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Clásicos colombianos: Pedro Gómez Valderrama

Juan Gustavo Cobo Borda recuerda la obra del cofundador de la revista MITO (1955-1962), donde sus colaboraciones se encaminaron al estudio del diablo, las brujas, la hechicería y la represión que la Inquisición desató, no solo en Europa, sino también en Tolú y Cartagena de Indias.

Foto: Detalle de la portada del libro "Muestras del Diablo", Sílaba Editores, 2017

Juan Gustavo Cobo Borda recuerda la obra del cofundador de la revista MITO (1955-1962), donde sus colaboraciones se encaminaron al estudio del diablo, las brujas, la hechicería y la represión que la Inquisición desató, no solo en Europa, sino también en Tolú y Cartagena de Indias.

Muestras del diablo
Pedro Gómez Valderrama.
Sílaba Editores, Medellín, 2017.
218 páginas.

Pedro Gómez Valderrama (1923-1992) era un santandereano que se destacó como jurista y compartió oficina con Carlos Lleras Restrepo. Pero el hombre público, que fue ministro y embajador, escondía un secreto, ser hombre de letras y un intelectual que siempre dio la cara por la libertad.

Fue así cofundador de la revista MITO (1955-1962), donde sus colaboraciones se encaminaron al estudio del diablo, las brujas, la hechicería y la represión que la Inquisición desató, no solo en Europa, sino también en Tolú y Cartagena de Indias. Un recorrido fascinante que con innegable erudición nos habla de esas mujeres que, en ciertas noches, levantan vuelo para reunirse en aquello que la expresión vasca aquelarre designa: el prado del macho cabrío.

Allí se realizará una ceremonia donde se adorará a ese dios oscuro de los bosques que, embriagado desde la época griega de Baco, danza eufórico y, arrebatado, seduce a jóvenes y viejas. Íncubos y súcubos que se acoplan y satisfacen en una liberación de prejuicios y ordenanzas provenientes de la religión y del orden feudal que todo lo jerarquizaba.

Por ello, cuando se inicia la persecución de esa ruptura, con bula papal incluida, la tortura se aplicará con saña, obligando incluso a confesar lo que no había sido, para así suspender el dolor y empezar a registrar síntomas reveladores: los auténticos brujos son incapaces de llorar. No tienen lágrimas.

En la Inglaterra de 1600, en época del rey Jacobo, se ejecutarían setenta mil brujas. En siglo y medio, a partir de 1404, el Santo Oficio de la Inquisición quemó treinta mil hechiceros. Estas cifras dan idea de ese submundo de detenciones, delaciones, persecuciones y purgas que castigaron tanto a los cátaros como a los judíos, entre la culpa y la ignominia.

Vea también: Quiltras, un libro de cuentos de Arelis Uribe

Mucho más encierran estas páginas donde se transcriben documentos de la época, se llega a la Revolución francesa y al marqués de Sade, que en la Bastilla redacta sus prolijas novelas agobiantes, donde la libertad clama por vencer la intolerancia.

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Marzo
06 / 2018

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