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Jairo Velasco, el colombiano (de 71 años) en la élite del tenis

Jairo Velasco es el tenista colombiano mejor clasificado en la actualidad en su categoría: número uno en dobles, cuarto en dobles mixtos y tercero en el escalafón individual. Su meta en 2019 es ser el primero en las tres modalidades. Diners conversó con él.

Foto: Cortesía Federación Colombiana de Tenis

Jairo Velasco es el tenista colombiano mejor clasificado en la actualidad en su categoría: número uno en dobles, cuarto en dobles mixtos y tercero en el escalafón individual. Su meta en 2019 es ser el primero en las tres modalidades. Diners conversó con él.

Se acercaba el día para mudarse de Barcelona a Sant Cugat del Vallés, a cinco kilómetros de la capital catalana, y Jairo Velasco no sabía qué hacer con los cuatrocientos trofeos acumulados durante más de medio siglo como tenista. Este bogotano, protagonista de una de las hazañas deportivas más importantes de Colombia en la historia del tenis (cuando en 1974 derrotó, junto a Iván Molina, al equipo estadounidense de Copa Davis, una de las potencias de la época en ese deporte), no sintió nostalgia ni arrepentimiento por el destino que decidió para los testigos de sus triunfos: “Los regalé”.

Ni siquiera el trofeo más reciente, que ganó en la Parada Mundial Sénior “Copa ciudad de Medellín”, realizado el pasado diciembre, tuvo una suerte distinta. “Los que voy ganando los suelo regalar, y como no están hechos en plata, lo único que dan es trabajo: toca brillarlos y mantenerlos limpios; además, no había dónde ponerlos. De los últimos que he obtenido, como el de Chile, lo regalé a una pareja de amigos que viven allá; el de Buenos Aires se lo di a otro amigo que me recibió en su casa mientras pasaba el torneo, y el de Medellín se lo di a mi hermana”, explica.

Jairo se fue de Colombia a los 19 años y aterrizó en España, donde continuó su entrenamiento, y a los dos años se casó con la catalana Monserrat Andreu, con quien tuvo tres hijos. Se retiró del tenis profesional a los 36 años aunque participó en torneos internacionales hasta los 41. Cinco años después empezó a competir en diferentes categorías con deportistas de su edad y en la actualidad disputa los torneos sénior.

Junto al italiano Roberto Gardetti alcanzó la cuarta posición de la clasificación de dobles en 2018. En dobles mixtos ha tenido diferentes compañeras, como Carmen Perea, de 66 años y la mejor tenista española de la década de 1970, o Petro Kruger, una sudafricana de 74 años que “no tenía mucha fuerza, pero sí inteligencia de juego y con ella ganamos dos torneos”, afirma.

Solo en la última década, algunos tenistas colombianos como Fabiola Zuluaga, Alejandro Falla, Santiago Giraldo, Robert Farah y Juan Sebastián Cabal volvieron a llevar el nombre de Colombia a escenarios protagonistas del tenis. Diners conversó con Velasco acerca del tenis nacional, su historia personal y cómo a los 71 años no se cansa de ganar.

¿Lleva la cuenta de cuántos títulos ha ganado?

No. Entre mundiales, equipos e individuales eran más o menos veinte, pero no lo sé con exactitud.

¿Por qué se fue de Colombia?

Para mejorar mi nivel, porque cuando tenía 18 años ya era el número uno en la categoría de mayores; entonces, un entrenador español en el Country Club me dijo: “Acá en Colombia lo has hecho todo, tienes que migrar a España, así puedes entrenarte y mejorar”. A los dos años de estar acá me casé y ahora tengo tres hijos, cinco nietos y por eso me quedé aquí.

¿Habría alcanzado todo lo que logró si se hubiese quedado en Colombia?

No. En ese entonces no teníamos ninguna ayuda. Jugábamos porque nos gustaba y contábamos con recursos propios, no había patrocinios, nada; por eso, después del éxito con Iván Molina en la Copa Davis de 1974, ningún jugador como nosotros salió en Colombia.

Entre usted y los jugadores recientes, como Alejandro Falla, Santiago Giraldo, Fabiola Zuluaga, Cabal, Farah, hubo un trecho largo…

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Pasaron como 25 años en los que siempre nombraban a Molina y a Velasco porque no salían jugadores, pero el patrocinio actual ha hecho que el tenis evolucione y tenga mejores jugadores.

¿Qué tan importante fue para su carrera Iván Molina?

Iván es un compañero con el que nos hemos llevado muy bien, ha sido un apoyo mutuo, formamos una buena pareja de dobles, nos entendíamos, hemos convivido mucho tiempo juntos, la amistad sigue. Él está en Miami, Estados Unidos, donde hasta hace unos meses trabajaba con la Federación Internacional de Tenis. El último contacto que tuvimos fue en las fiestas de Navidad pasadas.

Muchos lo consideran una leyenda del tenis colombiano. ¿Se siente así?

No, o bueno, siento que he sido uno de los jugadores que al principio, cuando el tenis no era muy conocido en Colombia, logró un triunfo con Iván que hizo que se hablara más del deporte. En esa época vi en la calle a niños que hacían sus propias canchas de tenis con piedras y un lazo que atravesaban en las aceras para jugar. Eso me marcó.

Desde muy joven ha sabido qué es ganar: sus cientos de medallas y trofeos que regaló lo demuestran. ¿Qué significa para usted la palabra “ganar”?

Ahora estoy jugando diferente a lo de antes. Antes significaba más presión, porque si ganabas había premios, dinero; entre más ganabas mejor te iba. Ahora, no acudo a los torneos por plata, lo hago porque el tenis me gusta y me lo ha dado todo, le estoy muy agradecido. Al jugar soy feliz y por eso lo hago, quiero ganar, pero si no lo logro, no pasa nada. Mi motivación para seguir es tratar de ser, nuevamente, el número uno del mundo.

¿Cómo ha sido trabajar por esa meta luego de las dos operaciones de cadera?

Después de seis meses volví a la cancha y entré con mucho cuidado, sin moverme mucho; al año comencé a jugar torneos otra vez, pero temía flexionar porque creía que se me iba a salir el fémur en cualquier momento; sin embargo, lo superé y me encuentro mejor. La primera operación fue hace seis años y la otra hace tres, por el desgaste de tantos años de juego. El médico nunca apoyó mi regreso al tenis, pero quedé muy bien y si me operé fue para jugar. Tal vez me toque volver a pasar por el quirófano, pero si debe suceder de acá a un par de años, por lo menos puedo decir que todos estos los disfruté y ya está, pasaremos de nuevo por ahí.

¿Ya tiene listo su calendario competitivo de 2019?

¡Por supuesto! El primer torneo va a ser en abril, en Turquía; luego iré a otro en Italia y en mayo a Inglaterra. Pero también tengo que ver la fecha del calendario de equipos, porque voy a jugar en Austria y Alemania. Debo evitar que las fechas de mis torneos individuales se crucen con las de los equipos.

Me dijo hace un momento que la sensación de ganar ha cambiado, ¿y la de perder?

Ahí es diferente. Por ejemplo, en el Campeonato Mundial en Croacia (categoría 65-85 años) que jugué el año pasado, enfrenté al jugador que más respetaba porque su tipo de juego no me venía bien; el primer set lo llevaba 6-2 arriba y perdí, solo necesitaba ganar un punto más, pero me ganó seis seguidos. Durante una semana pensé: ¿cómo no fui capaz de ganar un punto, con tantas oportunidades? ¿Habré jugado muy a la defensiva? Era una oportunidad para ganar el mundial, pero ya lo superé, ahora solo pienso en entrenar y lograr la revancha con ese jugador. A veces uno tiene un partido casi ganado y cuando lo pierde, se va a la cama y recuerda todas las oportunidades que ha tenido para ganar, aunque ya no da tanto dolor de cabeza como antes; ahora, con un par de cervezas todo se olvida.

¿Tiene alguna dieta específica para mantenerse en forma?

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Normalmente me cuido, pero no exagero; después del último torneo, en Medellín, estuve con muchos amigos y comí, bebí y ahora tengo tres kilos de más, que espero perder para estar a punto en abril.

¿Desarrolla alguna rutina de entrenamiento?

No la tengo; por efecto de las operaciones no puedo correr, así que camino y a la semana juego tres o cuatro partidos de dobles, y uno o dos de individual; de resto, fortalezco los brazos con pesas, pero livianas, y con una goma elástica; lo clave es controlar la alimentación.

¿Se imaginó que a los 71 años seguiría jugando o en algún momento pensó retirarse del tenis?

Cuando terminé la carrera profesional comencé a trabajar con la Federación Internacional en Barcelona. Después, cuando ya no trabajé más allí, durante tres meses no hice nada. Tenía más o menos 43 años, estaba cansado de todo lo que había hecho, pero mi esposa me animó: “Vas a coger una depresión –me dijo–, estás solo en ese sillón, viendo la televisión sin hacer nada, comienza a ir al gimnasio”. Eso me motivó para volver a jugar, gracias a ella seguí en competencia. Ahora es como una droga, no puedo pasar mi vida sin el tenis, lo necesito, tiene que ser diario.

¿Por qué cree que las figuras del tenis en Colombia son tan pocas en relación con otros deportes, como el ciclismo o el fútbol?

El dinero es un factor clave. Se sigue necesitando más patrocinio, pero no solo a escala personal; el camino es masificarlo, que más clubes tengan más tenistas; entre más gente lo juegue hay mayores probabilidades de que salgan promesas, de que los jugadores puedan practicar el deporte sin estar pensando que si no ganan no pueden pagarse el hotel o la comida.

Ariana, Jairo y Gabriela, sus hijos, también estuvieron muy cercanos al tenis. ¿Quería que ellos fueran tenistas como usted?

Sí, lo intenté (risas). Ariana jugaba muy bien, llegó a estar entre las cuatro mejores de España, incluso jugó con Arantxa Sánchez (ex número uno del mundo), y a los 15 años me dijo que no quería ser profesional, así que lo dejó. Fue un golpe duro porque jugaba muy bien. Luego lo intenté con Jairo; jugó bien en dobles y en individual alcanzó a estar entre los 200 del mundo; medía 1,84 y sacaba fuerte de volea, en dobles estuvo entre los 17 del mundo, pero lo dejó a los 28 años y montó una academia de tenis. Gabriela también ganó torneos de 12, 14 y 16 años, y a los 18 ya estaba en el Top 160; luego conoció al que sería su esposo y tuvo que elegir entre el tenis y el amor, y se casó.

En el tenis los viajes son constantes, a veces se pasan semanas o incluso meses lejos de casa. ¿Cómo manejó eso en su hogar?

Siempre fue duro. Al principio mi esposa me acompañaba a todos los torneos, luego nacieron los hijos y me tenía que ir durante dos meses. Todo depende de las personas, hay que entender que si estamos fuera de casa es por el trabajo, ambos tuvimos que poner de nuestra parte; para mí ella fue como ganarme la lotería, porque me sigue apoyando; cuando me voy a jugar los torneos y ella no puede ir está tranquila, sabe que esto es lo que me mueve, lo que más disfruto.

¿Cuál es su próxima meta como tenista?

Este año terminé en individual como el número tres del mundo, ya había sido el primero antes; en dobles estoy en el cuarto lugar, y en mixtos el número uno. En 2019 voy a prepararme para ser el primero en las tres categorías.

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