Foto: Revista Diners
julio 13, 2015
Cultura Música y Teatro

Siete canciones de El guardián entre el Centeno

El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger, cumple 64 años, y para celebrarlos seleccionamos siete canciones que el autor dejó en la novela.
POR:
Jhonny R. Quintero

Este mes se cumplen 64 años desde que Little, Brown and Company publicara por primera vez «El guardián entre el centeno», la novela de J.D. Salinger.

Desde entonces se han vendido aproximadamente 65 millones de copias, y la historia de Holden Caulfield —ese adolescente rebelde (pleonasmo aparte), que ve la hipocresía del mundo en todo a su alrededor— con la que se han sentido identificadas varias generaciones, sigue vendiéndose y siendo parte de la cultura pop.

Todavía resuena la coincidencia de que Lee Harvey Oswald (inculpado como asesino de John F. Kennedy), Mark David Chapman (inculpado como asesino de de John Lennon), y John Hinckley (quien intentó asesinar a Ronald Reagan), fueran lectores obsesivos de este libro o cargaran una copia de él en el momento de los hechos.

Pero esta novela es, además, un referente musical de su época. Lleno de canciones de jazz, mientras se lee, casi puede escucharse la música que suena en los bares de Nueva York mientras Holden los recorre en la noche de inverno, mientras bailaba con una desconocida en el salón de un hotel evitando el ritmo jitterbug, o cuando uno de sus compañeros de colegio las silbaba de manera perfecta mientras se afeitaba.

Este playlist no solo nos transporta a la obra de J.D. Salinger y a la Nueva York de los años 40 y 50, sino que celebra los 64 años de la publicación de uno de los libros más famosos del mundo.

«Habíamos llegado muy cerca del tiovivo y ya se oía esa musiquilla que toca siempre. En ese momento sonaba «¡Oh, Marie!», la misma canción que cuando yo era pequeño, como cincuenta años antes. Eso es lo bonito que tienen los tiovivos, que siempre tocan la misma música».

«Luego el tiovivo se puso en marcha y la vi girar y girar. En esa vuelta habían subido sólo como cinco o seis niños y la música era «Smoke Gets in Your Eyes». El soniquete del aparato ese le daba a la canción un aire muy gracioso, como de jazz».

«A veces le daba por lo clásico, pero por lo general era algo de jazz. Cogía una canción como por ejemplo Tin Roof Blues y la silbaba tan bien y tan suavecito —mientras colgaba sus cosas en el armario—, que daba gusto oírle».

«Tenía un silbido de esos que le atraviesan a uno el tímpano. Desafinaba muchísimo y, para colmo, siempre elegía canciones como Song of India o Slaughter on Tenth Avenue que ya son difíciles de por sí hasta para los que saben silbar».

«Buddy Singer y su orquesta tocaban esa canción que se llama Just one of those things, y por muchos esfuerzos que hacían no lograban destrozarla del todo. Es una canción preciosa».

«Después hicieron eso que ponen todas las Navidades en Radio City, cuando empiezan a salir ángeles de cajas y de todas partes, y aparecen unos tíos que se pasean con cruces por todo el escenario y al final se ponen a cantar todos ellos, que son miles, el Adeste Fideles a voz en grito. No había quien lo aguantara».

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