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"La música es otra forma de religión", Óscar Acevedo

El pianista Óscar Acevedo habló con Diners sobre su trabajo como el maestro de jazz colombiano más conocido del mundo.

Foto: Óscar Acevedo/ A Toda Costa

El pianista Óscar Acevedo habló con Diners sobre su trabajo como el maestro de jazz colombiano más conocido del mundo.

scar Acevedo es uno de los jazzistas con más larga trayectoria en Colombia. Graduado de la Berklee School of Music en 1979, ha sido miembro activo de la escena del jazz por más de tres décadas.

Además de su experiencia como Jazzista, Oscar ha sido creador de música comercial para cine y televisión, productor de discos de rock y pop (dos de Marbelle y uno de Poligamia en su historia), docente universitario y, recientemente, columnista de música para el periódico “El Espectador”.

Aunque le parece muy divertido escribir, volvió al banquillo como entrevistado para contarnos sobre su trabajo y lanzamientos musicales:

¿Más de 38 años de carrera y únicamente cuatro discos, por qué?

Yo,  Óscar Acevedo, no soy una persona que publica con frecuencia, realmente sólo lo hago cuando hay material. A mí me gusta más trabajar en vivo, me parece más sincero. Lo otro es un poco maquillado, ficticio y frío. Los parlantes no tienen expresión, no tienen cara, en cambio el músico en vivo, si transmite un gesto facial y corporal.

¿Pero a Óscar Acevedo le gusta componer temas originales?

Pues hombre, yo por encargo le escribo en 5 minutos, yo tengo ese chip instalado. A mí me llaman para una película y a la semana tengo 5 piezas, no me cuesta trabajo. Pero repertorio para la banda… Tengo cosas escritas en 2002, 2003 y 2004 y cosas anteriores, pero entre el 2004 y 2010 no escribí casi nada y a partir de estos últimos tres o cuatro años es que he vuelto a empezar a componer.

¿Qué pasó en ese período, por qué Óscar Acevedo dejó de escribir?

Yo entre el 2000 y el 2003 me fui a vivir a España y ellos son muy dados a tocar repertorio tradicional. También son unos oyentes muy respetuosos a la tradición, uno siente la presión de la audiencia cuando va a tocar para un público allá.

Inmediatamente oye que le pusieron el estetoscopio aquí en el pecho. Entonces allá volví a repasar todo ese repertorio del real book, inclusive hasta el punto de perder el interés en la composición. Quería entender y vivir mejor la experiencia como intérprete. Hacerle una buena ejecución, respetuosa a una canción equis. Hasta ahora estoy empezando a componer otra vez.

¿Lo ha inspirado para eso su nuevo cuarteto?

Claro, uno quiere usar esa herramienta, y lo digo como Óscar Acevedo.

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¿Por qué tomó la decisión de tocar con músicos jóvenes?

Yo quería hacer una banda de solo colombianos, para ver como la nueva generación está asumiendo el jazz. Pero también fue fortuito, con Juan Camilo fue un encuentro que tuvimos en teatro libre en el 2008, después yo vi a Gina en una convocatoria de jazz al parque en el 2009 y Raúl me llamó para tocar en la hamburguesería con él y entonces fuimos como juntándonos.

No fue deliberado, pero si tenía el deseo de cambiar y dejar a la gente de mi generación con la que ya había pasado, digamos, muchas experiencias. Quería expresar otras experiencias.

¿Qué es lo mejor de los músicos de su cuarteto?

Raúl (Platz, Contrabajo) tiene mucha entrega hacia la actividad y es un buscador, está trabajando con muchos proyectos a la vez, tiene varios repertorios y eso lo ayuda a tener más herramientas, más fogueo. Juan Camilo (Anzola, Batería) tiene un pulso muy especial, su conexión con el jazz clásico y la intensidad para tocar. Él es muy vivaz, tiene mucho fuego en su manera de tocar.

Y Gina (Savino, Voz) tiene una voz hipnótica, un tono muy particular que maneja muy bien y lo que más me impresiona de ella es que piensa como músico, como intérprete, más que como cantante. A diferencia del vocalista que se centra solamente en el texto y de golpe se sale a hacer una que otra cosita de adornos, ella improvisa mucho. Por ejemplo yo le pongo una melodía sin texto para que la interprete con sílabas y lo hace con mucha facilidad. Es de las pocas cantantes en el medio que tiene esa capacidad.

¿Qué tanto ha cambiado la escena del jazz, según Óscar Acevedo?

De los treinta años que yo llevo en esta actividad este es el momento más rico. Cada semana yo me entero por lo menos de 10 toques de jazz. En los ochentas había uno al mes o máximo cuatro al mes. En los ochentas éramos 30 personas tocando jazz, ahora somos 300. Entonces hay más diversidad generacional, y estilística, todo.

Dentro de esa diversidad hay una tendencia a tocar un jazz muy de vanguardia que es bien diferente a lo que usted hace. ¿Qué opina de eso?

Yo, Óscar Acevedo, creo que son etapas. Yo tuve una etapa free, y me parece perfecto que la gente pase por esa etapa de descarga absoluta, de no hay linderos, no hay fronteras, no hay libreto, vamos a ver qué pasa. De hecho eso es bueno, cuando la persona tiene un lenguaje y un vocabulario, puede construir una canción de la nada, en el momento. Lo que pasa es que hay gente que se extravía y que cuando se extravían repiten mucho una fórmula y saturan al oyente.

A mí me empezó a interesar cada vez más el contacto con el oyente y por eso cada vez fui dejando eso atrás.

¿A usted le parece más fácil establecer contacto con el público con una música más formal, le gusta tocar standards? 

Si. Hay gente que no le interesa este tipo de música, cosa totalmente respetable, digamos que cree que nosotros no estamos aportando nada y yo respeto esa posición. Hay gente que está rompiendo fronteras, abriendo nuevos caminos, y eso yo lo hice en algún momento.

En este momento me interesa hacer una versión más legible para el público de obras que han sido importantes en los 40s, 50s, 60s, 70s. O por ejemplo yo ahora abordo folclor colombiano y boleros y a mí no me suenan tradicionales, mi articulación no es esa. Entonces es un punto de vista, una versión, una relectura de eso. Una manera de ver las cosas.

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¿Cómo seleccionó el repertorio para el DVD?

Yo he tratado de generar un colectivo en el cuarteto, que cada uno aporte. Gina trajo dos canciones que son “No Voy a Quedarme” y “Parió la Luna”, un bambuco y un currulao, yo puse las que yo escribí, y los standards realmente nos pusimos de acuerdo cuando ya establecimos una regularidad con fechas frecuentes.

Tocamos muchos sábados y muchos jueves en la hamburguesería de la quinta, entonces yo iba trayendo canciones nuevas, iba proponiendo arreglos, íbamos fogueándolos con el público, tanto ahí como en Andrés DC.

¿Cómo va a ser el concierto?

Yo prometo mantener la chispa encendida, darle fuego a eso, que sea vivo, que sea real, que sea dinámico, que haya entrega. Que marque las personas, que signifique algo para la gente. Yo creo que si los miembros del cuarteto estamos comprometidos con eso, el público lo recibe así, lo siente así y lo vive un poco con más intensidad.

La conexión con el público es bien importante para usted, ¿hay algo espiritual en eso? 

Digamos que la música es otra forma de religión, una forma más democrática. La actividad grupal transmite un mensaje de convivencia. Cuando usted hace un grupo usted ya está diciendo: aquí convivimos, ya no soy un solista -un individuo que toca aislado del resto- si no que somos un colectivo que “tranzamos” ciertas cosas.

En una banda hay que “tranzar” muchas cosas. Entonces, realmente, ese es el mensaje que me interesa, por ejemplo, de la música sinfónica. Cuando yo veo a todo el mundo funcionando en pro de una sola partitura con una sola batuta también veo una comunión, una comunidad. La música definitivamente es un lenguaje que acoge, que acopla, que da pertenencia, y que integra.

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Abril
13 / 2021

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