SUSCRIBIRME
INICIO//Especiales//La (casi) épica de los Zorros Argelinos

La (casi) épica de los Zorros Argelinos

Argelia estuvo cerca de empatar un partido que tenía totalmente perdido 30 segundos antes.

Argelia estuvo cerca de empatar un partido que tenía totalmente perdido 30 segundos antes.

En un partido más que aguerrido, muy propio de su historia reciente y de su pasado colonial, Argelia se animó ayer a darle la cara a otro gigante y estuvo muy cerca de forzar la definición por penales con Alemania. Sin bajar nunca la cabeza y complicándolos más de la cuenta, el equipo comandado por el talentosísimo Sofiane Feghouli poco se echó para atrás y, aunque consciente de sus limitaciones frente a la máquina alemana –muy deslucida, por cierto–, nunca escogió el camino del repliegue o de la defensa extrema, sino del buen orden táctico y la disciplina.

Un partido muy entretenido el de los argelinos, generando muchas opciones de gol y aprovechando los errores de los alemanes. Incluso lograron firmar un primer tiempo a su favor, en el que sólo faltó la anotación. El combustible les alcanzó para llegar al tiempo extra 0-0. Luego, cuando bajaron un poco la guardia, el gol alemán llegó iniciando el 1er. tiempo suplementario. ¿Qué hizo Argelia? Quizá un golpe anímico pero no de juego, porque no se rindieron ni dejaron de seguir buscando la hazaña. Sobrevino los que quizá sean los cuatro minutos más largos del fútbol árabe en los mundiales. El segundo gol teutón llegó al minuto 120, ya con el partido sentenciado. Y entonces ocurrió lo posible cuando ya era imposible: el descuento argelino –¡en el m. 121!– apareció gracias a Djabou. Pero la suerte en forma de tiempo les dijo “no más”: alcanzado el minuto 122, todos los argelinos echados adelante buscaron una última oportunidad en un cabezazo que el arquero Neuer les negó. Y ahí acabó todo. Luego fue la imagen clásica que acompaña estos casos: los vencidos, desplomándose uno a uno en mitad del campo, ya sin fuerza y sin piernas, dejando ir el aliento, la última esperanza.

Éste parece seguir siendo el Mundial del mundo periférico. Unos equipos de países con una historia compleja, un presente que en muchos casos es una incógnita en lo político y lo social y un futuro incierto, pero que gracias a las temerarias actuaciones de 23 ‘elegidos’ están dando mucho de qué hablar sobre sus cultura y su forma de vida. El caso del plantel argelino es, al tiempo, particular y bastante normal. Particular si se le mira con los ojos del simple deporte: 15 de sus 23 jugadores no nacieron en el territorio de ese país sino en Francia, como hijos de argelinos que migraron al que fuera el centro colonizador durante algo más de 100 años. Sin duda, algo extraño, que despierta el interés y la curiosidad de los aficionados de las otras selecciones (las que no cuentan con un fenómeno similar) que por casualidad se enteran de esta situación.

Pero es normal si, por el contrario, se analiza a la luz de los movimientos migratorios entre Europa, Asia y África desde la posguerra en busca de trabajo, la recuperación de los países afectados por el conflicto y mejores oportunidades de vida. Ese fenómeno, común a muchos de los estados de Europa Occidental, cambió para siempre su paisaje humano y cultural, creando grupos sociales que nadie habría creído posibles generaciones atrás. El fútbol, como ya se sabe, es un reflejo cabal de lo que sucede en la sociedad y en la vida, por eso el hecho se repite del otro lado en la misma Alemania, en Holanda, en Bélgica y en la propia Francia, que en sus filas tiene, cómo no, descendientes de argelinos.

Vea tambien: Stéphane Breitwieser: la historia del ladrón de arte más famoso del mundo

La última imagen que da Argelia es la de unos jugadores potentísimos, luchadores y que dejaron el alma en la cancha. La de un técnico –también en la mitad de la encrucijada cultural: ahora bosnio, antes yugoslavo, asentado en Francia– al que se le escapan las lágrimas, inconsolable, que no creía lo que acababa de ver, de tan cerca que estuvieron de la hazaña. Y la de unos hinchas entre orgullosos y derrotados que, como otros miles, viajaron lo imposible, viviendo lo imposible, por seguir a los que los representan en la cancha. ¿Volveremos a ver un Mundial así de emotivo en años recientes? Por todo lo que ha rodeado Brasil 2014, por las sorpresas y por la emoción incontenible que está dejando a su paso, partido a partido, parece difícil. No debería terminar nunca.

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Julio
01 / 2014

Send this to a friend