Relojes: regalos de lujo

POR: Revista Diners
 / diciembre 3 2014
POR: Revista Diners

¿Qué nos lleva a elegir un reloj? Elemento imprescindible para muchos, simple accesorio para otros, en su selección hay mucho más en juego de lo que podemos creer. ¿Por qué preferir una marca sobre otra? ¿Cronógrafo deportivo o una discreta pieza que subraye un estilo clásico? Las opciones son casi que inacabables.

Hay quienes, fieles a lo conocido, se apegan a la misma marca que usaron su padre o su abuelo. Después de todo, las mejores casas relojeras aquilatan su tradición gracias a un siglo o más de existencia, y sabemos cuánto entraña para muchos de nosotros seguir esos modelos cercanos a nuestro afecto, a las imágenes que hemos construido desde la infancia, que nos son cercanas y queridas.

Sin embargo, no hay duda de que el reloj no es un objeto más: expresa, habla por nosotros, define, en gran medida, quiénes somos, qué actitud tenemos frente a la vida: dice mucho, incluso, acerca de nuestra manera de seducir y, de hecho, conquista.

La tradición relojera –suiza sobre todo, pero por supuesto internacional–, renueva permanentemente su propuesta tanto como reafirma sus valores clásicos, de modo que la oferta resulta inagotable y se dirige, con frecuencia, a aquellos valores que están dentro de nosotros, ligados a nuestro criterio y nuestras convicciones.

Las marcas saben que sus piezas deben personificar la opulencia o la elegancia; la modernidad, la deportividad o la originalidad, y por ello nos atraen no solo con diseño o innovación, sino que emparentan sus creaciones con figuras del arte, los deportes o el mundo de los negocios que representan aquellos valores tan caros a nuestra personalidad y a aquello en lo que creemos. Embajadores de marca que no son figuras elegidas al azar, sino, de algún modo, los espejos en los que sin mayores pretextos podemos ver reflejadas nuestras propias vidas.

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diciembre
3 / 2014