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El milagro metabólico: "Hay que tener una relación sana con el azúcar"

El médico funcional, Carlos Jaramillo, habló con Diners de cómo recuperar la salud y desmiente creencias como la de que el desayuno es la comida más importante del día.

Foto: Foto Rawpixel.com / Shutterstock

El médico funcional, Carlos Jaramillo, habló con Diners de cómo recuperar la salud y desmiente creencias como la de que el desayuno es la comida más importante del día.

La publicidad nos tiene convencidos de que es absolutamente normal darle a un niño de dos años el subproducto de un lácteo vacuno, aromatizado, endulzado y decorado con bolitas de colores. La industria nos mete el azúcar hasta en la comida de sal. El sistema nos impulsa a comer sin parar.

¿Pero no será que si el 30 % de la humanidad está obesa, que si las tasas de diabetes se han triplicado en las últimas décadas y que si estamos ante una generación de niños que, como dice el investigador Chris Kresser, tal vez vivan menos que sus padres debido al impacto de las enfermedades metabólicas, sea hora de sacarnos el pitillo de la boca y dejar de beber sin digerir esa forma de vida que nos está enfermando?

azúcar

Esta es la verdad incómoda con la que nos confronta el médico funcional Carlos Jaramillo, autor de El milagro metabólico, uno de los libros más vendidos en Colombia durante 2019 y que explica cómo funciona el metabolismo humano, por qué lo destruimos con nuestros vicios alimentarios y de qué manera podemos hacer que vuelva a funcionar como el complejo mecanismo de precisión que es.

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Cuando Jaramillo empezó su carrera de Medicina soñaba con ser cirujano. Pero al terminar su residencia, se dio cuenta de que no quería pasar la vida apagando incendios sino ayudando a la gente a prevenirlos. Desde entonces se ha dedicado a la medicina funcional, que se enfoca en descubrir las raíces de un problema de salud y no simplemente en acallar los síntomas.

Carlos Jaramillo, médico funcional, es el autor de El milagro metabólico.


 

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Hasta el momento ha atendido a 7.000 pacientes y ha apoyado a un sinnúmero de personas en su búsqueda de salud a través de sus activas redes sociales, donde comparte de manera permanente su conocimiento. Sin embargo, en este best seller el experto condensó gran parte de lo que día tras día intenta transmitir en su consulta y sus publicaciones.

Los azúcares –y no las grasas– son los verdaderos responsables del exceso de grasa en el cuerpo; los jugos de fruta, incluidos los smoothies y extractos, son un dulce “veneno”; las granolas y cereales de caja son pequeñas bombas inflamatorias; no es cierto que haya que comer cada tres horas para mantener el metabolismo activo; el desayuno no es la comida más importante del día y los productos sin lactosa, sin crema, sin grasa, sin azúcar o sin gluten no son más saludables que las versiones “normales” de los mismos. Estos son solo algunos de los muchos mitos que derrumba el doctor Jaramillo en su texto.

¿Usted cree que la acogida obtenida por su publicación tiene que ver con un cambio de mentalidad en la gente?

Ojalá sea un síntoma de que algo cambia. Yo escribí el libro por amor a lo que hago, sin saber si se iban a vender dos copias: la de mi mamá y la de mi papá. Pero me trae muchísima alegría que la gente lo esté leyendo. Yo no soy Dan Brown, no me dedico a escribir libros, pero sí tengo un compromiso con la salud del planeta porque pienso que la mala alimentación está afectando al mundo entero. En Estados Unidos la obesidad llega al 72 %, en Chile está por encima del 74 %, en Colombia el sobrepeso alcanza el 66 %. Y no se trata de un tema estético. Es cierto que debemos querernos y aceptarnos como somos, pero eso no significa que digamos con mediocridad: “Pues yo soy así, como mal, tengo sobrepeso, me enfermo y punto”. No fuimos hechos para eso.

Pasteles, tortas, gaseosas, alcohol, lácteos, embutidos, pastas… En su libro usted explica por qué cada uno de estos productos que seducen el paladar moderno deben ser dejados de lado. ¡Esto no implica un cambio de alimentación sino de vida! Según su experiencia clínica ¿es eso realmente posible?

Cuando nos enfrentamos a algo desconocido, hay incertidumbre y miedo. Si yo no entiendo cuál es la importancia de unos hábitos que nunca he practicado, me va a parecer imposible implementarlos, pero si la alimentación actual estuviera funcionando no tendríamos los problemas que tenemos. Lo único que les digo a los pacientes es: dense la oportunidad de intentarlo, pero a conciencia y con disciplina, y estoy seguro de que no se van a arrepentir porque no puede existir mayor bienestar y riqueza que sentirse bien en su propio cuerpo.

La gente de su entorno más cercano ¿se ha inspirado a hacer estos grandes cambios?

Muchas de las personas que trabajan con nosotros han adoptado por su cuenta estos cambios, no porque yo se los sugiriera. No ocurre de la noche a la mañana, pero hay personas que han perdido 25 kilos o han mejorado su presión arterial, han sanado un hígado graso y se sienten con energía gracias a que han cambiado sus hábitos. De la misma manera, no tengo problema en contar que mis padres son obesos, y lo son porque quieren. Es su decisión. Yo soy su hijo y no estoy dedicado a convencerlos. Solo intento inspirar, pero es una decisión personal.

Casi sesenta años después de que hubiera sido publicado El estudio de los siete países, que dictó que el esquema alimentario se debía basar principalmente en el consumo de carbohidratos como el azúcar, la pasta, el pan, las frutas, seguimos padeciendo las consecuencias de ese enfoque. ¿Cómo es posible que los gobiernos, con lo caro que les pueden salir la diabetes y la obesidad, no se hayan dedicado a promover un cambio en la industria alimentaria?

Hay básicamente siete compañías que producen el 90 % de los alimentos del mundo: Coca-Cola, Unilever, PepsiCo, Nestlé… Ninguna tiene un solo departamento dedicado al bienestar y entre ellas se apalancan con la industria farmacéutica. Monsanto hace semillas transgénicas que alteran procesos en el cuerpo, y luego Bayer, del mismo grupo empresarial, tiene los medicamentos para tratarte esa alteración. Es decir, toda tu vida te doy algo para que te enfermes y el otro resto de tu vida te doy el medicamento. Somos 7 billones de personas pasivas frente a eso, tenemos que apersonarnos de esa lucha.

Uno de los grandes villanos de su libro es el azúcar, ¿por qué?

El problema, como todo, está en la dosis. No es que sea mala. El problema aparece cuando ponemos azúcar en 80 % de lo que comemos y lo hacemos cada tres horas. Si fuera un postre el domingo, y no más, no habría problema. Antes era así. De pronto la gente tenía un panal, sacaba miel de vez en cuando y era un verdadero gusto ponérsela a algo. Pero la caña de azúcar, que viene de México y fue llevada por los españoles a Europa, llegó a todos lados con la revolución industrial. Hoy el azúcar está en todo, con el agravante de que es ocho veces más adictivo que la cocaína y genera todos los problemas metabólicos: colesterol, infartos, diabetes, trastornos depresivos, infertilidad, hipertensión, ovario poliquístico. No quiere decir que uno nunca se pueda comer un postre, pero sí hay que tener una relación sana con el azúcar: máximo, una vez en la semana o cada diez días.

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¿Cuáles son los signos de que el metabolismo no está funcionando bien?

Por un lado, los exámenes de laboratorio nos dan pistas para averiguar qué puede estar fallando: triglicéridos altos, insulina elevada, cortisol elevado, proteína C reactiva, etcétera. Y están también los síntomas: cansancio o mareo después de comer, falta de energía, sobrepeso, acné en la adultez, sentir la “pálida” al pasar unas horas sin comer, ponerse de mal genio cuando no se come a la hora acostumbrada, ganas de comer a toda hora, antojos de azúcar y productos de pastelería, hinchazón en las articulaciones, ciclos menstruales irregulares, insomnio, etcétera.

Su libro hace mucho énfasis en que las grasas no son las malas del paseo y en que el azúcar, en la mayoría de los casos, es el causante de los males que se les achacan a las grasas, ¿por qué?

Las grasas buenas (aguacate, aceite de oliva, aceite de coco, nueces, semillas de chía o linaza) aportan mucho para un buen funcionamiento del metabolismo. Las grasas malas (margarinas hidrogenadas y aceites vegetales como canola, girasol, soya) contribuyen a la inflamación. En cuanto al azúcar, el cuerpo solo puede guardar una cantidad limitada de glucosa, todo el exceso que consumimos, el cuerpo lo convierte en grasa que se evidencia en “llantas” y triglicéridos altos. Entonces, si ya estoy gordito y sigo comiendo azúcar sin parar, estoy generando una bomba de tiempo. Esa glucosa proveniente de carbohidratos y también del consumo exagerado de proteínas va a ser guardada en forma de grasa que no se gasta y empieza a causar problemas.

Usted es vegetariano, pero atiende un sinnúmero de pacientes omnívoros o que siguen diversos regímenes alimentarios. ¿Qué es lo esencial en una dieta saludable?

El alimento principal de cualquier persona, siga la dieta que siga, deben ser las plantas. ¿Qué cambia entre un omnívoro y un vegetariano? La fuente de la que voy a consumir mi proteína. Los omnívoros deben derivar la proteína que consumen en un 50 % de fuentes animales y el otro 50 % debe provenir de fuentes vegetales porque ambas son muy importantes. Si el omnívoro solo come músculo animal –lo que actualmente comen las personas, ya que muy pocas consumen vísceras o cerebro, como se hacía antiguamente– no suplen toda su necesidad de diferentes aminoácidos, que sí les proporcionan las fuentes vegetales de proteína. Y los vegetarianos deben ser cuidadosos a la hora de elegir su fuente de proteína para que esta contenga los distintos aminoácidos; entonces, en un mismo plato puede haber fríjol, aguacate y marañones o tofu, lentejas y almendras. De resto, para todos por igual, debe haber consumo de buenas grasas, de carbohidratos saludables, cero consumo de productos industrializados, no lácteos, no jugos de frutas, y alcohol muy excepcionalmente, entre otras cosas.

Un consejo fundamental para quien quiera mejorar su salud.

La regla universal es que los seres humanos debemos alimentarnos principalmente de todas aquellas maravillas que nacen de una planta que crece en la naturaleza. Jamás de los productos que nos brinda una planta industrial.

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Julio
27 / 2020


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