos vivirla. Platos sencillos y contundentes, con el claro acento europeo que Klaas les transmite, en los que la materia prima tiene un papel fundamental al igual que la creatividad y la pasión con la que el chef los elabora. Klaas hace y vende los panes, las pastas y demás materias primas que puede desarrollar directamente. Lo que no hacen ellos, se lo compran a proveedores de su máxima confianza.

En mi visita al nuevo concepto, recorrí la corta carta casi que completamente. Comenzamos con la sopa de arvejas con croutons de pan artesanal, tocineta crujiente y hierbabuena, deliciosa, y una entrada que aún me trae recuerdos maravillosos. Continuamos con el pulpo confitado con pimentón y peperoncino, de exquisito sabor, acompañado con un excepcional puré de papa, manzana verde y una pizca de limón. De fuerte probamos la Tagliata de res con una salsita de finas hierbas, aceite de oliva y limón, que sirven con una reducción de balsámico, que pedí me retiraran por un inexplicable rechazo que tengo por los vinagres. La Tagliata, magnífica, venía acompañada de unas papas al horno con grasa de pato, mejores aún. Para finalizar y cayendo casi en la inevitable gula cuando uno se pone en manos de Klaas, pedimos unos capellinis hechos en casa con una salsa de champiñones, queso azul y perejil liso, de sabores y texturas que sorprenden.

Nuestros vecinos de mesa, por fortuna conocidos, nos ayudaron a terminar de recorrer la propuesta, al permitirnos saborear el curry rojo de langostinos, con leche de coco, tomates cherry y un toque de cilantro, acompañados por un inolvidable arroz con piel de naranja confitada y ajonjolí negro.

Como siempre, salimos con ganas de regresar al menos una vez por semana para probar, en cada ocasión, las nuevas propuestas del chef.

LO BUENO La buena noticia es la reapertura de este excepcional y descomplicado restaurante.
LO MALO Las opciones de vino son pocas, lo que para algunos puede dificultar el disfrute pleno de la comida (aseguran estar en proceso de remediarlo).

Dirección: Calle 77A No. 12-26
Teléfono: 346 1404
Rating: 4,3/5

INSCRIBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DIRECTO EN SU EMAIL
noviembre
16 / 2012