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Los celos, ¿fórmula para la pasión?

Aunque encienden la furia, la vergüenza y hasta la violencia, los celos son tan necesarios como el amor. ¿Estrategia de parejas anticuadas o receta para combatir la infidelidad?

Foto: Lovesick, Netflix, 2017

Aunque encienden la furia, la vergüenza y hasta la violencia, los celos son tan necesarios como el amor. ¿Estrategia de parejas anticuadas o receta para combatir la infidelidad?

Cada ser humano es una historia de evolución exitosa. Cada uno de nosotros debe su existencia a miles de generaciones de antecesores victoriosos. Nosotros, sus descendientes, heredamos las pasiones que los llevaron al éxito, pasiones que nos conducen, a veces ciegamente, hacia una eterna lucha por sobrevivir, hacia la persecución de una posición o hacia la búsqueda de relaciones.

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Estas pasiones nos inducen a lograr metas, nos impulsan a satisfacer nuestros deseos sexuales, nuestro anhelo de prestigio y nuestra búsqueda de amor. Pero las pasiones que inspiran amor también nos pueden llevar a escoger la pareja equivocada, a la desesperación por una obsesión no correspondida o a la acción de espiar a la pareja. Los celos son un arma de doble filo: pueden mantener a una pareja unida o pueden llevar a un hombre a golpear salvajemente a su esposa.

Las dos caras de los celos

Los celos plantean una paradoja. Pueden causar la pérdida de la autoestima o llevar al abuso verbal. Pero hay algo irónico en los celos, pues aunque pueden hacer pedazos la más armoniosa relación, son la consecuencia inevitable de un amor profundo y tolerante. San Agustín señala este vínculo al afirmar: «El que no siente celos no está enamorado”. El atormentado Otelo de Shakespeare «está confundido, duda, sospecha, aun así, ama intensamente». La mayoría de los hombres y mujeres interpretan los celos de su pareja como una señal de la profundidad de su amor y la ausencia de ellos como falta de amor.

La evolución de una alarma

Los celos son una emoción que se adapta, que ha sido forjada con el paso de los años y que, a largo plazo, se funde con el amor. Se desarrollaron como una defensa primaria ante la amenaza de infidelidad y de abandono.

La coevolución advierte que en especies interactuantes, o entre los sexos de la misma especie, pueden ocurrir cambios recíprocos sucesivamente. Así, las mujeres se han convertido en excelentes detectoras del engaño, debido a su superioridad para descifrar señales no verbales, mientras que los hombres han llegado a ser notablemente hábiles en engañar a las mujeres.

Los celos se activan cuando una persona percibe señales de engaño como un aroma inusual, un cambio repentino en el comportamiento sexual o una ausencia sospechosa. Se disparan cuando uno de los dos tiene un prolongado contacto visual con alguien del sexo opuesto, o cuando un rival se coloca demasiado cerca de la persona amada o se fascina con los detalles mínimos de la vida de él o de ella.

Los episodios de celos extremos, irracionales y patológicos pueden destruir un matrimonio aparentemente sólido. En la mayoría de los casos el problema no es sentir celos, sino la amenaza de abandono por parte de una pareja interesada en un rival real.

Claro que utilizados en forma apropiada, los celos pueden enriquecer una relación, encender la pasión y llevar el compromiso a niveles insospechados. De hecho, la ausencia total de celos es un presagio de bancarrota emocional para las parejas románticas.

Evocando los celos

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Desde el comienzo de los tiempos cada pareja los ha utilizado para sus propios propósitos. Los dos sexos lo hacen pero las mujeres provocan los celos de su pareja con mayor frecuencia que los hombres. También emplean multiplicidad de tácticas: coquetean con otro hombre y demuestran interés en alguien del sexo opuesto. Algunas se visten de forma llamativa para atraer miradas, método seguro de encender los celos de su pareja. En las reuniones sociales le dedican tiempo a otro hombre y pasan por alto a su compañero. Todo esto, con el firme propósito de ponerlo celoso y bravo.

Para la mujer una táctica sutil para despertar celos es sonreírles a otros hombres cuando está con su pareja. Hay una gran diferencia entre la forma como los hombres y las mujeres interpretan la sonrisa de una mujer. Cuando una mujer sonríe, los hombres lo interpretan como una señal de interés sexual, confundiendo el deseo de amistad con un acercamiento romántico.

Al sonreírle a otro en presencia de su pareja, ella explota con habilidad la psicología de dos hombres distintos. Uno piensa que ella está interesada sexualmente en él y hace un avance. El otro, su pareja, se enfurece con el rival y con la idea de que ella lo está entusiasmado. Ningún otro método podría ser tan efectivo: ¿Quién puede culpar a una mujer por sonreír?

¿Quién necesita los celos?

¿Por qué utilizan las mujeres un mecanismo que lleva a los hombres a ser violentos y que puede hacer añicos una relación aparentemente armoniosa? Algunas lo hacen para castigar a su pareja o para vengarse por una falla anterior, otras lo hacen para reforzar su autoestima. Al provocar celos, una mujer lleva a su pareja a pensar que ella tiene a su disposición otras alternativas, le hace saber que si no demuestra un mayor grado de compromiso ella puede dejarlo por otro.

Las mujeres obtienen mayor beneficio cuando la necesidad de medir el vínculo resulta más fuerte. Es lo que pasa, por ejemplo, cuando la pareja ha estado lejos por un tiempo o ha experimentado un ascenso repentino de status. También sucede con las mujeres que se sienten menos deseables que sus parejas.

Estratégicamente, inducir los celos le sirve a la mujer para alcanzar varios objetivos clave. Por medio de ellos refuerza su autoestima gracias a la atención que atrae de otros hombres; aumenta el compromiso de su pareja, que se da cuenta de que ella es deseable, y mide la fortaleza del vínculo. Si el reacciona a su coqueteo con indiferencia emocional, ella sabrá que él no se siente lo suficientemente comprometido. Si se pone celoso, sabrá que está enamorado.

Aunque producir celos puede ser una estrategia útil para conseguir información valiosa, es importante evaluar el costo que tiene para la pareja y hacerlo con habilidad e inteligencia, para evitar consecuencias que nunca se desearon.

Sabiduría emocional

Algunas acciones que evidencian los celos, como cuando un hombre visita inesperadamente a su pareja para ver qué está haciendo, pueden interpretarse como señales de amor. Este modo de vigilancia celosa preserva el refugio de exclusividad en la pareja y a la vez comunica afecto.

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Cuando una mujer se desvela preguntándose sí él estará con otra, es un indicio claro de la profundidad de su amor y la intensidad de sus celos. Cuando un hombre les dice a sus amigos que está enamorado locamente de una mujer, tiene un doble propósito, comunicar su amor y advertirles a los rivales potenciales que deben mantenerse alejados.

Es poco probable que el amor, sentimiento que implica una inversión psicológica fuerte, pueda evolucionar sin una defensa que lo proteja de la amenaza constante de rivales y la posibilidad de un engaño. Los celos aparecen para suplir esa necesidad, motivando la vigilancia como primera línea de defensa y la violencia como última.

En sus formas extremas esa protección vital ha sido llamada engañosa, mórbida y patológica, interpretada como síntoma de neurosis y psicosis. Los terapeutas tratan de despojar a sus pacientes de ella y los individuos procuran alejarla por su cuenta.

La experiencia de sentir celos puede ser psicológicamente dolorosa, pero nos alerta contra amenazas de rivales reales. Nos deja saber cuándo la indiferencia sexual de la pareja significa más que distracción por culpa del trabajo.

Gracias a la evolución, todos estamos equipados con un rico menú de emociones que incluye los celos, la envidia, el temor, la furia, la alegría, la humillación, la pasión y el amor.

El conocimiento que podemos obtener a través de un entendimiento profundo de nuestras peligrosas pasiones no eliminará los conflictos entre amantes o rivales o amantes que se vuelven rivales. Pero puede, hasta cierto punto, darnos sabiduría emocional para manejarlos.

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Noviembre
26 / 2018

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