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Estos son los efectos del sedentarismo al límite

El sedentarismo al límite se ha convertido en una pandemia que ocasiona aún más muertes prematuras que el tabaco y con efectos devastadores sobre el cuerpo.

Foto: Unslash/ C.C. BY 0.0

El sedentarismo al límite se ha convertido en una pandemia que ocasiona aún más muertes prematuras que el tabaco y con efectos devastadores sobre el cuerpo.

En una vida con sedentarismo al límite suena el despertador. El hombre se levanta, saca de la nevera un jugo envasado y leche, enciende la cafetera, toma de la despensa cereal y unas tostadas y, en cuestión de minutos, tiene sobre su mesa el desayuno. Para ir a la oficina camina unos cuantos pasos y toma un vehículo que lo transporta.

Al llegar, un ascensor lo lleva 20 o 30 pisos arriba con tan solo oprimir un botón. Ya en su escritorio, se sienta entre ocho y diez horas. Su cerebro continúa en actividad, pero su cuerpo permanece prácticamente inmóvil, dejándole a los dedos que teclean sobre el computador la mayor parte del esfuerzo físico del día.

Al regresar a casa, para “descansar”, se sienta en un sofá, prende la televisión, y pide comida a domicilio. Esta escena –que podría tener lugar en Bogotá, New York, Paris o Beijing– es la del típico hombre urbano de hoy, para quien alimentarse, trabajar y vivir exigen cada vez menos actividad física y, como consecuencia de ello, menor consumo de energía.

El resultado: cuerpos en los que la energía sobrante se ha ido acumulando en forma de grasa corporal, y cuyo exceso de carga ha incrementado preocupantemente su propensión a enfermarse y ocasiona hoy en día más muertes prematuras que el tabaco.

Como en los viejos tiempos

Pero no siempre ha sido así. En tiempos en que la fuerza física era indispensable para sobrevivir y conseguir alimento, la constitución del cuerpo humano era altamente eficiente.

El cuerpo es producto de un proceso evolutivo en el cual el hombre fue desarrollando características biológicas –como la fuerza muscular y la capacidad de almacenar energía para tiempos de frío y escasez– que le permitieran prevalecer como especie y garantizar su supervivencia.

La capacidad del sistema digestivo, por ejemplo, fue evolucionando para manejar un volumen de comida que proporcionara entre 2,000 y 4,000 calorías, que es lo que gasta un ser humano que se mantiene activo todo el día.

Contamos con un programa genético para comer y buscar con apetito esa cantidad de calorías y para que, cuando nos sobren, no las desperdiciemos y las almacenemos en nuestro cuerpo en forma de grasa, la cual –en relación con el peso, el espacio que ocupa y la energía que libera– es extremadamente eficiente.

En un kilo de grasa humana se puede almacenar más energía que en la misma cantidad de petróleo y es capaz de generar 7,000 calorías, suficientes para suplir las necesidades nutricionales de un ser humano en reposo hasta por una semana.

Con la industrialización se modificó drásticamente el estilo de vida del hombre. El esfuerzo físico dejó de ser necesario para la supervivencia y la productividad y el progreso dejaron de depender de él. Al remplazar la fuerza humana por la tecnología, la energía requerida disminuyó sustancialmente y el cuerpo, diseñado para tener un nivel de actividad más intenso, empezó a acumular energía en forma de grasa.

Sedentarismo al límite

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Hoy hay evidencia clínica suficiente para demostrar que, a nivel mundial, la inactividad física es el factor que más incide en la incapacidad y muerte producidas por enfermedades no contagiosas.

Un estudio realizado por el Dra. I-Min Lee y sus colegas en varios países del mundo, publicado en 2012 por la revista médica The Lancet, estima que la inactividad física causa entre el 6 y el 10% de las muertes relacionadas con enfermedades coronarias, diabetes mellitus tipo 2II, así como cáncer de seno y colon.

Además muestra que el sedentarismo causa el 9% de las muertes prematuras, lo que en 2008 representó 5.3 millones de las 57 millones ocurridas en el mundo, una cifra aún mayor que las 5.1 millones de muertes atribuibles a fumar.

La Organización Mundial de la Salud ha declarado que no realizar actividad física intensa por lo menos 30 minutos al día incrementa la probabilidad de estas enfermedades en un 20 a 30% y disminuye la expectativa de vida entre 3 y 5 años.

¿Para dónde vamos?

Un período de 50 o 100 años es muy corto para que se vean cambios genéticos en la raza humana. Sin embargo, mi predicción es que las generaciones que hoy padecen de sobrepeso, obesidad y enfermedades crónicas van a morir a una temprana edad, por las enfermedades derivadas de ello.

Al mismo tiempo, y probablemente motivados por esto, los seres humanos se van a empezar a dar cuenta, como lo han hecho a través de su proceso evolutivo, que el sedentarismo es un estilo de vida que amenaza la supervivencia de la raza humana.

Visto desde otra perspectiva, los ciudadanos van a ser conscientes de que seguir prevaleciendo como especie y hacerlo con calidad de vida exige no fumar, bajarle al alcohol, hacer ejercicio y comer alimentos con una menor cantidad de calorías.

La gente empezará a hacer más ejercicio al darse cuenta de que incluir actividad física en su vida diaria le restablece su equilibrio mental y físico.

Más nutrientes, menos calorías

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Los estudios disponibles hoy muestran que el 31 % de la población mundial no cumple las recomendaciones mínimas de actividad física. Dada la alta incidencia de este factor en la ocurrencia de enfermedades, no hay duda de que en las próximas décadas éste tendrá que ser uno de los objetivos prioritarios en las políticas de salud pública, como lo ha sido la reducción del consumo de cigarrillo.

La ciencia y la tecnología también trabajarán arduamente para contribuir con estos propósitos, por ejemplo, creando remedios que quiten el apetito y reduzcan la ingesta de calorías pero no de nutrientes; y los colegios y universidades le dedicarán más atención al tema otorgando créditos por la actividad física como ya lo están haciendo internacionalmente muchas instituciones educativas de alto nivel académico.

La tecnología que nos robó nuestro papel de creadores de fuerza y movimiento puede ser paradójicamente la que nos ayude a retomar el camino. Más allá de los avances médicos, es evidente que por estar inmersa en la vida diaria tiene un poder enorme y puede, por segunda vez en la historia, marcar un cambio decisivo.

Ejemplo de ello es el uso que se le ha dado en algunos países a los mensajes de texto para promover y guiar la actividad física; las aplicaciones para smartphones que ayudan a comer mejor, hacer más ejercicio y monitorear la actividad física; y las redes sociales que se han convertido en un efectivo medio para promocionar maratones y carreras callejeras.

Las calorías que una ama de casa gastaba antes de la revolución industrial han bajado en aproximadamente el 70%. Esto podría explicar el sobrepeso en muchas mujeres. Pero la forma de solucionar este problema no es rechazar la tecnología y lavar la ropa a mano.

La propuesta para las próximas décadas es aprovechar que tenemos la ayuda de la tecnología para que haga el trabajo menos agradable, mientras que la energía y el tiempo se lo dedicamos a poner nuestros cuerpos en movimiento. Y el hecho de que la respuesta al ejercicio esté asociada tanto a hormonas, como a cambios mentales y físicos ligados al placer nos dice que hay esperanza.

Cifras:

Inactividad física causa en el mundo entre el 6 y el 10% de las muertes por enfermedades no contagiosas
El sedentarismo causa el 9% de las muertes prematuras: 5.3 millones de personas en 2008.
La inactividad física incrementa la probabilidad de enfermedades no contagiosas en un 20 a 30% y disminuye la expectativa de vida entre 3 y 5 años.

*Dr. John Duperly: es médico especialista en Medicina Interna y PhD en Ciencias del Deporte. Actualmente Profesor Asociado de la Universidad de los Andes, miembro del Consejo Directivo de Coldeportes y Director para Latinoamérica del Programa “Exercise is Medicine”.

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Marzo
23 / 2020


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