Maratón de Médoc: travesía de atletas entre viñedos

Cada año se celebra la maratón de Médoc, en esta reconocida zona vitivinícola de Francia. Entre viñedos Grand Cru, los atletas hacen un recorrido que incluye degustación de los famosos vinos.
 
POR: Giovanny Gómez

Se sentía especialmente caluroso cuando llegamos a Burdeos el pasado 5 de septiembre, algo que no dejaba de inquietarnos. Lo que podría ser ideal para unas vacaciones, puede resultar menos atractivo antes de una maratón. Y esa era la razón principal por la que estábamos en esta mítica región del suroeste francés, mejor conocida por sus grandes vinos.

No éramos los únicos preocupados. Los enólogos y demás responsables de la cosecha de los cerca de 8.000 productores de la zona debían enfrentar sus propios miedos frente al clima. El que termina ha sido un año con muchos cambios climáticos en la región, con una primavera fría y lluviosa, seguida de un verano caluroso y con pocas lluvias desde mediados de julio hasta principios de octubre. El estrés se sentía en el aire.

Y allí estábamos nosotros, listos para correr la maratón de Médoc el sábado 8 de septiembre, en una semana que anun¡ciaba máximas de 35 grados centígrados. Así que mientras losvitivinicultores se preocupaban por el momento preciso para vendimiar, nosotros ocupábamos la cabeza en imaginar cómo sería recorrer los 42 kilómetros de la maratón, sin sombras en el camino y con un cielo azul infinito.

La maratón es una fiesta deportiva que se celebra desde hace 28 años en Médoc, famoso distrito de Burdeos, que alberga las reconocidas casas Château Margaux yLafite Rothschild, dos de los cinco denominados Grand Cru, cuyos legendarios vinos están entre los más costosos del mundo. También tienen allí su sede ocho Denominaciones de Origen Controlado –DOC–: MédocHaut MédocListrac,MargauxMoulis -en- MédocPauillac,Saint-Estèphe y Saint Julien.
Aunque la región se denomina Burdeos, en realidad este es el nombre de la ciudad capital de la región de Aquitania y del departamento de Gironda. De hermoso corte medieval y con no más de 250.000 habitantes, Burdeos es algo congestionada. De manera que si la ruta planeada era la de Médoc –ubicada al noroccidente–, en la margen izquierda del río Garona, convendría elegir un hotel en el norte de la ciudad para salir fácilmente. El Médoc comprende unos 80 kilómetros partiendo de Burdeos hacia el norte y es ideal para amantes de los vinos tintos, con predominio del Cabernet Sauvignon.

Burdeos se puede llegar por aire desde Madrid o París, con vuelos diarios, o en trenes que tardan unas once horas desde la primera y cuatro desde la capital francesa. También se puede alquilar un carro, muy útil para el desplazamiento a los châteaux. Al salir de Burdeos, el paisaje cambia, y la carretera parece circular por entre un mar de parras.

Los días previos a la carrera visitamos un par de viñedos. Aparte del placer de hacerlo, también fue una forma de entrar en materia, pues el recorrido de la carrera transcurriría por entre 59 viñedosde la zona. Además, en una veintena de ellos habría degustación. Sí, así como lo lee: miles de atletas se detendrían a disfrutar de una copa de vino tinto y un emparedado, para después continuar su recorrido.

Entre el verde de Listrac apareció ante nuestros ojosChâteau Fourcas Hosten, que, de un tiempo para acá, y tras ser adquirido por los hermanos Renaud Laurent Mommeja, miembros de la familia propietaria del grupo Hermès, entró en un proceso de renovación total. El reloj daba las once del día y la temperatura exterior era de unos 35 grados centígrados. Dentro de la bodega –donde el aroma se movía entre la fruta roja y la madera–, la enóloga Caroline Artaud nos dio a probar un blend2009. Se trata de un ensamblaje de Cabernet Sauvignon (65%) y Merlot (35%). Por fortuna, el líquido estaba a la mitad de la temperatura exterior.

Ese mismo día aprendí que un château no es necesariamente una construcción, sino un concepto de lugar, pues no en todos los châteaux hay castillos, así que la palabra alude al viñedo como tal. Pero el Médoc sí alberga muchas mansiones medievales y por eso la ruta turística ha sido denominada de los châteaux. Muchos datan del siglo XII, como Margaux y Lafi te Rothschild.

El almuerzo aquel día fue en Château Anney, en Cussac-Fort, un poblado de unos 2.000 habitantes. El paso siguiente nos llevó a Léoville Poyferré, un Deuxième Cru, ubicado en Saint Julien. Aquí primaba nuevamente el Cabernet Sauvignon, seguido del Merlot, pero en los ensamblajes que nos sirvieron ese día, un Moulin Riche 2007 y un Léoville Poyferré 2006, había, en ambos, un pequeño porcentaje de Petit Verdot, otra de las variedades insignes de la zona.

Henri Faivre, enólogo asesor del château, habló sobre cuánto costaba figurar entre los mejores en una región tan reconocida. Cuesta dinero, sí, pero es más importante y valioso recoger todavía el cultivo a mano, usar barricas de roble francés nuevas y, antes que nada, tener las mejores tierras, y la lluvia y el sol adecuados.

El día de la carrera estaba contemplado el paso por los Grand Cru. Pero pensar en un vino tinto a las once de la mañana, con 35 grados centígrados y 20 kilómetros más por delante, resultaba una locura. Quizás haya que ser francés para ello. De manera que pasamos de largo en los puestos de degustación, incluido el del Château Lafite Rothschild, en el kilómetro 26. Al mismo tiempo que el sol sofocaba, el esfuerzo se hacía más grande que de costumbre. Por eso nos alegró cruzar la meta, lo mismo que la experiencia de recoger la medalla.

Mientras tanto, los enólogos seguían haciendo cábalas y echando cuentas para encontrar el mejor momento para vendimiar, con la tranquilidad de haber cerrado un caluroso mes de agosto. Como lo dijo en una entrevista reciente Paul Pontallier, director de Château Margaux, “lo más importante es siempre agosto, porque agosto hace el mosto, como se dice desde la Edad Media. Y nunca hay una gran añada sin un mes de agosto como el que tuvimos en 2012”.

La vendimia ya terminó. Ahora vendrán los meses de fermentación, añejamiento en barricas y embotellado. Son días, semanas y meses de espera y toma de decisiones. Serán sus propios 42 kilómetros de esfuerzos. Pasarán meses, quizás años, antes de obtener las primeras medallas para sus vinos. Pero no importa: cuando lleguen, habrá valido la pena. Porque igual que en las maratones, en los vinos cada cual lleva su ritmo.

Notas de interés 

  • En Burdeos hay que darle una oportunidad al casco antiguo, para caminar por sus plazas, conocer su catedral, el monumento a los Girondinos, el espejo del agua, la plaza de la Bolsa y disfrutar de la calle Sainte-Catherine, vía peatonal de 1,2 km de largo y flanqueada por una amplísima oferta comercial. Obligado es también un paseo junto al río Garona.
  • Para ir a las distintas zonas vitivinícolas, todos los días se organizan visitas guiadas que comienzan en la Oficina de Turismo de Burdeos.

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diciembre
7 / 2012