¿Qué es eI burnout? Tres consejos para evitarlo

Diners habló con tres expertos sobre cómo detectar y superar la fatiga crónica o el "quemarse" como dicen los estadounidenses.
 
¿Qué es eI burnout? Tres consejos para evitarlo
Foto: Ilustraciones Jorge Ávila Tukan / Ig: @Jorgetukan/ Foto de Nataliya Vaitkevich
POR: 
Andrea Domínguez

No es algo que pueda arreglarse con una escapada de fin de semana, un simple masaje o unas vacaciones. El burnout es mucho más que cansancio físico y mental. Aunque la fatiga crónica no constituye una dolencia nueva, sí es una condición mucho más frecuente ahora que en épocas pasadas y por diferentes motivos. 

El ritmo acelerado de vida, la hiperconectividad, el exceso de tecnología en el día a día, la falta de contacto con la naturaleza, la constante exigencia propia y de otros para “ser el mejor” son aspectos que llevan al agotamiento de todos nuestros recursos físicos, mentales y emocionales.

También contribuyen la toxicidad en la alimentación y en el medioambiente, la presión para crear una autonarrativa de éxito en las redes sociales, la falta de sentido –experimentada por muchos–, la crisis ambiental planetaria y las demandas del sistema económico sobre un individuo que dejó de ser humano para convertirse en un autómata de la productividad.

Burnout, ¿un mal de los millennial?

La periodista estadounidense Anne Helen Petersen ha abordado este tema en profundidad. Autodeclarada como una millennial exhausta, es la autora del libro No puedo más. En esta publicación, Petersen explica en detalle los motivos por los cuales sus contemporáneos –los nacidos entre 1980 y 1995– no solo están exhaustos, sino que vivir con fatiga crónica es una condición inherente a su generación, que no logrará alcanzar la estabilidad económica ni la calidad de vida que consiguieron sus padres, sin importar cuánto tiempo, esfuerzo o dinero inviertan en su “perfeccionamiento personal”.

No puedo más

Ella escribe en el contexto estadounidense en el que las generaciones inmediatamente anteriores vivieron la realización del “sueño americano”, que se sustentaba en la idea de que si una persona trabaja lo suficientemente duro, puede realizar cualquier aspiración. Aunque en América Latina la situación es diferente, la emulación del modelo estadounidense ha importado también su estilo de vida con sus beneficios pero, sobre todo, sus bemoles, y esto no solo afecta a los millennials, sino a todas las generaciones, incluidos los niños.

Preguntas que debe hacerse para identificar el burnout

Como casi nadie se da cuenta ‒o se quiere dar cuenta‒ de que padece burnout, Petersen sugiere hacerse las siguientes preguntas: ¿su vida se ha convertido en una lista interminable de tareas pendientes? ¿Desliza su dedo sobre la pantalla del celular en sus redes sociales porque está demasiado cansado para leer un libro? ¿Está sumido en deudas o siente que trabaja todo el tiempo? ¿Siente la presión de convertir un hobby en algo monetizable? ¿Siente que no importa cuánto trabaje, cuánto estudie, cuánto se cuide, cuánto se entregue a su familia, nunca es suficiente? Estas actitudes denotan que algo no anda bien.

Anna Helen Peterson

La investigadora cita al psicólogo Herbert Freudenberger como el primero en usar el término burnout en 1974 al describir casos de “colapso físico o mental causado por exceso de trabajo o estrés”. El psicólogo Josh Cohen agrega a la definición que cuando alguien tiene burnout “siente que ha agotado todos sus recursos internos y aún así no puede liberarse de la compulsión de seguir adelante”.

Diners conversó con tres expertos para determinar por qué padecemos fatiga crónica hoy, cómo podemos detectarla y qué podemos hacer para evitarla.

1. Mundo interior

La psicóloga y educadora holística Paula Andrea Rueda dice que el no escucharnos a nosotros mismos, el individualismo, la competitividad y las imágenes mediáticas sobre lo que debemos ser causan el agotamiento emocional y físico. Agrega que durante la fase de encierro desencadenada por la pandemia hubo un aumento exponencial del burnout

“No teníamos distanciamiento entre el área laboral, la escolar y la esfera personal. Los espacios se empezaron a fundir y nos quedamos sin ese momento de transición que ofrece el trasladarse de un lugar a otro para desconectarnos de nuestro trabajo y conectarnos con nuestro espacio familiar o personal. Inclusive atendí varios casos de niños en estado de agotamiento extremo porque estaban constantemente en el colegio o conectados y no sabían cómo regular el tiempo. Además, les hace mucha falta la relajación que proporciona el encuentro social.”

Rueda explica que el burnout nos muestra que hay una desconexión con nosotros mismos. “El bienestar propio tiene que ser la prioridad número uno. Cuando llegamos a este estado es porque no nos cuidamos, no escuchamos los mensajes de nuestro cuerpo o de nuestras emociones”, afirma.

Ojo a las señales

Es tan serio este mal que puede llevar, incluso, al suicidio, pues es un malestar silencioso pero constante que aceptamos como si fuera normal hasta que un día la cuerda finalmente se rompe. ¿Cómo detectarlo a tiempo? La doctora Rueda sugiere estar atento a algunas de esas señales: apatía, distanciamiento frente a algo que antiguamente nos motivaba, falta de interés por aprender o conocer cosas nuevas. 

“La persona siente una desconexión emocional y mental con lo que hace, con lo que la rodea y esto ocurre porque abandona un estado de presencia para pasar a uno de supervivencia; las cosas que nos gustaban dejan de interesarnos porque queremos sobrevivir a esa sensación de estar absolutamente agotados”.

Normalizar estas sensaciones es nuestro peor enemigo. “Estamos acostumbrados a no darle valor suficiente a nuestro mundo interior. Ese es el primer paso: aprender a escucharnos, parar, sentir qué necesitamos en este momento, tal vez sea tomar agua, salir a caminar, hablar con alguien, estirarnos. Y en una escala mayor, y a más largo plazo, tenemos que escucharnos, saber quiénes realmente somos y serlo sin compararnos ni medirnos con nadie”, expresa.

Procure contar con una red de apoyo

Además de la inmediatez y la competitividad, la soledad en que vivimos nuestros procesos personales también puede contribuir a este agotamiento extremo. “Un ejemplo es un duelo, que puede terminar en burnout cuando no lo vivimos en comunidad, cuando sentimos que tenemos que vivir todo solos, resolver nuestros problemas solos. Esto no es así, somos seres sociales y el individualismo nos ha hecho olvidar eso”, agrega.

La vida espiritual también es un factor protector. “No importa si eres ateo o religioso. Todos tenemos una vida espiritual, una vivencia con lo que trasciende y debemos darle la importancia que tiene”.

La doctora Rueda dice que lo bueno del mindfulness o prácticas que implican la conciencia en el momento presente, es que esta habilidad humana se ha utilizado por milenios. “Es algo a lo que todos tenemos acceso y que básicamente consiste en observar conscientemente mi realidad interna, sin juzgarme. Pero me doy cuenta, si estoy estresado, lo acepto y busco qué necesito en este momento para sentirme mejor”. Respirar, hacer pausas, poner la conciencia en lo que se hace en el presente son todas prácticas de mindfulness.

2. La gran central energética

Desde un punto de vista físico, el médico funcional Hugo Zapata explica que “todos los seres vivos necesitamos energía para funcionar y tenemos un sistema de producción de energía. El día que se acaba, morimos. La fatiga crónica es señal de que la producción de energía está alterada. Si no la tengo, me siento fatigado física y mentalmente, no me puedo concentrar. Pierdo memoria, converso con una persona y se me olvida lo que estaba diciendo; en fin, hay muchas señales”.

Zapata dice que la “fábrica de energía” del cuerpo es la mitocondria, una estructura que tiene cada célula y equivale a las hidroeléctricas o a cualquier otro sistema de generación de energía de un país. Cuando paran, el país se detiene.

El motivo fisiológico por el cual se puede ver afectado el funcionamiento de las mitocondrias es, principalmente, el estrés oxidativo. “Los procesos del cuerpo generan radicales libres, que son una especie de desecho que procesamos en el hígado, los riñones y los pulmones. Y que eliminamos a través de la orina, el sudor, la respiración, la piel. Pero si no los eliminamos adecuadamente, sino que los acumulamos en el cuerpo, esto genera estrés oxidativo y este afecta la producción de energía”, explica el especialista.

Burnout fatiga crónica

Multicausal

Las causas de este tipo de acumulación de desechos son la inflamación crónica, las alteraciones del tracto digestivo (desequilibrio en la flora intestinal, alergias, intolerancias). Además de la presencia de tóxicos derivados de medicamentos o alimentos contaminados, la mala nutrición, la contaminación electromagnética. Y las infecciones virales, como el coronavirus, que en algunos casos ha causado fatiga crónica.

El doctor Zapata explica que este tipo de dolencias son multicausales y tienen que ver con el estilo de vida de la persona: “A veces hace demasiado ejercicio. A veces es demasiado sedentaria, tiene muchas insatisfacciones, padece una alergia fuerte, vive en un entorno tóxico demasiado cargado de electromagnetismo, duerme mal, no está en contacto con la naturaleza, o su situación económica constituye una fuente de estrés, es decir, hay muchos motivos posibles. Entonces, hay que tener en cuenta la diversidad de estos factores y tratar cada uno de ellos”, puntualiza.

3. El poder personal

Muchas veces el burnout se debe a haber hecho durante demasiado tiempo algo que no queremos hacer, es decir, desoyendo nuestra voz interior. Pilar Ortiz, coach personal, se dedica a ayudar a muchas personas a concretar sueños olvidados o aplazados.

“Algunas personas llegan al proceso de coaching exhaustas. No saben por dónde comenzar. No saben cómo decir no ni cómo manejar su tiempo o cómo poner límites”, y ahí empieza el trabajo: aprender a decir sí cuando queremos decir sí y no cuando queremos decir no.

Por ejemplo, explica Ortiz, si trabajamos con clientes y estamos acostumbrados a atenderlos 24/7, podemos empezar por ‘educarlos’ para interactuar en horarios de trabajo normales sin que por ello se sientan descuidados. O si nos proponen un determinado trabajo que no queremos hacer. Pero nos sentimos obligados por miedo a perder otras oportunidades. Podemos trabajar la forma adecuada de decir no sin comprometernos con algo que no nos genera beneficios.

Salga de su zona de confort

Algo que también causa burnout, sobre todo laboral, es permanecer por mucho tiempo en una zona de confort sin atreverse a salir de ella por miedo al riesgo. “Miedo a dejar un puesto, a empezar un negocio o a realizar un sueño que se ha tenido toda la vida… Obviamente, yo nunca le voy a decir a nadie que deje la seguridad que tiene ya, pero hay que hacer un proceso para alinear esa necesidad interior. Esa búsqueda personal de cada uno por lo que realmente quiere hacer”, agrega.

Como explica Ortiz, “es lo que los japoneses llaman ikigai. Es decir el punto de encuentro entre aquello para lo que eres bueno. Lo que amas hacer, lo que el mundo necesita y por lo que te van a pagar. Cuando estos cuatro elementos se juntan hay magia”.

Ortiz coincide con los doctores Zapata y Rueda en que hay que mirar hacia el interior. “No nos han enseñado a escucharnos. Estamos pendientes del exterior, de un mundo que nos muestra que solo somos felices cuando acumulamos cosas, posiciones, títulos, y esa no es la felicidad. Debemos emprender el proceso de búsqueda interior e implementar lo que yo llamo AMA: activar el pensamiento, eso que quieres; manifestar lo que sueñas, es decir, hacerlo realidad y, por último, amplificar lo que haces para que la gente lo reciba, lo recuerde”, puntualiza.  

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diciembre
13 / 2023