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Relojes de lujo: obras de arte que cuentan el tiempo

El mundo cambia y el tiempo con él. Desde la creación de los relojes colgantes, estos objetos han sido tratados como joyas de arte, lujo y estética.

El mundo cambia y el tiempo con él. Desde la creación de los relojes colgantes, estos objetos han sido tratados como joyas de arte, lujo y estética.

Son símbolos de su época que permanecen vigentes y siguen contando historias.

“Nada es creado, todo es transformado”, decía el químico Antoine Lavoisier. Así que aunque no podamos establecer el instante en el que el tiempo nace, sí podemos decir que, a partir del reloj, el tiempo no solo se puede medir, sino también tener en las manos. Aún mejor, puede ser un objeto de arte, de lujo y moda. El primer reloj que se convirtió en ícono de la moda femenina fue una creación de uno de los relojeros más famosos del mundo: Louis-François Cartier.

Cuando se lanzó en París el reloj colgante esmaltado en castellana era 1874. Era toda una joya real: cadenas de oro rosa, escenas campestres en esmalte y retratos de mujeres, filas de perlas. El reloj era una caja redonda, su cubierta estaba exaltada por el retrato de una mujer, y en el interior números arábigos. Luego el tiempo volvió a reinventarse. El reloj de pulsera se convirtió en una alhaja que destacaba las manos de las damas, un accesorio visible para todos.

Así nos encontramos con el primer Panther de la Maison Cartier. Su diseño, de 1914, representaba las manchas de una pantera articuladas con incrustaciones de diamantes, platino, oro rosa y números romanos. Por esa misma época fue diseñado el Baignoire, un reloj ovalado con oro, plata y una versión con diamantes.

Resulta curioso que se haya convertido en un clásico de Cartier sin ser bautizado, pues solo se le llamó Baignoire en 1973. Este reloj inspiró variaciones creativas como un modelo más grande y asimétrico que parece sacado de un cuadro de Dalí. De la misma manera, entre 1916 y 1920 se lanzaron dos de los relojes más famosos de la historia y que hoy en día siguen replicándose: el Santos y el Tank.

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El primero se distinguía por su caja de platino con esquinas redondeadas, tornillos a la vista, números romanos, correa de cuero negro y una esfera de zafiro para darle cuerda. Este reloj fue considerado una expresión temprana del Art Déco. El Tank, por su parte, tenía una caja cuadrada de oro pulido y satinado, más pequeña que el Santos. Se mantuvo la cuerda con un cabujón de zafiro, los números romanos y una correa de cuero, esta vez con textura. Fue inspirado en los tanques militares de Renault de la Primera Guerra Mundial.

En medio de esta historia agitada, en 1923 apareció el Rolex de Suiza y se grabó en la historia como el primer reloj de pulsera resistente al agua. Entre sus piezas clásicas para las mujeres estáLady Datejust, con bandas de pulsera y biseles de oro amarillo o blanco y 24 diamantes incrustados. Capaz de resistir la prueba del tiempo y, casi, volverse inmortal. Estos relojes representaron la libertad del movimiento, un ritmo más rápido de la vida. El mundo se aceleraba y el tiempo con él. Años más tarde reaparecieron con variaciones de acuerdo con la época. Por ejemplo, el Santos lanzado en 1978 fue adaptado al oro y una pulsera de acero, materiales que no se habían asociado antes.

Y así, en los años más recientes, los relojes femeninos han mantenido un aire de elegancia y lujo gracias a la compañía de piedras y metales preciosos. Sin embargo, hoy el lenguaje no es el mismo. Ya no son más objetos inanimados. Representan un temperamento o una caricia. Pueden seducir o reafirmar un estatus. También son una obra de arte en un “lienzo” que se puede llevar en la muñeca de la mano y de los que existen menos de 50 ejemplares. Tienen precisión, estética y elementos de la naturaleza. Se rompen convencionalismos, como que las manecillas no estén centradas o que la caja sea asimétrica.

Bajo esos parámetros nos encontramos con el reloj más célebre de Chanel, el J12 Rétrograde Mystérieuse, creado para celebrar el comienzo de un nuevo siglo. Es el primer reloj con corona de cuerda vertical, no lateral, para que su forma sea perfectamente redonda. Fue el resultado de una larga investigación en el mundo del automovilismo y la náutica. Así se consiguió un material de alta tecnología, que no se raya ni se oxida y que es tan duro como el diamante. Y llegamos al último modelo de la Maison Cartier, lanzado en 2007: el Ballon Bleu.

Este reloj nos permite apreciar su mecanismo interno, rodeado de zafiro y metales preciosos. Tiene números romanos que se ven aumentados y distorsionados por el vidrio, y una característica esfera azul para mover las manecillas. Es un estilo que mezcla lo clásico y futurista, tal vez asegurando así su vigencia.

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El Santos de Cartier se distinguía por su caja de platino con esquinas redondeadas, tornillos a la vista, números romanos, correa de cuero negro y una esfera de zafiro para darle cuerda.

*Laura Juliana Muñoz: Periodista. Colaboradora permanente de Diners, también escribe para El Espectador y las revistas Esquire y Letras Libres, de México.

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Mayo
23 / 2013

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