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Julieta Venegas: “En México se hacen cumbias y en Colombia, rancheras”

Diners conversó con la cantante mexicana Julieta Venegas sobre su nueva canción a propósito de su reciente visita a Bogotá.

Foto: Cortesía Altafonte Music

Diners conversó con la cantante mexicana Julieta Venegas sobre su nueva canción a propósito de su reciente visita a Bogotá.

Antes de empezar la entrevista, le pregunté a Julieta Venegas si estaba bien de ánimo. Dijo que sí. Luego lo pensó y dijo: “Aunque si no lo estuviera, no tendría sentido decírtelo justo antes de empezar una conversación”. 

Estábamos en el lobby del hotel La Quinta, en Bogotá, en la carrera 5, entre calles 74 y 75. El lugar, que parece más una casa de familia que un lugar público, es acogedor. Nos sentamos frente a una biblioteca y hablamos. 

Julieta Venegas es seria, pero amable. Nos saludamos de la mano. Sonrió, pero no excesivamente. A medida que la conversación avanzaba por las sendas que le interesaban, su disposición aumentaba. Al final, aunque el tiempo se había acabado y nos habíamos parado del sofá, seguimos hablando porque la charla ya tenía un ritmo difícil de interrumpir.

Tiene 51 años, nació en California (Estados Unidos), pero creció en Tijuana (México). Compositora, cantante, acordeonista, pianista y guitarrista, Julieta Venegas ha estado en el mundo de la música desde niña, pero su éxito internacional llegó en 2003, cuando lanzó , el tercero de siete álbumes de estudio que ha publicado desde 1997 hasta ahora, que está trabajando en el octavo. 

De ese proyecto solo se conoce un adelanto, Mismo amor, que salió recientemente y que fue una de las razones de esta conversación. La otra fue su visita a la conferencia ‘Una música presente’, en el marco de la Feria del Libro de Bogotá, y sus conciertos el 6 y 7 de mayo en Bogotá y Medellín, respectivamente.

En su presentación en la capital, vestida de rojo y con su banda compuesta por una batería, un contrabajo y un piano, Julieta Venegas habló del tiempo que duró separada del público por cuenta de la pandemia y de cómo esto le permitió pensar en su vida. Además, cantó con el dúo colombiano Las Añez.

Venegas tiene una fuerte relación con Colombia en varios niveles. El más obvio es el musical, pero también está el amoroso y el literario. Fue pareja de Jorge Villamizar (Bacilos) con quien compuso su éxito Limón y sal, que le dio el título a su cuarto disco. Además, es lectora asidua de la escritora bogotana Carolina Sanín. 

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Hablamos de ese tema, pero también de su participación en la banda Tijuana No!, de su experiencia al colaborar con Bad Bunny y de sus intereses a la hora de componer. 

¿Qué se debe tener para grabar con artistas tan diferentes como Jorge Drexler, Los Ángeles Azules o Bad Bunny?

He intentado tener la mente abierta. Nunca he sentido que por hacer una canción con alguien no pueda hacer otra con alguien más. La música es música, y mientras venga de un lugar genuino me atrae, me da curiosidad. 

¿Cómo fue la experiencia con cada uno de ellos?

Con Jorge Drexler ya éramos amigos. No sé si habíamos colaborado, pero seguramente yo había cantado alguna canción suya o algo. Con Los Ángeles Azules fue hermoso porque a mí me encanta la cumbia y yo nunca había podido trabajar con ellos, pero se dio cuando fueron a Argentina. 

¿Y en el caso de Bad Bunny?

Fue su productor, Tainy, el que me escribió. Me dijo que tenía una canción escrita por Benito y que le gustaría que yo le escribiera una respuesta. Me encantó la manera de proponérmelo. Tainy me parece un tipo bonito, talentoso y generoso. No es común que a uno le suelten una canción para que haga lo que quiera con ella. 

Esa canción hizo que mucha gente le diera la oportunidad a Bad Bunny porque si cantó con usted, algo debe tener de bueno.

Yo creo que hubo más gente que empezó a oírme gracias a Bad Bunny. Por lo menos los de generaciones jóvenes. Pero a lo mejor los de las generaciones anteriores sí estaban negados con su música y le dieron un chance. Lo divertido fue hacer la canción y lo que venga después, está perfecto. 

Uno de los primeros grupos en los que usted participó fue Tijuana No! ¿Queda algo de esa Julieta Venegas?

Cuando estaba en ese grupo empecé a escribir canciones. Son mis amigos. Nunca voy a sentirme ajena a Tijuana No! Les tengo mucho cariño a ellos y a esa etapa de mi vida. Si yo no hubiera conocido a esos tipos probablemente no hubiera seguido el mismo camino, porque antes de eso yo estudiaba piano clásico. Sin embargo, ya estando con ellos me di cuenta de que no quería seguir por ahí. Yo quería escribir canciones con historias más personales, y la onda de ellos es más politizada. Admiro mucho eso, pero lo mío era por otro lado. 

¿Cuál es ese lado?

Cuando empecé a hacer mis discos, sentí que estaba contando mi propia historia a través de lo instrumental y lo lírico. No me basaba en ningún estilo y todavía no lo hago. No intento sonar como alguien o como algo que ya exista. Tijuana No! era un grupo de reggae y ska: se basaba en ritmos y estilos. Eso, de entrada, no era lo que yo quería. Siento que si me encasillo en un estilo voy a perder algo. 

¿A Julieta Venegas le interesa más el camino de la composición que el de la interpretación?

Sí. Es muy distinto el trabajo de un intérprete que el de un compositor. Por otro lado, siento que ha cambiado mucho el paisaje de la música desde que las mujeres estamos componiendo y presentando nuestros proyectos. Antes nosotras éramos las cantantes. Así aportamos un poco, pero ahora estamos cambiando los estilos, formas y colores de las canciones. 

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Ahora que está en Bogotá, ¿qué relaciones encuentra entre Colombia y México?

Hay una afinidad musical importante. También, en la comida, tenemos el maíz en común, aunque en cada lugar con sus particularidades. Lo otro que nos une es la presencia indígena. Pero, para volver a la música, me parece impresionante que en México se haga cumbia colombiana y que aquí se hagan rancheras. 

A usted le gustan los escritores de acá, si no me equivoco…

Me gusta Carolina Sanín, sobre todo. Somos luces abismales y Tu cruz en el cielo desierto son dos libros que rompen todo lo que se piensa de una mujer latinoamericana. Llega a unos lugares que son incluso incómodos. Que alguien pueda llevarte en una narración y que no sepas para dónde vas es muy interesante. Pero lo que más me impresiona es que pone en cuestión el término de autoficción. 

Eso último que dice me hace pensar en la literatura de Roberto Bolaño, que toda es autorreferencial…

Bolaño es de mis escritores favoritos y creo que cambió muchas cosas. Para mí representa un momento de quiebre en la literatura latinoamericana. El hecho de que ya no esté me parece muy triste porque estoy segura de que hubiera abierto más cabezas. Sus constantes juegos entre la autobiografía y los géneros literarios de ficción me parecen bonitos. Para mí, 2666 es un libro imprescindible, con un enfoque muy feminista. 

Finalmente, ¿qué nos puede contar de su canción más reciente, Mismo amor?

En esta canción yo quería contar una historia de tensión amorosa. Que no fuera el principio o el final de la relación sino un momento de quiebre. Si quieres, pero me demuestras otra cosa, ¿no? Por eso sale el equilibrista al principio del videoclip, para mostrar esa cuerda floja. No queríamos ser literales. Además, es muy bailable. 

¿El disco que está preparando es así?

No todo el álbum. Puedo contar que ya está listo y es probable que lo saque en julio de 2022.

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Mayo
12 / 2022

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