Todo por un partido de fútbol

Esta es la terminal de Sao Paulo. Grande, bien montada, conectada con el metro, el cual hay que tomar para llegar al estadio. Como les dije, parece más un aeropuerto que una estación de buses.
Un hincha que viene apretado al mundial hace lo que sea para estirar la plata al máximo. La terminal de Río de Janeiro dispuso de salas de este estilo para los aficionados.
Así se veían los colombianos en el la noche antes del Colombia – Grecia en Belo Horizonte.
Y así de acabados se veían la noche después del partido en la terminal de Belo Horizonte. ¿Qué tal que hubiéramos perdido?
En las noches el frío del aire acondicionado de los buses es tal que hay que taparse hasta la cara.
El sol salió minutos antes de llegar a la terminal de buses de Sao Paulo. Así se veía el bus, el cual esperaba lleno de argentinos cantando.
En el bus de la 12:35 de la mañana salí anoche de Río a Sao Paulo y me tardé seis horas y media en llegar. Todo por ver a Messi, que no sobra.
Fue bajarse y entrar al baño. Los viajeros nocturnos pasan del bus a aquí, directo, para pegarse una aseada express.
Es increíble lo que hace la gente, uno, por un partido de fútbol.

Escribo esto desde la sala de prensa del Arena Corinthians, en Sao Paulo, donde en unas horas Argentina y Suiza jugarán por los octavos de final del mundial de fútbol. Aquí llegué a las 7 de la mañana luego de haber viajado toda la noche en bus desde Río de Janeiro.

En Brasil, un recorrido de estos vale entre 80 y 160 reales ($70.000 y $140.000 colombianos) de acuerdo a la empresa, el tipo de bus y de silla. Lo digo con conocimiento de causa porque yo este mundial me lo he hecho en bus: de Río a Sao Paulo, luego a Belo Horizonte, y así ida y vuelta. Además de ser más económico, las carreteras entre estas tres ciudades son de cuatro carriles y están en perfecto estado. Lo mejor es viajar de noche para dormir en el bus y ahorrarse así la noche de hotel. Por eso es que uno no conoce los países donde se juegan los mundiales, todos los día son lo mismo: viajar de noche, llegar de día al partido y regresar al campamento base esa misma noche. Lo que esta vez hago en bus, en 2006 lo realicé en tren, y en 2010 en carro alquilado.

Sea en lo que sea que uno viaje, al que no va a los partidos en avión se le nota en la cara el día de partido. Caras trasnochadas, ropa arrugada, andar cansado. Los que viajan conmigo y yo llegamos de la terminal de bus al baño de la sala de prensa del estadio a medio asearnos para que no se nos note el desgaste. Y eso que la acreditación FIFA da muchos privilegios, no me quiero imaginar a los hinchas que empeñan la casa por venir a ver un mundial, viajan con lo justo y luego les toca devolverse en bus cuando su equipo pierde.

Y viajar en bus no es mal negocio. Como dije, las carreteras en Brasil son buenas, así como los buses. Muchos de ellos son de dos pisos y dan sin cargo extra cobijas y comida para los viajeros nocturnos. Y las terminales, en especial la de Sao Paulo, parecen aeropuertos. No serán el Charles de Gaulle, pero sí el Ernesto Cortissoz.

A ver a Colombia a Fortaleza, por ejemplo, sé que no voy a ir. Los vuelos están entre millón y medio y dos millones y medio de pesos colombianos, y eso si se encuentran. Lo que está haciendo mucha gente es volar a Natal y de ahí buscar bus hasta Fortaleza, un recorrido de ocho horas. A mí me gusta el fútbol, pero no me voy a pegar ese viaje. Además de parecerme un gasto excesivo para solo noventa minutos de fútbol, no podría superar el episodio si encima de una derrota de Colombia me toca mamarme ocho horas en bus de vuelta a Natal.

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