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Nicanor Parra por Juan Gustavo Cobo Borda

«Mucha falta nos hará Parra, pero sus poemas conservan todo su fuego subversivo», escribe Cobo Borda sobre su compañero poeta.

Foto: Biblioteca del Congreso Nacional-Wikimedia Commons (CC BY 3.0)

«Mucha falta nos hará Parra, pero sus poemas conservan todo su fuego subversivo», escribe Cobo Borda sobre su compañero poeta.

Nacido en 1914, el poeta chileno Nicanor Parra ha muerto dejándonos el legado de una obra original y transgresora que se caracterizó como “antipoesía”. Hijo mayor de una familia numerosa, su hermana fue la célebre cantante Violeta Parra, junto con la cual estudiaron el folclor rural de su país, incorporando dichos, gracejos y bromas picantes a sus producciones y una música popular de cueca, vino y fiesta provinciana.

Parra comenzó por estudiar física y matemáticas para graduarse como profesor. Luego, con sendas becas estudió mecánica avanzada en Brown, Estados Unidos, y cosmología en Oxford, Inglaterra.
Sus primeros versos, Cancionero sin nombre, de 1937, pagan su deuda con Federico García Lorca y asume una mirada aldeana, de idilio juvenil y pobreza familiar.

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Pero en 1954 viene la gran ruptura con Poemas y antipoemas, donde se intenta abandonar el Parnaso y caer a tierra en pos de una poesía directa y sin tantos floripondios, que hable con saña de mujeres que son víboras y participen de Freud a Mao en el baile. Una danza macabra, al borde del abismo y en plena Guerra Fría. Con su cara de palo, de actor italiano de la posguerra, cuando lo conocí en México y le solicitamos el título para una antología que haría Julio Ortega, dijo sin vacilar: Poemas para combatir la calvicie.

Lo admiraron y lo tradujeron muy pronto los beatniks de Estados Unidos y dos libros posteriores, La cueca larga y Canciones rusas, muestran la fidelidad a sus raíces y sus referencias cultas y universales. Fue un brillante traductor de Shakespeare y se preocupó por el tema ecológico.

Mordaz e incisivo, lo criticaron por todo. Por quedarse en el Chile de Pinochet y por viajar a Estados Unidos donde la esposa de Johnson lo invita a tomar un té. Ante la protesta de los cubanos se limita a decir: “Cuba sí, yanquis también”. Era el inicio de sus famosos Artefactos que estallaban como una granada explosiva. “La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”.

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Mucha falta nos hará Parra, pero sus poemas conservan todo su fuego subversivo.

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Febrero
22 / 2018

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