POR: 
Hugo Sabogal

Los monótonos son aquellos que incluyen paradas en distintas bodegas, a lo largo de carreteras solitarias o transitadas, con las ocasionales paradas para alimentarse. Pero fuera de probar vinos en su propio terruño y de recorrer las instalaciones, no hay mucho más para complementar el deleite.

Por eso me ha llamado la atención una fascinante ruta creada en Cataluña y bautizada con el nombre de Carretera del Vi (o Carretera del Vino), que une poblaciones con enorme valor histórico, cultural y ecológico.

Entre un extremo y otro se crearon con el tiempo célebres bodegas, justo por el mismo sendero que utilizaron griegos, fenicios y romanos para transportar el vino producido en el nordeste de la península ibérica para luego enviarlo al exterior. Así, los paseantes pueden gozar de un entretenido programa turístico, con altos valores agregados, en lo arquitectónico y lo gastronómico.

Los aportes para el establecimiento de la ruta fueron hechos por doce bodegas de la región del Penedès, principal zona vitivinícola de Cataluña.

Inaugurado en junio, el recorrido puede realizarse mediante la ayuda de una aplicación para dispositivos móviles y de una detallada señalización a lo largo del camino.

El trayecto está localizado entre San Martí Sarrocca, cerca de Vilafranca del Penedès, y Sitges, en la costa. Dicho recorrido fue el mismo utilizado hace 2.700 años para transportar vino hasta Barcelona y después a otros destinos del mediterráneo.

Para hacer más sencillo el proceso, los turistas descargan la aplicación paga y compran un boleto general que les permite probar vinos de alta gama de las bodegas involucradas y recibir descuentos en sus compras. Entras las casas participantes figuran Torres, Mas Bertran Viticultors, Rovellats, Parés Baltà, Colet, Heretat Mas Tinell, Pinord, Torreblanca, Finca Viladellops, Clos Lentiscus, Torre del Veguer and Puig Batet.

Además de excelentes restaurantes, los turistas también podrán desviarse para visitar sitios de interés arqueológico, histórico y cultural.

Si bien es cierto que fueron los fenicios y los griegos quienes establecieron la ruta, ésta fue controlada después por los romanos para acceder a las zonas de cultivo y producción, y posteriormente enviar los vinos terminados a todos los rincones del imperio.

La vieja ruta operó hasta el siglo XIX, cuando la aparición del tren la reemplazó por un sistema más rápido de transporte. Su rescate actual, unido a un interesante programa turístico, vuelve a darle importancia a una corredor de comercio con pocos paralelos en el Mediterráneo.

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junio
22 / 2015