Entrevista a Moisés Naím

Moisés Naím, conocido por sus opiniones y ensayos sobre política y economía internacional, vislumbra el futuro del poder en un mundo donde actores prácticamente desconocidos han encontrado la manera de desafiar a los poderes tradicionales.

Moisés Naím ha escrito en diarios como El País de España, La Repubblica de Italia y Folha de São Paulo en Brasil. Sus columnas son reproducidas por cuarenta diarios a escala global, entre ellos El Tiempo en Colombia. Sus méritos, tanto académicos como periodísticos, le han valido numerosos reconocimientos. La revista Prospect Magazine lo destaca como uno de los grandes pensadores de este siglo. En El fin del poder, su más reciente publicación, sobre la cual Bill Clinton dijo: “Es un libro que transforma la manera de leer las noticias, de pensar la política y de ver el mundo”, analiza con crudeza qué nos espera en un mundo donde actores inesperados han logrado sacudir el orden establecido.
La tesis central de su último libro es que hoy en día “el poder es más fácil de adquirir y más fácil de perder”. ¿Puede explicar en qué consiste?

El poder está cambiando: de poderosos ejércitos a pequeños grupos de insurgentes, de las grandes corporaciones a empresas jóvenes, de los palacios presidenciales a la plaza pública. A medida que la gente se hace más próspera y dinámica, se vuelve más difícil de controlar y más proclive a cuestionar la autoridad.

Activistas, insurgentes, nuevos partidos políticos, empresas innovadoras, hackers, medios independientes, jóvenes congregados sin un líder específico, personajes carismáticos salidos de ninguna parte, están sacudiendo el orden tradicional. Estos son los micropoderes, actores pequeños, desconocidos que han encontrado la manera de desafiar a los poderes tradicionales.

¿Esta transformación se debe a Internet?

Internet es un instrumento que amplifica motivos, usuarios, pero no la causa que los moviliza.

¿Pero no es el instrumento que democratiza el acceso al poder de los ciudadanos?

Sí, pero no todo es tecnología. Esto también tiene que ver con las tres revoluciones de las que hablo en El fin del poder, la del Más, la de la Movilidad y la de la Mentalidad. La revolución del Más tiene que ver con que somos más personas, más países, más enfermedades y más medicinas, más posibilidades en todo nivel. La de la Movilidad se halla relacionada con las migraciones. Los inmigrantes están cambiando la forma de hacer negocios, la religión y la cultura de los países donde se asientan, y así como las personas tienen una mayor movilidad, el dinero también la tiene, la información y las telecomunicaciones están en constante movimiento y quienes han entrado a hacer parte de esa creciente clase media son más conscientes de la existencia de personas que viven aún mejor, así que tienen la expectativa de ponerse al día y seguir subiendo en la escala social. Ahora bien, la revolución de la Mentalidad está ligada a las dos anteriores. La movilización de personas, su constante intercambio, hace que unas religiones influyan sobre otras, así como las lenguas, las culturas, la economía, la política, etc.

¿En un mundo tan desigual se puede hablar de abundancia?

Según el Banco Mundial, desde el África Subsahariana pasando por América Latina y de Asia a la Europa del Este, la proporción de personas viviendo en la pobreza extrema tuvo un bajonazo notable. La meta del milenio de reducir la pobreza a la mitad para el 2015, se cumplió para el 2010. A pesar de la crisis económica global, las economías de países pobres han continuado expandiéndose y generando nuevos empleos.

¿Los movimientos activistas tienen algún poder real para transformar la política?

Movimientos como Occupy Wall Street han probado ser importantes como protesta, pero ineficaces para llevar a cabo una verdadera transformación. Ese papel les corresponde a los partidos políticos, que deben hacerse más atractivos para lograr mayores resultados.

Sin embargo, esos movimientos o el hecho de que el 80 % de los CEO en Norteamérica se vean obligados a renunciar antes de cumplir su período, son una prueba de que la gente tiene el poder de desafiar a las instituciones que tradicionalmente ejercían una hegemonía.

¿Qué pasa con las grandes instituciones, como la Iglesia católica, en medio de este cambio de poderes? ¿Deben transformarse?

Eso es exactamente lo que ocurre. Desde el Pentágono, pasando por el Vaticano, las organizaciones terroristas, filantrópicas y sociales deben transformarse para sobrevivir. En el caso del Vaticano, la abdicación del papa anterior es algo que no había ocurrido en 700 años, se trata de un cambio histórico. El nombramiento de un papa latinoamericano es también una transformación notable en una institución que históricamente había tenido papas europeos. El nuevo papa se ve enfrentado a un mundo donde debe relacionarse con carismáticos, pentecostales, evangélicos, etcétera.

¿Cree que el mundo será más abierto a la diversidad, más liberal?

Se está dando un profundo cambio de mentalidad en la humanidad tendiente a una mayor tolerancia y a una mayor aceptación de la igualdad. Las tendencias son básicamente positivas, pues las personas tienen más posibilidades de las que tenían antes.

¿Cómo se ve afectada la vida de un ciudadano promedio por este “fin del poder”?

Por supuesto es muy diferente la forma como cambia la vida de una persona en Siria a la de una en China. Sin embargo, los ciudadanos de todos los países del mundo tienen más oportunidades de las que tenían antes. Mientras más estamos en contacto unos con otros, mayores son las aspiraciones que tenemos de mejorar.

¿El balance es positivo?

Somos más personas, viviendo más años, de una manera más saludable, con mayores expectativas y mayor autonomía y sin la menor tolerancia al autoritarismo.

¿Qué viene hacia adelante?

El reto está en mantener la gobernabilidad dentro de un esquema más horizontal. No me refiero a que deba entregárseles un cheque en blanco a los gobiernos, pero hay que mantener un equilibrio para no caer en el caos. Hemos entrado en una etapa donde muchos jugadores tienen el poder de vetar, socavar o diluir las iniciativas de otros, pero donde no hay un solo jugador individual con el suficiente poder para imponer su propia agenda. En las próximas décadas, la ola de innovación que ha renovado las comunicaciones, la medicina, la física, va a transformar drásticamente la forma de gobernarnos. Hemos entrado en una etapa donde muchos jugadores tienen el poder de vetar a otros, pero no hay uno solo con el suficiente poder individual para imponer su propia agenda.

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