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Guía para comenzar una década de buena nutrición

Vuelva a los alimentos naturales, olvídese de regímenes mágicos, recupere el sentido de nutrición emocional y escuche su cuerpo.

Foto: Teri Virbickis / Shutterstock

Vuelva a los alimentos naturales, olvídese de regímenes mágicos, recupere el sentido de nutrición emocional y escuche su cuerpo.

Si usted tuviera que elegir uno solo, entre muchos cambios de hábitos, para lograr una alimentación más saludable en 2020, probablemente debería hacer algo muy sencillo: volver a “comer comida”. Parece una frase redundante de Cantinflas, pero en esa enunciación simple hay una enorme complejidad. En un mundo de mentes y mercados dominados por la industria de los comestibles procesados, volver a optar por alimentos reales puede resultar toda una gesta.

Ese esfuerzo es necesario si queremos recuperar la salud, el peso apropiado, la vitalidad y la energía que nuestros cuerpos físicos y emocionales reclaman. En esta guía, tres expertas nos lanzan cuerdas para ayudarnos a salir del laberinto de la comida ultraprocesada, escapar de la alimentación autómata que ignora la relación entre comida y emociones y superar la intoxicación del cuerpo en la que nos hemos metido por llevarle el ritmo a la acelerada vida moderna.

Es importante conocer de qué están hechos los alimentos que consumimos para tener una vida saludable. Foto Mariana Medvedeva / Unsplash.


Alimentos de verdad

Los alimentos ultraprocesados, instalados en el estilo de vida moderno, nos han convencido de la imperiosa necesidad de consumirlos porque “ahorran tiempo”. Sin embargo, también instalaron hábitos poco saludables, aumentaron nuestro consumo de azúcar y nos alejaron de la comida real.

En palabras de la investigadora argentina Soledad Barruti, autora del libro Mala leche –que desenmascara a la industria alimentaria–, para llevar una vida saludable debemos volver a esos alimentos que son la fuente original de cualquier preparación, es decir, que no son ingredientes de otros productos. Porque una sopa comprada en el supermercado es de todo, menos una sopa. Principalmente es harina, azúcar, sal, grasa, perfume, saborizante, colorante y conservante.

Para lograrlo, Barruti sugiere que nos reconectemos con la comida real y que aprendamos a diferenciar entre comestibles y alimentos. “Los ultraprocesados se parecen a un alimento que nuestro cuerpo identifica como tal, por ejemplo, un jugo, una sopa, un yogur, unas galletas. La industria tomó esto y lo convirtió en productos comestibles muy buenos para vender y muy malos para comer”, expresa la experta.

Según la medicina tradicional china, los alimentos amarillos benefician al estómago y al bazo-páncreas. Foto Yulia Furman / Shutterstock


Según Barruti, tres pasos pueden ayudar a restablecer esa conexión perdida con la comida real:

1. Lea las etiquetas con ojo crítico

Si detectamos que lo que consumimos está hecho de un montón de componentes que ni siquiera sabemos cómo pronunciar, estaremos más inclinados a no comprarlos.

2. Salga del supermercado como espacio de consumo

Para esta investigadora, que ha dedicado su carrera a denunciar qué hay realmente en la comida procesada que consumimos todos los días, el supermercado es la peor opción, puesto que no ofrece la variedad de comida natural que sí está disponible en otros lugares, entre otras razones porque el supermercado gana tres veces más vendiendo ultraprocesados.

“Colombia, por ejemplo, tiene una cantidad de mercados de pequeños productores que ofrecen una alternativa muy buena a las de las góndolas del supermercado. Comprando directamente de los productores se puede acceder a mayor variedad, a muchos más productos cultivados sin venenos y no necesariamente más caros”, explica la autora.

3. Coma cosas hechas por humanos, no por la industria

Convencidos de que no hay tiempo para nada, nos hemos acostumbrado a comprarlo todo listo. Para Barruti, hay que sacar tiempo para lo esencial, “tenemos que reconectarnos con recetas básicas, que se pueden hacer entre 10 y 20 minutos. Un omelette y una ensalada son una comida sana que se hace en muy poco tiempo”, concluye.

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Desintoxicar la producción

Aparte de convencernos de que no necesitamos los comestibles ultraprocesados en nuestra vida diaria, todos debemos convertirnos en activistas para exigirles a los legisladores y a los gobiernos que la producción de los alimentos que sí necesitamos, como frutas, verduras o granos, sea cada vez más limpia. Mientras eso ocurre, hay que tomar medidas paliativas al consumir estos productos: sumergirlos un buen tiempo en agua –en lugar de solo lavarlos bajo el chorro– y pelar los alimentos para eliminar la cáscara donde se acumulan los tóxicos.

Comida y emociones: como me siento me alimento

La forma como nos alimentamos se liga estrechamente con nuestras emociones: ya sea porque nuestras emociones influyen en las elecciones nutricionales que hacemos o porque el consumo de determinados alimentos y productos influencia nuestro estado de ánimo.

Los pimentones y otros alimentos de color rojo ayudan cuando hay un desequilibrio en el corazón. Foto ell-oXoByiBymX20 / Unsplash


La doctora Lina Rubiano ( @linamrubiano  en Instagram), médica especializada en medicina china y acupuntura, trabaja desde hace años un abordaje holístico con sus pacientes, tanto en consulta como a través de Instagram, en el que constantemente comparte pautas para una vida saludable.

Según explica Rubiano, la relación entre emociones y comida siempre ha sido tenida en cuenta por las disciplinas médicas orientales, como la medicina tradicional china, el ayurveda o la medicina tailandesa.

Para sentirse sano, cuidado, limpio, equilibrado, hay que elegir alimentos sanos, limpios, balanceados y cuidadosamente preparados. “Si he tenido una temporada de alimentación muy cargada, pesada, con muchos carbohidratos, azúcares, alcohol, pues me siento pesada, congestionada, densa”, expresa.

Para comenzar un círculo virtuoso, Rubiano aconseja empezar el día con un escaneo mental del cuerpo para lograr un contacto con el clima interior y determinar exactamente qué está pidiendo el cuerpo.

“A muchos pacientes les pregunto: ¿qué desayunaste hoy? Y me responden, café con pan. Y resulta que es lo que comen todos a diario. Yo les pregunto ¿y siempre tu cuerpo te pide café con pan? Muchos ni siquiera se hacen la pregunta. Comemos por la fuerza del hábito o por la imposición cultural y no guiados por lo que nos dicta nuestro organismo”, explica.

Entonces, para escuchar lo que dicta, se puede hacer una pequeña sesión matinal. Si las personas están familiarizadas con cualquier técnica de meditación, esto puede ayudarles a determinar qué deberían comer. Si no es el caso, pueden simplemente realizar respiraciones abdominales lentas y profundas, centrando la atención en la respiración y en las sensaciones corporales.

Colores y sabores al servicio del cuerpo

Según la medicina tradicional china, cada órgano está relacionado con una emoción, un sabor, un color y ciertos alimentos. En tal sentido, se puede aprovechar esta tradición para responder a las solicitudes del cuerpo.

Hígado. Maneja la capacidad de tomar decisiones y desarrollar estrategias para alcanzar objetivos. El enojo y la frustración lo afectan y los alimentos para equilibrarlo son los de color verde y de sabor ácido, como los cítricos.

Corazón. Regula el gozo de la vida, la alegría, la vitalidad. Cuando hay un desequilibrio, se beneficia del consumo de alimentos amargos y de colores oscuros: café, chocolate, té (pero sin azúcares) y de alimentos rojos como los frutos rojos, los pimentones y las manzanas.

Pulmón. Cuando hay tristeza y melancolía, el pulmón es el órgano por balancear. Se beneficia de alimentos picantes.

Estómago y bazo-páncreas. Órganos encargados de la digestión, de limpiar la sangre de los glóbulos rojos que han muerto y de regular el metabolismo. La emoción que los puede dominar es la preocupación. Se benefician de los alimentos amarillos como el maíz, el trigo, la cúrcuma, y de sabor dulce como el mango, la ahuyama.

Maneja el miedo y se puede beneficiar de alimentos que transmiten energía vital, como todos los alimentos marinos o la sal que proviene de lagos, montañas y del mar.

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Aliados de la salud

Aparte de seguir una dieta colorida, que represente los diferentes grupos de alimentos, según la doctora Rubiano, estos son algunos de los alimentos aliados de la salud:

Sales de buena calidad: la sal que viene de mares o lagos antiguos contiene minerales de la tierra que son excelentes para la salud. La sal común, a la que le agregan flúor, no es benéfica porque compite por el yodo en la tiroides y este es necesario para producir hormona tiroidea.

Agua de buena calidad: aunque sea potable, se debe filtrar para quitarle el cloro y los desechos de las tuberías. El cloro daña la flora intestinal, fundamental para una buena salud.

Grasas buenas: aceite de oliva, aguacate, cremas de nueces, excepto de maní.

Frutos rojos: son los antioxidantes por excelencia y nutren el corazón.

Té verde: poderoso contra los radicales libres, tiene antioxidantes y es diurético. Mantiene el sistema linfático activo.

Verduras de hojas verdes: como kale, espinaca, acelga, rúgula, que deben ser la base de la alimentación sin importar si es una dieta omnívora, vegetariana, vegana, paleo o la que sea.

La sal marina transmite energía vital. Foto Catarina Belova / Shutterstock


 

Los alimentos amargos y oscuros, como el café y el chocolate, contribuyen a regular la alegría y la vitalidad. Foto Monika Grabkowska / Unsplash


 

 

 

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Enero
22 / 2020

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