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Mindfulness, el placer del presente

Cada vez se escucha hablar con mayor frecuencia del mindfulness. Conozca qué es, para qué sirve y cómo se práctica.

Foto: Shutterstock

Cada vez se escucha hablar con mayor frecuencia del mindfulness. Conozca qué es, para qué sirve y cómo se práctica.

Son las 6:47 de la tarde de un lunes cálido de octubre. Camino de prisa un par de cuadras desde mi trabajo hasta el lugar de la reunión. Durante las dos próximas horas asistiré, por primera vez, a una sesión de mindfulness. La cita es a las 7:00 p. m., no encuentro la dirección, llego siete minutos tarde.

El salón está lleno. Hay veintiuna personas sentadas sobre el suelo, más mujeres que hombres, más mayores que jóvenes. La primera instrucción es clara: sentarse en posición de flor de loto, sentir la respiración, desacelerar el ritmo. Y cuando la mente se vaya a otro lugar, al trabajo pendiente, a la llamada que tengo que hacer, a la pelea que tuve en la oficina, hay que volverla a traer al momento, al instante presente.

Suena fácil, sencillo, pero no lo es. “Los pensamientos retumban en la mente como un locutor de radio que jamás se calla”, dice María del Pilar Cubillos, instructora de la sesión, certificada en Mindfulness para la reducción de estrés por la Universidad de Massachusetts. Tenemos tantos estímulos que cuando llega el tiempo de concentrarnos en una sola cosa, es difícil mantener la atención.

A lo largo de la sesión, Cubillos se encarga de que estemos presentes, ya sea con el sonido de una campana, percibiendo la pierna que empieza a dormirse o caminando con los ojos cerrados. “Llegará el día que el doctor nos aconseje comer saludable, hacer ejercicio y meditar. Tiene muchos beneficios y ya están comprobados científicamente”.

Cubillos tiene razón. Aunque la meditación ha estado presente desde hace siglos en muchas religiones, como el budismo, el biólogo molecular estadounidense Jon Cabat-Zinn fue uno de los pioneros en investigar cómo llevar la atención plena a la sociedad desde una perspectiva científica y sin ninguna carga religiosa. Así, en 1979 creó un programa en la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts para pacientes que padecían dolor crónico, y los resultados fueron sorprendentes.

Cabat define el mindfulness como la conciencia que surge de prestar atención de forma intencional a la experiencia en el momento presente, sin juzgar. Y según él, esto permite relacionarnos de una manera diferente con el cuerpo y darnos cuenta de que no somos nuestros pensamientos.

“Estamos viviendo un momento muy especial en el mundo, tenemos tantas ocupaciones, hay tanta estimulación sensorial, que nuestra mente empieza a verse afectada, acumula agitación, desequilibrio, ansiedad. En esta época de tanta conectividad quizás nunca nos habíamos sentido tan solos y desconectados, nos hemos distraído de lo esencial, del presente. Así que hay muchas personas que se sienten exhaustas y están buscando herramientas para cambiar”, asegura Cubillos.

“El mindfulness sirve para conocernos como individuos, entender nuestro cuerpo, regular mejor las emociones; en algunos lugares del mundo ya lo han incluido en los currículos escolares para que los niños lo aprendan desde pequeños; es una práctica muy completa, enfocar la atención presente en objetos reales, en cambio de estar perdidos en la mente con nuestros pensamientos, nos da claridad”.

El estrés contemporáneo

Alex Streubel, coach y profesor de mindfulness, certificado por la Universidad de California, explica que “el estrés es una respuesta física e involuntaria del cuerpo a una situación que interpreta como amenazante; se descargan hormonas como el cortisol o la adrenalina para atacar, huir o quedarse paralizado. El problema es que a un cavernícola le servía para sobrevivir del tigre que lo iba a atacar, pero nosotros inhibimos esa energía que se desata, nos ‘cocinamos’ en esos jugos, la mente recrea una y otra vez la situación que generó estrés y se crea una experiencia que no es agradable. El mindfulness me permite ser consciente de esto y no caer en ese círculo vicioso. Me ayuda a reducir el nivel de estrés acumulado y reaccionar en situaciones difíciles con más presencia (…) Y cuando disminuyo esa reactividad, aumenta la capacidad de poder escuchar al otro, hay compasión, bajo la guardia, ofrezco atención al otro, y cierta arrogancia se cae”.

Alejandro Villegas, presidente de TransGas de Occidente, lo vivió en carne propia. “Hace un par de años nos enfrentamos a una etapa de mucho estrés, pues la compañía debía afrontar una reestructuración y muchas personas tenían que irse; comenzamos a hacer un curso de mindfulness de ocho semanas y esto generó un nivel de confianza y de cohesión en el equipo que hizo que la gente se atreviera a proponer cosas que de otra manera hubiera sido imposible”.

Villegas asegura que practicar esta técnica lo ayudó a cambiar en varios aspectos. “Tuve un cambio fundamental en la tolerancia y en abrirme a otras perspectivas. Solía enfocarme en algo y, por mis creencias, me cerraba, ahora tengo la capacidad de ver otras cosas, de oír a otros, me ha permitido tener más empatía y fortalecer las relaciones. Y al traerlo al ambiente laboral, decidí medir su efecto en el clima organizacional (…) En un periodo de cuatro años, la calificación en Great Place to Work pasó de 76 y ahora está por encima de 90”.

Nidia Gil, facilitadora de mindfulness y liderazgo, explica que lo que sucede es que “entramos en intimidad con nuestra propia intimidad y esa relación nos ablanda. Nos ayuda a frenar el discurso punitivo, de darnos látigo por todo lo que hacemos y nos da un gran regalo: sentir nuestra condición humana y acercarnos al otro, querernos tal y como somos, y dejarnos de sentir como un proyecto que necesita arreglarse permanentemente”.

A nivel físico también se ha comprobado que sirve en enfermedades como la depresión y la ansiedad, en adicciones, y para reducir el dolor crónico (ver recuadro).

Todos concuerdan que es importante tener la voluntad de hacerlo, nunca hay que imponerlo, y no se recomienda para personas que estén pasando por una depresión aguda, un ataque de ansiedad o tengan episodios sicóticos. Streubel también resalta que no es para todo el mundo, y no debe ser tratado como una simple moda. “Hay personas que se conectan a través de la música o el deporte y eso es perfectamente válido”.

Advierten, además, que es importante, si está pensando hacer un curso, en tomarlo con alguien que esté certificado y que tenga mucha experiencia, más aún cuando es un tema que está empezando a tener cada vez auge en el país y aparecen decenas de personas que quieren dictar talleres.

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¿McMindfulness o una puerta espiritual?

Para Alex Streubel es importante afirmar que si uno sigue en esa senda entra en un camino espiritual, un tema que siente como tabú y que genera rechazo en el mundo occidental. “Hay un reconocimiento de la impermanencia y de la no separación. Y esa espiritualidad, que no se basa en un dogma si no en experiencia directa, nos transforma y lleva la compasión a otro nivel”. Nidia Gil también comparte su visión. “Es una puerta de entrada a un camino espiritual mucho más profundo, un estado en el que nos damos cuenta de que todos estamos conectados y no hay separación”.

Sin embargo, Pilar Cubillos no está de acuerdo. “Prefiero mantenerlos separados; es un proceso de autoconocimiento, de entender nuestro corazón, nuestro sufrimiento y no necesariamente se liga con un tipo de espiritualidad. Lo que hace el mindfulness es que nos lleva a empoderarnos y a darnos cuenta de que hay un poder enorme, que está dentro de nosotros mismos, y no en alguien externo”.

Lo cierto es que en la última década se ha convertido en un fenómeno de masas, un negocio que mueve millones de dólares, con apps, libros, cursos bastante costosos y empresas que han visto que esto puede contribuir directamente con la productividad de sus empleados. En últimas, un fenómeno que se ha bautizado como el McMindfulness, diseñado y empaquetado para una sociedad consumista e individualista.

Varias voces se han alzado para reclamar esa pérdida del sentido original de esta práctica. El profesor zen David Loy asegura en un artículo publicado en el Huffington Post que “desligar el mindfulness del contexto ético y religioso del budismo es un movimiento conveniente para convertirlo en un producto viable en el mercado. Pero la prisa por secularizarlo y mercantilizarlo puede llevar a una desnaturalización desafortunada de esta antigua práctica, cuyo objetivo es mucho más que aliviar una jaqueca, reducir la presión sanguínea o ayudar a los directivos a estar más centrados y ser más productivos”.

ILUSTRACIONES: MATEO AGUIRRE @heybro_art

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Noviembre
19 / 2018
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