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Cannalivio: una "buena yerba" en ungüento

Gloria Saldarriaga se lanza al ruedo como columnista de Diners mostrándonos un producto que le causó gran curiosidad.

Foto: Unslash/ C.C. BY 0.0

Gloria Saldarriaga se lanza al ruedo como columnista de Diners mostrándonos un producto que le causó gran curiosidad.

Eran como magia. Embotellada. En frascos de vidrio verde oscuro dentro de los botiquines de las abuelas. Cuando se destapaban, un olor extraño inundaba las salas de baño. No recuerdo si disfrutaba su aroma, pero sin duda nunca lo olvidé. Al preguntar qué eran, ellas nos contaban que tenían alcohol y hojas de marihuana, y que servían para aliviar contracturas, tendinitis, artritis y demás afecciones. Vaya, vaya.

Aunque ellas lo sabían desde siempre, su uso medicinal se desvió y satanizó metiendo la preciada mata en el cajón de los recuerdos. Pero dado su reconocido efecto, para muchos fue “jumada” la mejor manera de incorporarla al cuerpo. En ese camino se ganó muchos nombres: marihuana, grifa, maría, hierba, porro, banga, bareta, maracachafa, cannabis, soñadora…

Para mí, sin embargo, es una “buena yerba” que me masajea y alivia, a manera de crema. La conocí hace aproximadamente un año por medio de dos expedicionarios y alquimistas, Jorge Montoya (ingeniero de producción) y Mauricio García (ingeniero civil), quienes llevan siete años investigando las propiedades curativas de la Cannabis sativa, mejor conocida como marihuana.

Me invitaron una tarde a su “laboratorio”, una finca en las afueras de Medellín, donde no solo está su centro de producción, sino también  –como decía el poeta Aurelio Arturo– donde el verde es de todos los colores, paisaje, música y buena compañía. Me recibieron, pero no como científicos de bata blanca y lapicero detrás de la oreja, sino con unas camisetas supercool con la marca de sus productos «Cannalivio Medicina Natural» (www.cannalivio.com). Delante de ellos, una mesa de laboratorio pero a su modo: ollas convertidas en grecas, libros antiguos de estudio sobre las plantas, tablas periódicas, tubos de ensayo y muchos frasquitos de color ámbar, donde envasan el producto. Divino.

Estos dos originales emprendedores tienen dos líneas de productos: la fitoterapéutica y la cosmética, y lo que me encanta es que han resignificado el concepto de esta planta que tanto se ha estigmatizado sin tener en cuenta las propiedades benéficas que tiene para el cuerpo. Sus componentes son todos naturales: cera de abejas, raíces, cortezas y lianas medicinales y, por supuesto, un porcentaje de extracto de Cannabis que, para tranquilidad de los viajeros temerosos, pasa perfectamente por la aduana.

Pero, sobre todo, lo que me llama la atención es su diseño gráfico, una etiqueta de remedio antiguo y una presentación acorde con su concepto primario. Los exhiben en gabinetes inspirados en las antiguas boticas, y esto, para mí, es un aliciente para los sentidos.

No soy tan vieja como el Cannabis, pero cuando el dolor aquí o allá me invade el cuerpo, la uso para recuperar mi bienestar, en fórmula de linimento, aceite y ungüento. El primero es un compuesto a base de hojas, raíces, cortezas y lianas medicinales en extracción alcohólica combinada con aceites esenciales. No saben lo reconfortante que resulta esta combinación y su tremendo poder analgésico. La mezcla de aceites emolientes y extractos herbales concentrados está especialmente diseñada para masajes terapéuticos. Y el ungüento tiene la combinación perfecta de aceites de semillas prensadas en frío y aceites esenciales de plantas en una delicada base de cera natural de abejas, que resulta en un efectivo tratamiento contra dolores crónicos e inflamaciones.

Aquí comienza mi lista de recomendados que pruebo, apruebo y recomiendo. Espero que les guste.

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