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¿Por qué algunas marcas de moda queman los productos que no venden?

La industria de la moda es la segunda que más contamina. Recientemente se han logrado acuerdos para reducir el impacto ambiental. ¿Es suficiente?

Foto: instagram.com/irinashayk/

La industria de la moda es la segunda que más contamina. Recientemente se han logrado acuerdos para reducir el impacto ambiental. ¿Es suficiente?

Hace unas semanas todos los medios tenían puestos los ojos en el incendio del Amazonas, sin embargo, hay otra quema que casi pasa desapercibida, a pesar de sus dimensiones: la de los productos nuevos que no fueron vendidos. Todo un ejemplo de desperdicio y contaminación. El cuidado ambiental ha sido un tema recurrente en los últimos tiempos y ya llegamos tarde a la discusión preventiva. Ahora es el momento de actuar desde la visión paliativa o correctiva de la problemática.

La industria de la moda es responsable del 20 % de las aguas residuales y del 10 % de las emisiones de dióxido de carbono. Es la segunda más contaminante en el mundo después del petróleo.

Sin embargo, la responsabilidad no es solo de productores, pues sin consumidores, esta industria no existiría, o al menos no tendría el poder económico que en la actualidad tiene. Entonces aparecen incoherencias de ambas partes, hay quienes se cobijan en la bandera ambientalista y condenan prácticas extractivistas y contaminantes como el fracking, pero esperan con ansias los periodos de rebajas o el black friday para actualizar y llenar su guardarropas.

Problema de consumo

El prêt-à-porter (listo para ser portado) es, en palabras sencillas, esa parte de la industria de la vestimenta que se puede distinguir de la alta costura por producir prendas o accesorios bajo un patrón de medidas generales (tallas). No son piezas únicas y se pueden adquirir en una tienda física o en línea. Existen varias gamas: el lujo, la gama alta, media, baja y el fast-fashion, o moda rápida.

Nos encontramos en un escenario en el cual por más de 20 años se ha consumido más de lo que se necesita. Dicha demanda de productos llevó consigo y contribuyó directamente al aumento de la cantidad de desechos producidos, y pese a que según el último reporte de Business of Fashion, la tendencia de consumo ha disminuido, según otros estudios, en los últimos 15 años se produjo a nivel mundial el doble de mercancía que en los años anteriores.

¿Por qué terminan quemando la ropa que no venden?

Luego del proceso de producción y de distribución, la mercancía se expone en una boutique para la venta. Óscar Leal, antiguo visual merchandising de la marca de fast-fashion Mango, afirmó que dependiendo del formato de la tienda, semana a semana van llegando prendas de la última colección y es en temporada de rebajas que se expone nuevamente toda la mercancía no vendida para darle una nueva oportunidad de ser comprada, si aún así no se vende, se devuelve, en ese caso, a España.

A su vez, Francisco Camargo, colombiano estudiante de gerencia de la moda y del lujo en el Instituto Francés de la Moda en París, afirma que idealmente en las tiendas de lujo se expone solo la última colección de la marca; sin embargo, hay piezas que se vuelven clásicos (llamadas carry over), las cuales pueden quedarse por más de una temporada. Al preguntarle qué se hace con las mercancía nueva no vendida, Camargo responde que depende de cada marca, “se pueden hacer ventas privadas, guardarlas en inventario o destruirlas”

 

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Pareciera que vender a precio de remate no es una opción, pues tratándose de marcas de lujo, pueden poner en riesgo su clientela, que en ciertos casos busca exclusividad, por eso reducir el precio implicaría que más personas podrán acceder a comprar dichos artículos, y el prestigio y la exclusividad de la marca podrían ponerse en tela de juicio por sus compradores habituales.

Los escándalos: Celine, Burberry, Louis Vuitton y muchos más

Los últimos 10 años han servido para llevar a la luz pública lo que algunas marcas hacen con sus mercancías nuevas no vendidas. Actualmente se sabe que muchas prefieren quemarlas y que algunos gobiernos, incluso, promueven esta práctica, pero muy pocos lo aceptan públicamente.

Una de las primeras muestras públicas de esta problemática se dio en 2008, cuando la diseñadora Phoebe Philo recién llegaba a la marca Céline, (ahora Celine, y donde estuvo hasta el año pasado), y afirmó luego de posesionarse que la marca había destruido todo el inventario antiguo, y que debido a esto, ella no había encontrado ningún recordatorio físico de lo que había sucedido antes.

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Luego se conoció el caso de Burberry, que en 2018, según el reporte anual de la marca, habría decidido voluntariamente quemar al rededor de 30 millones de dólares de mercancía no vendida. En redes sociales se habló del escándalo con el numeral #burnberry. En su momento, Burberry informó a la plataforma Business of Fashion que buscaba optimizar los recursos, y que para esto “se trabajaba con incineradores especializados que eran capaces de aprovechar la energía del proceso”. Después, la marca británica informó que abandonaría el proceso de quema de dichos stocks y que se enfocaría en un proceso de reciclaje de las prendas o de donación de la mismas.

Por otro lado, la marca Louis Vuitton reconoció haber quemado bolsos para mantener su exclusividad, asumiendo el costo de la pérdida de la mercancía; y empresas como H&M enviaban prendas contaminadas con moho a una planta eléctrica en Suecia para crear energía con la incineración de las mismas, afirmando que esta alternativa reemplazaría la quema de carbón.

Sin embargo, el problema no se limita a la industria textil, también toca mercados como la cosmética y los accesorios de moda. Richemont, grupo de moda que reúne marcas como Cartier, Piaget o Vacheron Constantin, decidió entre 2017 y 2018 quemar 421 millones de dólares de mercancía no vendida. La marca le compró de vuelta a sus distribuidores los relojes que no habían sido vendidos para evitar que fueran revendidos a menor precio bajo el pretexto de “brand protection”, o protección de marca.

Por otro lado, otros afirman que se busca evitar que los productos sean vendidos a bajo precio en el mercado de las falsificaciones o que acaben en el mercado gris en manos de minoristas no oficiales pero legales, que no forman parte de los canales de distribución aprobados por las marcas.

Las soluciones

Productores, consumidores e incluso los gobiernos hacen parte de la solución. Actualmente se han generado varias propuestas que ya están en marcha. Una de ellas es el upcycling, la técnica de deconstrucción para posterior construcción de nuevas prendas, una lección que ya había sido aprendida durante la recesión económica en el periodo de guerras mundiales o con diseñadores como Martin Margiela.

Tener colecciones más pequeñas con un periodo de duración mas largo, reducir la obsolescencia planificada, optimizar las proyecciones de consumo, unificar el saber técnico entre marcas, vender los remanentes en outlets o ventas privadas, hacer uso de las nuevas tecnologías para una producción más responsable y para investigación científica, son otras de las soluciones que están al alcance de una industria que mueve un billón quinientos mil millones de euros al año.

 

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Por otra parte, los consumidores debemos continuar con el hábito del consumo responsable para reducir la demanda y así evitar que crezca la oferta.

Ahora bien, otra solución podría ser aprovechar la tendencia “old is new” (lo viejo es nuevo). Las líneas estéticas de los años 70, 80 y 90’s vuelven a estar de moda. Así las cosas, las marcas podrían vender las prendas que se encuentran en buen estado y en stock. Los consumidores podríamos reutilizar las pendas olvidadas en los guardarropas de nuestros familiares, promoviendo así una verdadera economía circular.

Los gobiernos deben impulsar desde el legislativo y desde el ejecutivo medidas para alentar a las empresas a hacer parte de este cambio. Al respecto, el gobierno francés, empieza a dar luces con nuevos proyectos de ley.

Francia quiere prohibir la quema de ropa para el 2023

En este país, el poder ejecutivo pretende prohibir la destrucción de productos no vendidos desde el 2023. El proyecto de ley es titulado “proyecto de ley relativo a la lucha contra el despilfarro y a la economía circular” y según el comunicado de prensa del Consejo de ministros, tiene cuatro orientaciones principales: poner fin al despilfarro para preservar los recursos naturales, movilizar las industrias para transformar los modos de producción, reforzar la información del consumidor, mejorar la recolección de los desechos y luchar contra los vertederos no controlados.

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Además, busca reforzar el principio de derecho ambiental francés, según el cual “el que contamina paga”, principio con el cual el fabricante o distribuidor de un producto es responsable del mismo y de su financiación desde su creación hasta su destrucción.

Sin embargo, se encuentra contemplada una excepción de aplicabilidad para los artículos cuya reutilización o reciclaje sean imposibles, de esta manera existe un vacío reglamentario respecto al sector cosmético.

 

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¡Ya era hora! La Industria textil es la segunda más contaminante del planeta Vía @lavanguardia #fashionpact #fashionpactg7 #sustainablefashion #planet

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El G7 y el Fashion Pact

Durante el pasado mes de mayo el gobierno Francés encargó a François-Henri Pinault, presidente del grupo Kering, movilizar la industria de la moda para hacer un acuerdo en pro del medio ambiente. El 15 de mayo, durante el Fashion Summit en Copenhague, Pinault reafirmó delante de 1700 representantes de la industria de la moda su intención de unirlos para adoptar una plataforma de objetivos de desarrollo sostenible.

Además, a finales de agosto y en el marco del G7, el evento realizado en Biarritz, Francia, fue presentado el Fashion Pact o pacto de la moda, el cual se centra en tres pilares: el clima, la biodiversidad y los océanos. El documento fue firmado por 147 marcas, entre las cuales se encuentran marcas de lujo como Chanel y Hermès, marcas deportivas como Nike, Puma y Adidas, marcas de fast-fashion como H&M, el grupo Inditex e incluso Carrefour.

Algunos de los objetivos del pacto son alcanzar la emisión cero de CO2 en 2050, construir un sistema de certificación de materias primas, educar a las futuras generaciones de diseñadores, sensibilizar a los clientes o consumidores e invertir en nuevas tecnologías.

Las dudas

Sin embargo, cada empresa miembro del pacto podrá elegir las medidas que considere más relevantes y en el documento se aclara que su firma no representa para los signatarios una obligación legal sino un conjunto de directrices.

Al respecto, organizaciones como GreenPeace o WWF denunciaron que este pacto puede ser solo “una cortina de humo”, temen que solo sea un acuerdo diplomático para mejorar la imagen pública de la industria y piden a los gobiernos legislar al respecto.

 

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Hola a todos, les comparto mi último artículo publicado en mi columna del blog de la revista jurídica Parthenon.pe de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en donde explico la evolución del movimiento Moda Sostenible así como la importancia de la celebración del Fashion Pact que recientemente han firmado 32 marcas líderes en la industria de la moda, textil y fashion retail del mundo!!! Sin duda la manera de fabricar y consumir los productos cambiará en los próximos años!! Exitos a todos!!! El link de mi artículo está en mi biografía @Munizlaw; #estudiomuñiz #fashionlaw #derechodelamoda #ambiental #derecholaboral #retail #centroscomerciales #shoppingcenter #FashionPact #derechoambiental #modasostenible #slowfashion #upcycling #economíacircular #marcasgreen #greenwashing #derechoderetail #moda #fashionretail #derecho #innovación #ONU

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Independientemente de la postura que se asuma al respecto, este pacto y proyectos de ley como el francés citado anteriormente, son una primicia y un gran avance que demuestra la urgencia de tratar y actuar frente a la crisis ambiental.

No obstante, aún existen vacíos que no fueron tocados, tales como la sobreproducción, el proceso de eliminación de los stocks no vendidos, las condiciones de trabajo en la industria y las políticas de consumo responsable. Estaremos a la espera de las medidas que se discutirán en la Cumbre del Clima del Secretario General de la ONU, programada para el próximo 23 de septiembre.

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Septiembre
17 / 2019


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