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Una tarde en un temazcal, para curar el alma y acercarse a la Madre Tierra

Visitamos un lugar que ofrece una reinterpretación moderna del temazcal, un ritual prehispánico que tiene como objetivo purificar el cuerpo y la mente a través del vapor.

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Visitamos un lugar que ofrece una reinterpretación moderna del temazcal, un ritual prehispánico que tiene como objetivo purificar el cuerpo y la mente a través del vapor.

Son las 8 de la mañana de un miércoles despejado y soleado en Los Cabos, México. Estoy en ayunas y vestida con ropa cómoda. Camino hasta llegar a Jasha spa, un lugar que ofrece una reinterpretación moderna del temazcal, un ritual prehispánico que tiene como objetivo purificar el cuerpo y la mente a través del vapor.

Mientras espero con varias personas en unas sillas de madera, a las afueras del spa, una mujer me dice que es mejor comer algo ligero antes de empezar. Bebo agua de sandía y me como un puñado de almendras. A los pocos minutos, llega Antonio Cervantes, un hombre joven, de facciones fuertes, piel trigueña y traje blanco de algodón que explica en inglés en qué consiste el temazcal. Nos advierte, además, que podemos salir en el momento que lo deseemos. La palabra clave para escapar es ‘mandarina’.

Al frente está una pequeña construcción hecha de barro, muy similar a un iglú. Antonio asegura que representa el vientre de la Madre Tierra. Antes de entrar a esta casa hacemos una fila, somos doce personas, Antonio nos da la bendición a cada uno y pronuncia unas palabras difíciles de comprender. El espacio es pequeño. Adentro, nos vamos sentando alrededor de un espacio circular que contiene piedras volcánicas, no hay ventanas.

El ritual dura aproximadamente una hora y media. Durante ese tiempo, Antonio nos hace reflexionar sobre nuestros sentidos y lo que queremos superar. Bebemos una infusión de hierbas; luego nos untamos miel en el corazón, después la saboreamos; cerramos los ojos, meditamos. Antonio canta y toca un tambor. Aquí los cuatro elementos naturales juegan un papel fundamental: agua, aire, fuego y tierra.

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Quizás el momento más complejo de la ceremonia es la última parte – aproximadamente los últimos veinte minutos-, cuando echa agua a las piedras calientes, comienza a salir el vapor y la luz se apaga por completo. Es el enfrentamiento con nuestros demonios, con los miedos, nos pide que gritemos lo más fuerte que podamos. Nadie se sale. Luego, viene la calma, el silencio.

Al terminar la ceremonia nos pide que contemos cómo fue nuestra experiencia. Hay gente que lo ha hecho muchas veces y que dice que es sanador, purificador, se sienten conectados; a otros les dio miedo la oscuridad; otros prefieren guardar silencio. Yo me sentí tranquila, aunque la sensación de estar a oscuras y con un calor tan fuerte, como el de un sauna, puede resultar un tanto sofocante. “Es una guerra entre tus deseos, tu ego y lo que debe ser. Tu deseo es salir corriendo de allí, pero lo que debes hacer es quedarte. Así que cuando terminas, sales con más fuerza para afrontar los obstáculos de la vida”, explica Antonio.

En la noche
Al caer la tarde, luego de dos ceremonias más, busco a Antonio en el spa para hablar un poco más del tema. Acaba de salir, está extenuado. Me cuenta que nació en Coatepec, en el estado de Veracruz, un pequeño pueblo donde esta tradición está muy marcada. “Crecí asistiendo al temazcal. Siempre, antes de ir al doctor, íbamos a este lugar, me acuerdo que hasta me curé del sarampión allí”, dice con una sonrisa.

Luego se convirtió en un maestro temazcalero tradicional, viajó a España y se vino a vivir a Los Cabos. “Temazcal es una palabra en náhualt que traduce ‘casa de vapor’. Antiguamente era un baño de vapor muy fuerte producido para limpiar cuerpo, espíritu y mente. Su objetivo era que todo fluyera, que la mugre saliera”, explica.

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Sin embargo, en el spa decidieron hacer una versión mucho más suave que la original. “Hicimos la adaptación por motivos prácticos. El temazcal tradicional es muy intenso físicamente, no es accesible a todo el mundo, se necesita de cierta preparación. Y esto es un hotel, viene gente que lo va hacer por primera vez en su vida; gente mayor o personas que no están en nuestro ámbito cultural. Lo que hicimos fue crear una nueva experiencia basada en las raíces de la tradición, pero que a la vez cumple con el mismo objetivo de renacer y reencontrarse consigo mismo”, concluye.


*Jasha Spa queda ubicado en el hotel JW Marriot de Los Cabos, en México, que recientemente abrió sus puertas al público

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Marzo
15 / 2016

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