El Picnic Sinfónico de Cali

Los manteles puestos, el menú creado por chefs reconocidos y la Orquesta Sinfónica de Cali de fondo. El escenario: el Parque del Acueducto. Se trata de El Picnic, un evento para pensar la ciudad alrededor de la comida.
 
POR: Giovanny Gómez

Foto de izquierda a derecha: Martha Izquierdo, Salvatore Emanuele, María Claudia Zarama y Catalina Vélez.

Aquí están, juntos, como la otra vez. Hay cosas en común cuando se ven: son cocineros y tienen una sonrisa permanente. Son cuatro: Catalina Vélez, Martha Izquierdo, María Claudia Zarama y Salvatore Emanuele. Un día cualquiera se reúnen, sonríen e imaginan: la vida es sentarse a manteles en un parque y comer bajo los árboles, dirán. Algo así como sacar el vaivén de sus cocinas a la calle.

“Un día sentados, conversando sobre los placeres de la vida, pensábamos en cómo motivar a las personas a volver a la simplicidad que nos da la naturaleza”, recuerda Catalina Vélez (restaurante Kiva). “Entonces, dijimos: inventemos un certamen donde las personas quieran sentarse de nuevo todos juntos, cerca, como viviendo en comunidad, disfrutando de una comida también sencilla, en un espacio lindo”.

Así, sentados, nació El Picnic que consiste en armar un menú que incluya entrada, plato fuerte y postre. Luego escoger un sitio público –un parque, por ejemplo- y sentarse a manteles sobre el césped mientras la brisa pasa. En un picnic tradicional habría sándwiches, frutas, galletas y verduras. En el de aquí hay láminas de cerdo marinado en naranja agría y recaudo colorado, envuelto en hoja de plátano y asado, pollo al limón, montado sobre un timbal de vegetales salteados con ají pasilla y queso semicurado. El postre: helado de chocolate al 70 por ciento con chipotle y frutos rojos. Sin importar la sonoridad del plato, la gente se deleita.

“El Picnic es una prolongación del restaurante de uno”, dice Martha Izquierdo (restaurante Azul). “Y el menú surge como una motivación sencilla desde el corazón y desde la profesión que tenemos. Es saber cuándo la gente se sienta a comer y están en libertad de disfrutar de lo que hacen a través de la comida”. Y en esa conjugación se invita a un pastelero, a un panadero y a una casa de vinos para que todo se ajuste. La música, que es en vivo, de repente aparece y todo es perfecto.

El primer El Picnic se realizó en diciembre pasado en los jardines del museo La Tertulia. Ya van cuatro versiones y el certamen ha pasado por los jardines del Zoológico de Cali; en la zona del Gato de Tejada, a orillas del río Cali, y en el parque de La Babilla o de los Patos, en Ciudad Jardín. “Los que han ido se han sentido felices de comer al aire libre”, dice Salvatore Emanuele Runci (restaurante Maccarroni’s).

Sentarse en este picnic tiene un valor de $190.000 pareja. Esto incluye botella de vino, comida de cuatro restaurantes, cubiertos, mantel de tela, servilletas, velas, fósforos, copas, canasta -infaltable en un picnic- y todo lo que acontece. El resto, digamos, la brisa, la simplicidad, la amistad, los encuentros son gratuitos.

Este año cerraran con un Picnic Sinfónico –será el 4 de diciembre, con la Orquesta Sinfónica de Bellas Artes- en el olvidado Parque del Acueducto, en el Oeste de Cali. El menú está listo: Ceviche de Corvina en leche de coco y chontaduro con bollo limpio parrilado, hecho por Leonor Espinosa (una de las chef invitadas); involtine di melanzane alla caprese, por el chef Emanuelle Runci; lomo de cerdo en su chicharrón crocante con choucrote de repollo morado, por Carlos Yanguas (el otro chef invitado); ensaladilla rusa mediterránea, por Martha Izquierdo; sanduchito de roastbeef al romero con quedo de cabra y alioli de aceitunas negras, por María Claudia Zarama, y cheesecake de cuajada de cabra, confitura de uva isabella, pimienta y crocante de nuez, de la chef Vélez. Y una botella de vino.

“Queremos quitar tanto glamour que se le ha puesto a la comida y de tantos formalismo y manteles. Los colombianos siempre hemos sido súper libres al comer. Ahora buscamos ser cívicos”, dice la chef Vélez, quien tiene siete meses de embarazo. Para el próximo año quieren salir de Cali y armar picnics por todo el país. Hay también ideas de armar varios en zonas vulnerables como en los parques de Siloé o Aguablanca.

Que se les puede ocurrir a cuatro chefs en torno a una mesa y una buena comida, mientras la brisa cae en sus rostros y la noche se asoma. Tal vez mucho. ¿Crear un plato a ocho manos? No. ¿Intercambiar cocinas? Tampoco. ¿Montar un restaurante? Menos. ¿Entonces? Simple: inventarse un picnic y hacer de este un compromiso con la gastronomía, con los parques de Cali y consigo mismo.

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diciembre
3 / 2012