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El primer paso para aprender el arte de escuchar

Nos acostumbramos a escuchar sonidos desagradables todo el tiempo y no nos damos cuenta de cómo esto nos afecta la vida. Esta es una guía para cambiar esa realidad.

Foto: Marek Piwnicki @marekpiwnicki - Unsplash.com

Nos acostumbramos a escuchar sonidos desagradables todo el tiempo y no nos damos cuenta de cómo esto nos afecta la vida. Esta es una guía para cambiar esa realidad.

Julia Cameron ofrece en su más reciente libro El arte de escuchar un nuevo método de transformación personal y creativa para escuchar mejor nuestro entorno, a los demás y a nosotros mismos. 

Diners comparte el primer capítulo del libro

Para empezar

El primer paso del arte de escuchar es atender a aquello de lo que tal vez estemos adquiriendo el hábito de desconectar: el mundo que nos rodea.Esta semana les pediré que sintonicen con su entorno. Exploraremos los sonidos que nos envuelven,tanto los que nos agradan como los que evitamos. Cultivaremos la sintonía con el fin de poder conectar con nuestro mundo, y con nuestra relación con ese mundo.

¿Cuál es tu banda sonora?

El arte de escucharnos sintoniza con nuestro entorno. Su herramienta primordial es concentrarse en los sonidos de nuestro alrededor. Dedicamos tiempo a percibir nuestro paisaje sonoro.¿Es relajante o desagradable?, ¿ruidoso o suave?

A medida que sintonizamos con los sonidos de nuestro alrededor, tomamos conciencia de aquello que nos gustaría cambiar. Somos criaturas de hábitos,y podemos llegar a acostumbrarnos a cosas muy desagradables. Puede que el despertador reclame nuestra atención con estridencia. Bastaría una breve salida para comprar un despertador con un sonido agradable, pero decimos para nuestros adentros que el molesto sonido del despertador es una tontería, y por lo tanto comenzamos el día con una nota discordante. Lo mismo sucede con el microondas. Pita amodo de aviso,y su pitido también es desagradable.

Decimos para nuestros adentros que el hecho de percatarnos de ese sonido es una tontería. Y así sucesivamente a lo largo de todo el día: oímos, pero sin escuchar. No es un doble sentido decir que anhelamos llevar una vida más sonora.

Cambiar la banda sonora

Es posible alterar intencionadamente nuestra banda sonora diaria. El gasto que supone un despertador con un sonido agradable nos compensa con creces, ya que despertaremos en un mundo más agradable. Sonido a sonido, en el transcurso del día podemos preguntarnos en todo  momento: «¿Es agradable este sonido?».Un porcentaje muy alto de nuestras respuestas será no. Cuando trabajamos para cambiar el no por el sí, nos relajamos.

El ventilador de techo emite un molesto tic-tic-tic que dificulta laconversación por teléfono. Lo suyo es ira a la ferretería a por lubricante. Es hora de dejar de procrastinar. No es caro. Basta con en grasar el ventilador para que el molesto ruido se convierta en un suave zumbido. Ahora se oye perfectamente por el auricular. Percibo alto y claro la voz de mi amiga Jennifer Bassey. «Has arreglado ese ventilador», anuncia.

Un pedazo de papel que se ha colado en el aire acondicionado del coche se agita. Lleva ahí mucho tiempo, y has aprendido a desconectar de ese sonido. Ahora, centrado, lo sacas con pinzas por la rejilla. De repente, la sensación en el coche se vuelve más agradable.

El sonido de la felicidad

El runrún del motor es constante, sin la sacudida errática a la que has llegado a acostumbrarte.¿Qué es esto? Al arrancar el coche en la puerta de tu casa, tu oído percibe el sonido de risas. Los niños del vecino están lanzando canastas en el camino de entrada a su casa. Oyes el golpeteo del balón mientras los niños regatean. Casi puedes percibir el roce del balón al colarse por la canasta. Por encima de todo, su risa jovial indica que están pasando un buen rato. Tu estado de ánimo selevanta con el suyo. El sonido de la alegría o el de la aflicción nos genera una u otra respuesta. El llanto de un niño nos conmueve. La risita nerviosa de un niño nos causa regocijo. 

Vea también: La importancia de prestarle atención a los sonidos de nuestro entorno

Aunque rara vez somos conscientes de ello, una banda sonora acompaña nuestro devenir diario. De camino al trabajo en coche, nos irrita el pitido de un  conductor impaciente. «Vísteme despacio, que tengo prisa», quizá digamos para nuestros  adentros, sintonizando de forma consciente en vez de desconectar.

El equilibrio para el arte de escuchar

A mediodía, en un delicado equilibrio con los sonidos de nuestro entorno, quizá prestemos atención a las campanadas de la catedral que marcan la hora. Repican de nuevo cuando nos marchamos tarde de la oficina. 

Una vez en casa, quizá pongamos uno de nuestros álbumes favoritos, para relajarnos con el sonido de las flautas de los indígenas americanos. Lo elegimos apropósito por sus suaves e hipnóticas melodías.

Mi favorito de toda la vida es un álbum llamado The Yearning, del compositor Michael Hoppé, con la virtuosa flauta alto de Tim Weather. Los sonidos gratos propician vidas gratas. Amedida que los sonidos apacibles nos sosiegan la psique, nos volvemos más apacibles. En lugar de actuar con brusquedad,  como parecen exigir los sonidos  estridentes y discordantes, más que reaccionar, respondemos, y lo hacemos, con dulzura.

A medida que asimilamos el paisaje sonoro que habla a nuestro corazón, somos capaces de forjar vidas más sentidas. A medida que  suavizamos el tono de nuestras vidas, suavizamos las respuestas al mundo que nos rodea. 

El devenir de la existencia se vuelve más sosegado sin la aspereza y el staccato. Las veladas a solas en casa son mucho menos solitarias con una agradable música ambiental. La música amansa a las fieras, y a nosotros también. Una selección musical de nuestra  predilección cambia la calidad de nuestra vida. Nuestra crispación se disipa. 

Los sonidos sanadores

Los sonidos sanadores son la especialidad del difunto Don Campbell, cuyo libro The Roar of Silence es un clásico en su género. En su posterior libro, El efecto Mozart, sostiene con fundamento que la música influye no solo en nuestro estado anímico, sino también en nuestro cociente intelectual. La música de Mozart repercute en la felicidad e inteligencia de los niños, afirma.

Como dice John Barlow: «Hay que tomar se en serio la idea de que la música puede crear estados emocionales. Libera el cuerpo en este mundo y salva el alma en el venidero».

La música nos conduce a reinos más elevados. Los musicólogos sostienen que la música es nuestra forma de arte más sublime, que acerca al oyente a Dios. Sin lugar a dudas, escuchar ciertos géneros musicales constituye una experiencia espiritual. 

El Mesías de Haendel eleva al oyente a reinos sagrados,reportándole una experiencia tanto espiritual como estética. El Canon en re mayor de Pachelbel, profundamente reconfortante, es una caricia para el alma. El Ave María de Schubert propicia una apertura espiritual; se eleva e invita al oyente a elevarse con él. En el arte de escuchar, la música es una aliada indispensable. 

Vea también: La imaginación: una herramienta única del ser humano 

El deleite del arte de escuchar

A medida que tomamos conciencia del amplio alcance de su efecto, adquirimos la capacidad de programar nuestro deleite auditivo. Permaneciendo en estado de alerta ante el efecto que ejerce el sonido, podemos hacer que la música cambie nuestro estado de ánimo. 

La  música de percusión invita a transportarse y abre una puerta a lo divino. Micke y Harty Taronos ofrecen Music to Be Born By,que nos proporciona estímulo, energía y arraigo. La música de flauta nos acompaña en nuestra soledad. David Darling y el Native Flute Ensemble nos regalan Ritual Mesa, una inolvidable selección de conmovedoras melodías. La apoteosis de una orquesta nos provoca un torrente de emociones. La Sinfonía n.º9 de Beethoven y la obertura de Fidelio imbuyen de júbilo. La vivacidad de las Variaciones Goldberg de Bach despierta la mente. 

Mientras escuchamos, aprendemos. Escuchar, hacerlo de verdad,nos asienta en el momento presente. Tomamos conciencia de cada nota conforme se despliega. 

Permanecer en el ahora

Los maestros espirituales coinciden en la importancia de permanecer en el ahora. El venerado  maestro budista Thích Nhất Hạnh escribe con elocuencia acerca de los numerosos beneficios de mantenerse focalizado en cada instante tal y como surja. Él emplea el término budista mindfulness, aunque yo me atrevería a definirlo con términos más ecuménicos: «escuchar desde el corazón». 

Cuando escuchamos cada instante tal y como se presenta, escuchamos el corazón. Lo hacemos de manera natural y desde el interior. Thích Nhất Hạnh pone como ejemplo tomar una taza de té «siendo conscientes de sus beneficios», pero es nuestro corazón el que lo aprecia. El té es bueno y tomarlo nos sienta bien. Vivimos el momento presente. 

Muchos de nosotros llevamos vidas caóticas. Nos precipitamos de una cosa a otra. Sentimos que la prisa es nuestra amiga, pero ¿lo es? Cuando aminoramos el ritmo,  descubrimos  que  nuestras  vidas  transcurren  a  un ritmo más sosegado. Oímos lo que pensamos. El arte de escuchar exige que prestemos atención. Si pretendemos llevar una existencia plena, hemos de escuchar el sonido de nuestras vidas.

Prueba esto para escuchar mejor

Un día, haz un registro de tu banda sonora. Comienza con el pitido de tu despertador. Pregúntate: «¿Este sonido es agradable o molesto?». Ten esto en mente cuando suene el pitido de la cafetera, cuando el microondas emita la señal de que tu cuenco de gachas de avena está listo. Atiende al traqueteo del metro durante el trayecto al trabajo. Si vas en coche, presta atención al pitido de las bocinas. Pregúntate: «¿Podría ir por un camino diferente, con menos ajetreo?».

Sé consciente del bullicio del restaurante donde sueles comer. ¿Hay una alternativa más tranquila? Continúa fijándote en los sonidos y en las reacciones que te provocan a lo largo del día. Al final de la jornada, apunta tus descubrimientos. ¿Qué cambios podrías realizar para hacer más agradable tu experiencia auditiva? Sé amable contigo mismo. Trata tus oídos con cariño.

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Agosto
23 / 2022

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