Cuatro vinos para disfrutar con música

Nuestro experto en vinos nos recomienda cuatro vinos para probar en momentos especiales.
 
Cuatro vinos para disfrutar con música
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Hugo Sabogal

Bajo el intenso sol de la Ciudad Heroica y divisando desde un piso 32 la zona de Castillogrande, el pianista cubano Mauricio Vallina, uno de los intérpretes más aplaudidos durante el pasado Festival Internacional de Música de Cartagena, me narró una experiencia inolvidable que vivió en Barcelona en compañía de su coterráneo y también pianista, el excepcional Chucho Valdés.

A lo que ambos asistieron fue a un maridaje de sensaciones auditivas y gustativas mediante un perfecto acoplamiento entre piezas musicales y vinos.

Esto de encontrar armonías entre dichas manifestaciones de artes y oficios no es nuevo. Sucede, incluso, cuando tomamos asiento en un sillón para disfrutar de un Chardonnay, con música de fondo. Aunque lo intentemos, no logramos explicarnos con facilidad por qué la música acompañante nos potencia la apreciación del vino. Y es más: a medida que el líquido se desliza por nuestra garganta y entra en nuestro torrente sanguíneo, esa sensibilidad crece y se multiplica.

Pero, claro, esto es muy distinto a escoger deliberadamente algunos cepajes para enlazarlos con piezas musicales específicas. En palabras del agent provocateur cultural estadounidense Clark Smith (científico y enólogo a la vez), la música influye irremediablemente en el sabor del vino. Por eso los degustadores profesionales realizan su trabajo en silencio para evitar cualquier “contaminación” externa. Y van aún más lejos: evitan ingerir comidas, usar copas no certificadas, someterse a cambios de temperatura o untarse lociones y perfumes. Para ellos, todos estos elementos inciden negativamente en su capacidad de evaluación. No obstante, como dice el provocateur Smith, es necesario hacer saber de antemano que no todos los vinos van con todos los géneros musicales.

Para él, después de años de observación, los tintos requieren interpretaciones musicales que jueguen en contra de emociones estridentes expresadas con gritos, por ejemplo. Es decir, los tintos demandan estilos de música más intelectuales y espirituales. Y es verdad: nunca se verá a una persona tomándose un grand cru bordelés y bailando salsa. Tampoco será posible entrar en un estado de circunspección intelectual con una copa de Pinot Noir en la mano. El Pinot Noir es, ante todo, un detonador de nuestra sensualidad y predisposición para el amor. Además, según Smith, toda degustación de vinos exige un proceso de análisis lógico similar al empleado cuando oímos música.

Otro experto como Petr Janata, profesor asistente de psicología del Centro para la Mente y el Cerebro, de la Universidad UC Davis, en California, sostiene que el disfrute integrado de la música y el vino obedece a un fenómeno de superposiciones en la corteza media prefrontal del cerebro, es decir, justo en el punto donde nuestra capacidad de identificar piezas musicales se mezcla con nuestra habilidad para sentir olores.

Con todas estas argumentaciones como telón de fondo, quiero compartir hoy algunas sensaciones emocionales derivadas de beber cuatro vinos de distintos orígenes y variedades al ritmo de cuatro expresiones musicales diferentes. Algunos estarán totalmente de acuerdo conmigo y otros diferirán de mis sensaciones. Pero obtendrán sus propias conclusiones porque será inevitable sacarles el cuerpo a estas vivencias.

En últimas, esta es una invitación para ir un paso más allá en nuestra apreciación del vino y la música, que fue, justamente, lo que hicieron Vallina y Valdés en Barcelona.

Para el amor y romance

LA CREMA

Variedad: Pinot Noir / 2013 / País de origen: Estados Unidos/ Región: California / Tipo: tinto / $107.708 / DLK importaciones

Este vino, vibrante y con sugerencias a cerezas y especias, se torna sedoso y elegante en el paladar, dejando en el retrogusto una sensación danzante y duradera. En él, la variedad Pinot Noir nos invade el cuerpo y la mente con suspiros y no con soplos. Es ideal para oír composiciones románticas, tanto vocales como instrumentales. Sensualidad pura.

Para soñar y volar

CHÂTEAU PENIN GRAND SÉLECTION

Variedad: Merlot / 2012 / País de origen: Francia / Región: Bordeaux Supérieur / Tipo: tinto / $99.400 / DLK Importaciones

Estamos aquí ante un vino complejo, elegante y encantador. Sugiere notas a frutos rojos, con una delicada sensación a vainilla. Sus productores lo describen como un despertador de emociones de gran carácter. Por eso, invita a meterse, sin demasiadas meditaciones, en piezas de música clásica como la Suite #3 en Re (Air), de J. S. Bach, por ejemplo.

Para salir de lo previsible

SEGHESIO ZINFANDEL

Variedad: Zinfandel / 2013 / País de origen: California / Región: Sonoma / Tipo: tinto / $108.976 / DLK Importaciones

Como sucede con el jazz, que se nutre de varias fuentes y tradiciones, este vino utiliza para su elaboración lotes de Zinfandel de distintos viñedos extendidos a lo largo y ancho de Sonoma. Con sensaciones de frutas rojas y negras, y recuerdos de especias dulces, este Zinfandel encanta desde el primer sorbo y es un fiel amigo a la hora de escuchar jazz.

ALLENDE TINTO

Variedad: Tempranillo 100 % / 2008 / País de origen: España / Región: Rioja DOCa / Tipo: tinto / $111.886 / DLK Importaciones

Desde los 80 metros de altura de sus viñedos en La Rioja Alta, se divisa un horizonte pleno de luces, sombras y misterios. Sus colores cereza y púrpura y sus sensaciones a intensos frutos negros, envueltos en aromas a cedro y tabaco, anticipan un fuerte arraigo con sinfonías y óperas. A música de peso, un vino expresivo y profundo.

         

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marzo
3 / 2016