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¿Por qué Cali fabrica las mejores arpas del mundo?

Desde 1988 funciona en la Zona Franca de Cali una fábrica donde estos instrumentos se construyen con altísima calidad. Técnicos italianos supervisan la producción.

Foto: Unsplash/ CC BY 0.0

Desde 1988 funciona en la Zona Franca de Cali una fábrica donde estos instrumentos se construyen con altísima calidad. Técnicos italianos supervisan la producción.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 273 de diciembre 1992

El trópico queda atrás después de cruzar la puerta donde se fabrican las arpas más finas del mundo. Son los códigos de la Europa florentina los que se abren entonces como una partitura. A medida que José Joaquín Montalvo Forero, el ingeniero industrial caleño que está al frente de esta industria, va narrando las peripecias y el posterior desarrollo de su fábrica de arpas, la incredulidad da paso a la certeza.

Cuando en Colombia se menciona el arpa, muchos se remiten a los llanos Orientales. Pero aquí, en la única fábrica de arpas de concierto de América Latina, los pregones de Ay, mi llanura o El pájaro campana desaparecen para ser sólo un símbolo en el escritorio de Montalvo, una evocación folclórica que se materializa en el arpa del Paraguay que conserva como recuerdo de ese país.

¿Pero, cómo fue que se empezaron a construir aquí las mundialmente famosas arpas Salvi?

Vittorio Salvi y Julia, su hermana, son primos de José Joaquín Montalvo. Vittorio visitó Cali y quedó convencido de las posibilidades de la ciudad para llevar a cabo este tipo de industria: «Sobre todo por la excelente mano de obra-dice Montalvo- y la capacidad colombiana para la comprensión de cualquier tecnología».

Salvi, de 70 años, tocó bajo la batuta de Arturo Toscanini en Nueva York, y desde hace cuarenta años decidió fabricar su instrumento predilecto con todas las exigencias que requiere este tipo de arte. Desde suiza, se dedicó entonces al trabajo riguroso de rescatar las claves esenciales de manos de viejos artesanos.

Contratar los primeros luthiers constructores de instrumentos fue trabajo de paciencia y curia. En Diminutas aldeas europeas este arte se transmite de generación en generación y forma un gremio tan exclusivo como el de los perfumistas.

Salvi, hijo de emigrantes italianos, nació en Estados Unidos, pero ha vivido siempre en Italia junto a su familia, poseedora de gran tradición en el mundo del arpa.

Así el Ministerio de Desarrollo dio el visto bueno inicial para sacar adelante un proyecto que exigía un despegue sencillo, sin complicaciones: «Los obstáculos vinieron después reconoce Montalvo, pero poco a poco se llegó a estructurar la planta de hoy, hasta empezar la producción en firme en enero de 1988».

MENUDO PROPÓSITO

El arpa es uno de los instrumentos más complejos que existen; su fabricación requiere mucha mano de obra; el aprendizaje del oficio es tenido por elitista y costoso. Antes de la creación de esta fábrica, en la Zona Franca de Cali había decrecido la oferta de instrumentos de estudio; el resurgir de este instrumento ha constituido tema reciente en The New York Times, en el que las arpas de Cali reciben elogios dentro de un artículo titulado El arpa está de moda.

Para hacer un arpa Salvi en Cali debe ser derribado en los bosques de Canadá un arce de cuarenta y cinco años de edad. El golpe del árbol al caer no le reserva, aparentemente, una historia armónica y brillante como la que le deparan las manos de cincuenta y dos artesanos colombianos que lentamente convierten aquella madera preciosa en un instrumento que puede costar entre 1.500 y 4.000 dólares.

Netherinver Holding & Trading Ltd. como se llama esta compañía establecida por José Joaquín Montalvo, importa anualmente tres contenedores con madera de arce convertida en tablas, tablones, cuartones y chapillas.

Esta madera, cortada únicamente en invierno, despide un perfume que habla de la naturaleza de su especie.

Apilada a un lado de la planta, entra luego en contacto con la maquinaria italiana y americana entre la que se cuentan sierras, sinfines, calibradoras y pantógrafos de dieciocho cabezas. La chapilla del arce es conservada una cámara humectadora, con un ochenta y cinco por ciento de humedad, para permitirle maleabilidad.

La caja armónica, parte central del arpa, construida en abeto importado de Alemania, debe permanecer en la cámara de secado durante ciento veinte días para extraerle la humedad. Dentro de este trabajo de todos los días en esta fábrica se produjo, como resultado de la necesidad, una pulidora de base ecualizable que permite un acabado perfecto.

El cepillado y pulimento de la columna, la corona y la caja armónica, partes esenciales del arpa, se lleva a cabo teniendo en cuenta especificaciones de calidad total. En su etapa final las arpas reciben el acondicionamiento del mecanismo con 38 ó 46 cuerdas; están son metálicas, de tripa y de nylon. Las metálicas son producidas en la misma planta, así como las partituras. Todo el trabajo de planta supervisado por el luthier italiano Mario Parisotto, quien, con veinte años de experiencia en esta producción, recuerda aún sus inicios en la casa Salvi de Italia.

Cali, Chicago, Cuneo-población cercana a Torino, Italia- y Saint-Croix en Francia, son los cuatro puntos de la Tierra donde se fabrican hoy las arpas Salvi.

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Se sabe del arpa 600 años a. C. Los egipcios desarrollaron este instrumento hasta convertirlo en un símbolo sagrado dentro de sus ceremonias. En Ecuador, igualmente, los indios lo utilizaban en el rito nupcial. El arpa popular ha tenido gran difusión en Ecuador, Chile, Argentina, Bolivia, Paraguay y Colombia (Llanos Orientales).

Las arpas que salen de Cali hoy, tienen como destino Francia, Estados Unidos, Suiza, Italia, Alemania, Inglaterra, España, Países Bajos, Austria, Israel, Japón y Corea. En Colombia sólo se ha vendido una de ellas y, dice Montalvo, es probable que en los próximos días se negocie otra.

Aunque el músico predilecto de Juaco así lo llaman familiarmente sus amigos es Borodin, se extasía en el sonido que producen sus arpas cuando le toca escuchar Claro de Luna, Arabesque o la Sonata quasi una fantasía, de Beethoven. Parisotto, discípulo de Carlo Parodi, prefiere a Tchaikovsky («Es un loco parecido a mi») y los cantos gregorianos.

Es el único europeo que queda en la planta de Cali. Inicialmente trabajaron Alejandro Sarmiento, jefe de producción de cuerdas, un colombiano con veinte años de experiencia en Estados Unidos, dos italianos y un suizo.

La tarea de pulimento es realizada exclusivamente por mujeres, para imprimir a la superficie del instrumento una delicadeza que sólo pueden lograr manos. Ellas, con tinta al agua, le dan el color inicial antes de las cuatro manos de pintura, dos de sellado y dos de laca.

En la cámara especial se afinan las arpas en un proceso que dura de doce a catorce horas. La afinación es electrónica; todas las piezas metálicas, plaquetas, palancas, pines, trastes, llegan de Suiza y tienen ajuste perfecto.

Las arpas de exportación de Cali compiten hoy en el mercado mundial con las marcas Aoyama, Venus, Camac y Lyon & Healy. Con la fábrica de Cali, Salvi domina ya el 85% del mercado mundial del arpa: una noticia de muchas repercusiones armónicas para Colombia.

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Junio
07 / 2019


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