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Cuatro métodos para encontrar la paz mental

Desde crear un universo natural en miniatura, hasta moldear las emociones en arcilla, o desdibujar el tiempo a lápiz sobre un papel.

Foto: Camilo Ponce de León/ Producción: Lucy Moreno

Desde crear un universo natural en miniatura, hasta moldear las emociones en arcilla, o desdibujar el tiempo a lápiz sobre un papel.

Pandemia, guerras, inflación, crisis políticas y todo esto disponible siete días a la semana en los dispositivos móviles. Es la receta perfecta para el agotamiento físico, mental y emocional. Pero al alcance de las manos también hay una variedad de oasis para encontrar la paz mental y espiritual.

Diners encontró cuatro de ellos: plantar terrarios, bordar, hacer cerámica y dibujar en medio de la naturaleza. Estas actividades tienen en común su capacidad de sacarnos a un tiempo paralelo en el que no hay afanes ni plazos. Además, no es necesario llenar expectativas y, lo mejor de todo, no hay errores. 

Un verdadero détox mental que en realidad apela a algo que los niños saben hacer muy bien: estar en el presente con los cinco sentidos y hacerlo por simple placer. La recompensa será mucho más que un lindo terrario, un bordado del cual sentirse orgulloso, una cerámica bien formada o un dibujo bonito: paz interior.

La paz mental en mundos en miniatura

Sus manos de pianista no están destinadas solo a crear música, sino también pequeños universos naturales para refugiarse de todo lo que ocurre en el mundo. Diego Maldonado, creador de Botanik Lab, es músico de profesión, pero su pasión por las plantas se sumó a la pandemia y precipitó la consolidación de un oficio que desde entonces ocupa todo su tiempo: la creación de terrarios.

Cuando apareció el coronavirus y la gente tuvo que encerrarse surgió aún con más fuerza la necesidad de un contacto con la naturaleza y de alguna actividad para canalizar la ansiedad frente a lo desconocido. Así que muchos empezaron a buscar un refugio en las plantas y ahí estaba justamente Diego con sus talleres para aprender a hacer terrarios, que eran presenciales, durante la pandemia se volvieron virtuales, y ahora se ofrecen de las dos maneras.

Un lugar de meditación en Bogotá

Diego, quien planta aproximadamente treinta árboles anuales en el humedal El Salitre, de Bogotá, decidió especializarse en terrarios, que son para él una especie de meditación. “Es como la creación de un mundo en miniatura, evocando los paisajes que uno se encuentra cuando va a algún sitio natural”. 

Hay diferentes aspectos relajantes en la actividad de armar un terrario: el contacto directo con las plantas y los elementos naturales que se van a usar pero, además, las decisiones estéticas sobre qué planta usar y en qué lugar o cómo contrastar unos colores con otros.

“Cuando trabajamos en el terrario empiezo con información concreta. La gente llega con la necesidad de aprender y recibir conocimiento sobre las técnicas. Pero después viene una fase de trabajo con las manos y comienza a generarse un momento de paz mental”.

El silencio creativo

Diego a veces escucha pódcasts o música, pero la gran mayoría trabaja en silencio. “Cuando uno logra conectarse desaparece todo y surge un gran silencio creativo. Tengo las plantas disponibles en el espacio y a medida que elijo, armo el terrario de una manera muy intuitiva”.

En el caso de los talleres, hay una planeación previa, pues cuando son virtuales envía los materiales a los asistentes a cualquier parte de Colombia, y cuando están fuera del país, les ofrece una guía previa digital para conseguir lo que van a necesitar.

Los talleres pueden durar hasta tres horas y hay una variedad de opciones: terrarios cerrados (que funcionan como microecosistemas autosustentables porque reciclan su propia agua y oxígeno); terrarios áridos hechos con cactus y suculentas, y terrarios húmedos abiertos, hechos con plantas que requieren riego constante.

Del clic a la puntada

Paz mental

En ocasiones aparecen nudos en el bordado que es mejor cortar. Otras veces la hebra es muy larga y todo se complica. En esos casos, quizás haya que cortar y trabajar con un hilo más corto, aunque eso implique el doble de trabajo para volver a enhebrar. Estas son algunas de las metáforas con las que el bordado les habla a quienes bordan. 

Así lo vive Carolina Pérez, fotógrafa y bordadora de oficio y profesión, quien se dedica a enseñar el arte del bordado y a experimentar artísticamente con él. “Cuando me gradué del colegio estaba un poco perdida. Mi papá, que es artista plástico y dicta clases en la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo, me invitó a aprender un oficio. Empecé con la marroquinería, pero yo veía a las señoras que entraban a clase de bordado y me llamaba mucho la atención, hasta que descubrí que era eso lo que quería aprender”.

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El bordado de la paz mental

Así que Carolina hizo la carrera completa y tras cinco años de aprender las formas clásicas de bordado empezó a experimentar. Nacieron entonces sus talleres, que se convirtieron en una especie de círculos de bordado físico y emocional, pues en las sesiones se comparten hilos, vivencias e historias.

“Lo primero que me llamó la atención del bordado es que resulta algo totalmente portátil y ligero. Lo puedes llevar a donde sea. Y lo que más me gusta, que es un compañero fiel, que puedo expresarme y hacer catarsis.

Además, me sitúa en el aquí y el ahora y enseña algo muy importante en el mundo contemporáneo, que es la paciencia; hay cosas que se demoran mucho tiempo y en el bordado no vas a lograr el resultado en un día. Hoy todo es rápido, instantáneo, a un clic, mientras que el bordado es puntada tras puntada”.

Los hombres también bordan

En su experiencia, los aprendices, casi solo mujeres y algunos niños –pues aún asisten pocos hombres–, empiezan a descubrir su luz y su sombra. “En medio del trabajo aparecen nuestros nudos y esos nudos representan el momento por el que estamos pasando”.

El bordado no es solo lo que tradicionalmente concebimos como tal: una actividad de señoras mayores que lo usan para adornar elementos del hogar. También ha tomado caminos diferentes para introducirse en la industria de la moda y en la experimentación artística.

Además, por supuesto, de ser una terapia, como concluye Carolina: “Las mismas alumnas me dicen que la clase es el momento de ser, de liberación, de parar, de ver que pueden hacer algo con las manos y pueden romper la rutina”.

Aceptar lo inesperado

Una actividad que empezó de manera terapéutica se convirtió en una forma de vida. Juan Camilo Montenegro, politólogo de profesión, llegó a la cerámica en busca de un espacio para conocerse mejor y así ocurrió.

Descubrió su verdadera pasión y empezó a compartirla con otros. Hoy, en Morrón, su taller, enseña el manejo de la cerámica, en clases que son más un encuentro con personas afines para pasarla rico, conversar, comer y encontrarse, cada uno consigo mismo, en la arcilla que tiene entre las manos.

“Yo creo que la cerámica y otros ejercicios manuales son actividades que nos obligan a estar en constante presencia con lo que estamos haciendo, como medir, macerar o cuidar que no se nos queme en el horno”.

La cerámica también da paz mental

Para Juan Camilo, la cerámica es como un espejo, pues en el material siempre se va a notar lo que está pasando en la persona que lo manipula. “Les digo a mis estudiantes que traten de no estar ni muy felices ni muy bravos, porque los picos emocionales nos distraen del material”.

Él, por ejemplo, tiene la mano un poco pesada y seca. Esto afecta la arcilla de una cierta manera, ya que tiende a secarla y eso hace que se puedan producir más grietas. “Lo importante es que cada persona empiece a identificar cómo se siente, cómo interactúa con el material, cómo puede medir esa fuerza bruta.

Y todo eso tiene repercusiones emocionales porque, de alguna manera, empieza a percibir cosas de sí misma que de otra manera no percibe en el día a día. Yo creo que he meditado y solucionado muchas dificultades de mi vida a través de la cerámica, porque el material me obliga a estar tranquilo para evaluar los problemas”.

Para este joven, la magia de la cerámica no está solo en la creación de la forma en sí, sino en todos los procesos por los que esta habrá de atravesar. “Es muy lindo ver todo lo que cambia, pues no solo hay que manipularla, pintarla, quemarla, dejarla secar… Hay que aceptar que todo esto tiene que ser lento y que después del horno puede haber resultados inesperados en cuanto a colores o grietas que se presenten”. 

El tiempo se desdibuja cuando hay paz mental

Naturaleza y dibujo: todo lo opuesto a las vidas hiperconectadas y meramente mentales en que muchos estamos enfrascados en la actualidad.

Esa es la propuesta de Castatinta, un espacio alternativo dedicado a la ilustración y las artes gráficas que ha creado talleres llamados Salidas de dibujo. En ellos, los asistentes son invitados a una inmersión en un espacio determinado, y a partir de ese entorno, a pasar un día dibujando, comiendo, conversando.

José Rosero, uno de los creadores de Casatinta, explica que el dibujo es uno de los espacios de apertura y libertad más honestos y profundos que hay.

“Por un lado, la pintura te genera libertad, pero tiene aspectos técnicos que la hacen más compleja, es decir, si quiero pintar, necesito técnicamente algo que es un poco más difícil. Por otro lado, la ilustración tiene una carga conceptual que genera ciertos parámetros, porque hay que pensar en el lector. En cambio, para hacer un dibujo no se requiere nada de eso, tú te liberas ahí”.

El dibujo y la paz mental

El artista explica que hay una relación importante entre el dibujo y la paz mental, porque mientras se dibuja se produce un cambio temporal. “Cuando te sumerges en un dibujo, el tiempo se pasa de una manera diferente, estás inmerso en lo que haces y esto se convierte en una especie de meditación activa”.

Para Rosero, la razón por la cual el dibujo ayuda a descansar la mente es porque el dibujo invita a escuchar. “Cuando uno dibuja un modelo, hace silencio porque necesita escuchar, observar lo que dibuja. Hay un proceso de entendimiento.

Puede quedar parecido o no, ese no es el problema porque no se busca que sea fotográfico, sino ser capaz de aprehender ese objeto en la labor creadora, y en ese proceso hay mucha honestidad. De alguna manera, el dibujo saca lo que significa ser tú en el papel”.

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Julio
08 / 2022

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