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“De grandes expectativas solo quedan grandes decepciones”, Ángela Becerra y su libro: Algún día, hoy

La escritora revive a Betsabé Espinal, una de las líderes de la primera huelga obrera organizada por mujeres y crea una historia de feminidad que transcurre alrededor de una la lucha constante de las mujeres por sus derechos.

Foto: Angela McKay/ Planeta Arte & Diseño

La escritora revive a Betsabé Espinal, una de las líderes de la primera huelga obrera organizada por mujeres y crea una historia de feminidad que transcurre alrededor de una la lucha constante de las mujeres por sus derechos.

Desvelada frente al televisor, la escritora caleña Ángela Becerra iba cambiando canales cuando se detuvo en los últimos minutos de un documental que relataba hechos extraordinarios sobre el primer movimiento real y activo de Latinoamérica en pro de la libertad y la dignidad de las mujeres.

Sin pensarlo dos veces, cogió su libreta y apuntó el nombre de Betsabé Espinal, una excepcional joven, de quien solo se sabía su nombre, sus 23 años de edad, que su mamá estaba en el manicomio y que en febrero de 1920 lideró la primera huelga sindical de las mujeres en Colombia: la de las trabajadoras de la Fábrica de Tejidos de Bello.

Después de eso se adentró en una labor de investigación y creatividad que fueron la base de las 800 páginas de Algún día, hoy, esta novela que, como dice su autora, la ‘secuestró’ durante 6 años ininterrumpidos y que le dieron alas para relatar una de las historias femeninas más inspiradoras del país con un toque mágico de ficción envuelto de naturaleza, amor, amistad y sufrimiento.


Becerra se tomó la licencia para adelantar históricamente a algunos personajes de su línea de tiempo con el fin de hacerlos coincidir en estas páginas, como a Simone Weil (filósofa francesa), Frida Kahlo Salvador Dalí Luis Buñuel, Débora Arango, entre muchos otros personajes entrañables que harán vivir al lector una experiencia extrasensorial donde olerá alimentos, escuchará a la naturaleza y convertirá los sentimientos de los personajes en sus propios sentimientos.

Diners conversó con su autora sobre su obra ganadora del prestigioso premio Fernando Lara de Literatura 2019, que la convierte en la segunda mujer latinoamericana en hacerse con este galardón después de la cubana Zoé Valdés en 2003, quien escribió Lobas de Mar.

¿Estaba en sus planes ganar este premio?

Nunca escribo con ansias de llegar al final, simplemente disfruto el camino. En este caso, no sabía que iba a ser un camino tan largo y que me iba a enamorar tanto con la historia que sentía que me alimentaba de ella.

Lo del premio fue una ñapa. Cuando salió la convocatoria, ya la había pulido y pensaba publicarla en junio. Sin embargo, surgió la posibilidad de inscribirla en el premio, aunque no lo hice con mi nombre, ni con el nombre original de la novela.

Allí me puse Emma de apellido Nuel y a la novela: “De sangre y fuego”. Luego me llamaron para una cena en Sevilla y allí me dijeron que era la ganadora. Fue muy emocionante, no solo porque la historia se lo merecía, sino por Betsabé Espinal, quien vivió durante muchos años bajo ese manto de olvido. También fue un premio a ese canto de liberación de las mujeres y todo lo que comprende la novela.

En 2013 empezó a escribir, pero tenía muy pocos datos de Betsabé…

Fue difícil porque solo contaba con el momento de la huelga, donde Betsabé se hace visible. De ahí encontré que nació en 1896, que participó activamente de la huelga y luego entró en el anonimato hasta su muerte.

Esto abarcó solo unos cuantos capítulos de la historia, así que era una oportunidad para inventar todo un universo y darle la vida que no tuvo, para envolverla en un magia especial, en la que ella misma sugiere su fuerza, su punto salvaje y la posibilidad de adentrarme a su mundo por primera vez.

¿Tenía claro cuál iba a ser el tono de la novela?

No lo sabía; sin embargo, la novela me lo iba a decir, como por arte de magia, ella me decía qué camino debía seguir.
El primer capítulo me salió directo, no tuve que moverle ni una coma. De hecho, cuando le puse el punto final descubrí el tono: sería épico, mágico y especial.

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¿Cómo logró escapar del lugar común?

Es algo que viene desde niña, yo siempre he sido muy fantasiosa. De hecho, a mí no me gustaba jugar con otros niños, porque vivía ensimismada. Mi madre decía que me dejaran tranquila porque yo vivía en otro mundo y así era.

Cuando salía del colegio hacía papelitos y los metía en los rincones de los muros. También metía a las muñecas debajo de la cama y las espiaba para ver qué hacían cuando no las veía.

Siempre pensaba que había otras vidas y que si uno estaba atento podía darse cuenta de ese universo. También corrí con la fortuna de escribir desde muy pequeña y como era pobre, ponía en las historias a una niña a vivir lo que yo no tuve, entonces todo era posible.

¿Qué tanto de Ángela Becerra tiene Betsabé Espinal en la novela?

Ella me regaló la posibilidad de adentrarme en mi memoria infantil y empezar a darle lo que yo vivía de pequeña. A mí me gustaba meterme entre los charcos, iba siempre descalza y recogía renacuajos que me echaba al bolsillo, con lo que luego mi mamá se moría de angustia.

También le di mi obsesión con el agua porque al igual que ella, no sabía nadar. Todas esas cosas entraron en la novela y cuanto más me pedía, más le daba. Fue una unidad entre Betsabé y yo porque me empecé a identificar con ella y ella empezó a hablar por mí.


Betsabé Espinal.


Cuando llegué a la parte de la adolescencia, también estoy ahí. Le regalé mi rebeldía, aunque estoy segura de que ella fue más rebelde. También hice una simbiosis con el personaje que me permitió adentrarme en su alma y escribir un diario personal de ella en primera persona.
Los personajes son variopintos, algunos machistas, millonarios, otros amorosos y fraternales…

Son tan variados que están pensados para identificarnos con cualquiera de ellos a lo largo de la novela. Por ejemplo, con los niños que tienen la capacidad de asombro ante todo y que no creen que haya cosas malas a su alrededor. Con los jóvenes y su rebeldía y con los adultos que saben que no todo lo pueden lograr y que deben pactar con la vida para sortear las dificultades y llegar a la felicidad.

¿Qué rescató de esa Medellín del pasado?

Todos los cambios políticos y sociales, como por ejemplo, estaba empezando el socialismo criollo, también estaban los cambios tecnológicos que muestran a esta Medellín que pasa de la penumbra a la luz con los automóviles, las construcciones belgas y los nuevos barrios.

También rescato toda la investigación porque te tienes que convertir en un detective que va indagando y va levantando cosas para encontrar entre estas páginas una foto que te transmite algo.

Se puede leer como una novela atemporal que tiene a una mujer empoderada como protagonista

Betsabé puede ser de esta nueva feminidad. Y salió de forma fortuita porque no es normal que prenda el televisor en la madrugada y me encuentre con esos ojos mirándome fijamente. Ella me estaba gritando: ¡Sácame de la oscuridad en la que estoy porque tengo cosas que decir!

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La novela se gestó antes del potente discurso de Emma Watson en las Naciones Unidas, que prácticamente fue el detonante del nuevo discurso femenino, que como el de Betsabé, empieza a arengar por sus derechos, que tan básicos como los de esa época, eran un salario justo, poder entrar con zapatos a la fábrica y no tener que ser violentadas sexualmente por capataces.

Patronato de obreras, 1918.


¿Qué toma y qué deja de toda la historia del feminismo?

Del primer feminismo no me gustó nada, era rancio y no respetaba el ser mujer, porque los comportamientos de esas mujeres eran renunciar a la feminidad y adoptar comportamientos masculinos para ser respetadas. Muy diferente al de hoy que exalta a la mujer y le da un aval importante para sentir y aportar a este mundo.

El feminismo de ahora es coherente con lo que representa la mujer, su cuerpo, su maternidad, todo, y el hombre tiene que sumarse porque así entenderá que todos estos cambios lo van a beneficiar. Podrá descargar de la fuerza obligada que debe tener, de la contención de sus emociones y que podrá vivir en un mundo mucho más justo.

¿Cómo fue su relación con sus editoras?

Cuando trabajo lo hago sola y cuando la entregué en la editorial no me le cambiaron nada, porque la trabajé religiosamente y la revisé de tal forma que si algo no me gustaba lo borraba del todo y empezaba el día siguiente.

Después de eso no volvía a corregir los capítulos porque se perdía la frescura del momento, del estado de ánimo con el que escribí la historia.


Ángela Becerra. Foto: Ramón Eguiguren.


¿Considera que dejó la vara bastante alta para su próxima novela?

Vivo el presente, es de las cosas que aprendí porque de las grandes expectativas solo quedan grandes decepciones; de las pocas, se generan pocas decepciones; y si no tienes, pues no queda ninguna.

Esta novela salió así porque no estaba esperando nada, empezó como un hilo finísimo pero tan fuerte que ni el diablo lo puede romper, como dice el famoso dueño de la fábrica en la novela.

No sé que se viene en el futuro, pero los escritores siempre dicen que su última novela es la mejor y así lo creo yo porque me absorbió muchísimo, me secuestró y ahora tengo ganas de vivir un poco. Ya veremos qué historia aparece y me pone a soñar otra vez.

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Junio
12 / 2019

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