Restaurante recomendado: La Social Inmigrantes

La Social Inmigrantes es una gran casa para los placeres de la vida. La comida, quizá el placer mayor, es preparada en el horno de leña por los chefs argentinos Francisco y Gerónimo del Valle.
 
POR: Revista Diners

LA SOCIAL INMIGRANTES
Carrera 5 # 119B-15, Usaquén
Teléfono: 619 2478

En Usaquén, aquella villa en medio de la gran ciudad, hay un espacio que se transforma, aunque en esencia siempre sea el mismo. Los martes, por ejemplo, además de ser restaurante se convierte en un cineclub para ver películas de directores míticos y ofrece una cata de vinos que propicia la conversación entre cinéfilos. Los miércoles hay jazz en vivo y los almuerzos están dedicados a charlas con mujeres emprendedoras. Los sábados, cada 15 días, hay un chef invitado que ofrece un menú único, efímero. En las paredes cuelgan obras de arte urbano, fresco, que rotan con frecuencia. Es, en últimas, un lugar para socializar, conversar y salir de la rutina.

La Social Inmigrantes es una gran casa para las artes, o los placeres de la vida. La comida, quizá el placer mayor, es fresca y preparada en el horno de leña ante los ojos de todos los comensales por los chefs argentinos Francisco y Gerónimo del Valle. “Una cocina honesta”, como reza su eslogan. Por eso, su dueño, el argentino Pablo Giménez, sabe con certeza de dónde viene cada ingrediente y conoce bien a sus proveedores. Y, cuando es posible, todo se prepara en casa, como el pan, las salsas y la masa para la pizza.

Cada receta cuenta una historia de los inmigrantes en América. Así, se juntan en un solo plato la bondiola de cerdo y el risotto con azafrán. También está el plato que evoca la infancia de muchos argentinos –las albóndigas estofadas en pomodoro y vino tinto sobre polenta cremosa– o el que trae rumores del río Amazonas –el pacú o cachama con limones quemados al horno de leña–.

Entre los postres más recomendados están los duraznos asados con romero, flambeados con pisco peruano. Los fines de semana el menú ofrece, además, piezas enteras –pierna de cordero, pernil de cerdo y cochinillo– preparadas al horno de leña. “Este es un lugar para los que nos gusta comer de verdad”, comenta Giménez.

La carta de vinos también tiene sus relatos. Es corta y selecta. En la lista se encuentra un torrontés de la finca Amalaya, propiedad de un coleccionista de arte; un malbec llamado El Enemigo, propuesto a la bodega por su propio enólogo; y un vino blanco orgánico proveniente de Italia.

El concepto de “Inmigrantes” trasciende el menú y se convierte también en una experiencia. Cada 15 días hay un chef invitado nacional o extranjero que presenta su propuesta gastronómica en una cena irrepetible. En noviembre uno de los invitados es Julián Hoyos Vallejo, un chef colombiano con experiencia en Francia, al que le gusta la cocina moderna con productos colombianos. También estará el menú “raíces de Colombia”, elaborado por tres chefs colombianas. La idea consiste en que cuenten sus historias. Y como no todos tienen un restaurante, este es un lugar para mostrar lo que saben y que, de paso, el paladar disfrute.

 

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diciembre
1 / 2014