“Breaking bad” en Latinoamérica: de Walter White a Walter Blanco

Ante el estreno de la versión en español de la serie estadounidense “Breaking Bad”, un fanático de la saga comparte sus expectativas sobre dicha versión en Latinoamérica.
 
POR: 
Jose D. González M.

Empecé a ver Breaking Bad cuando los premios y las nominaciones ya no se podían contar con los dedos de las manos. Reconozco que muchas veces necesito de esa clase de sanciones de la crítica para darle la oportunidad a un libro, a una película o, como en este caso, a una serie de televisión.

Se habían completado ya las dos primeras temporadas y decidí actualizarme armado de un computador, una conexión a Internet y los mejores días de Cuevana. Lo que nunca pensé fue que me fuera a poner al día como si se tratara de un maratón de esos que acostumbran a hacer las cadenas de cable, viendo hasta tres episodios por día. En menos de dos semanas había despachado los veinte primeros capítulos. Estaba listo y ansioso por ver la tercera temporada.

Para los que aún no la hayan visto, una sinopsis al mejor estilo de Wikipedia. Breaking Bad cuenta la historia de Walter White, un profesor de química de escuela secundaria, casado, padre de un hijo adolescente discapacitado y de un bebe en camino, a todas luces no planificado. Diagnosticado con un cáncer de pulmón en etapa terminal, Walter empieza a cocinar y traficar con metanfetamina para dejarle un fondo de reserva a su familia y pagar las facturas de su tratamiento. Para eso se asocia con un alumno suyo, Jesse Pinkman, inmiscuido en el tráfico minorista de drogas.

Muy pronto Walter White empieza a llevar una doble vida. Por un lado es “Walt”, el sufrido padre de familia aquejado por la enfermedad, y, por el otro, Heisenberg, el genio criminal capaz de producir una anfetamina de altísima pureza.

Breaking Bad es una serie muy adictiva. Cada capítulo es definitivo y suele terminar con un “cliffhanger” que lo deja a uno literalmente colgado. Y como si fuera poco, tiene una calidad visual más propia del cine que de la televisión. Los paisajes y la luz de Albuquerque, Nuevo México, donde se desarrolla la serie, brillan y dan una atmósfera única a la historia. Pero no todo se reduce al suspenso y a la excelente cinematografía. A todo esto se suma un gran elenco de personajes; Walter White, quien al mismo ritmo con el que avanza la serie se vuelve capaz de las peores vilezas; Jesse Pinkman quizá el único personaje con el que se puede crear cierta empatía porque duda y se cuestiona; o Hank Schrader, el detective de la DEA, tan lejos de los pasos de Walter, su cuñado.

En Breaking Bad los personajes se ven siempre en situaciones que los obligan a elegir entre el bien y el mal. Cada elección conlleva consecuencias inimaginables. Pero quizá el mayor mérito de la serie es la implicación que consigue de lo espectadores con respecto a los situaciones en las que se inmiscuyen los personajes. Como televidente me he preguntado muchas veces hasta dónde sería yo capaz de llegar; cuáles serían mis límites, inclusive me he sorprendido al tomar partido donde no había elección posible.

Mientras esperaba los últimos diez episodios de la serie, me enteré de que habrá una versión en español. Un viejo conocido de la televisión colombiana, Diego Trujillo, personificará a Walter Blanco. Roberto Urbina —quien participó en la primera parte de la película Che de Soderbergh— hará de Jesse. Sandra Reyes será Cielo, la esposa de Walter, y Julián Arango será el cuñado.

Me pregunto si Trujillo estará a la altura de tres veces ganador del Emmy Bryan Cranston; si seremos de capaces de no convertir la serie en una de esas novelas sobre el narcotráfico tan al uso por estos lados; me pregunto incluso si Jesse escuchará reguetón en lugar de hip-hop; qué pasará con los colores y la intensidad lumínica de Albuquerque. Habrá que darle una oportunidad.

         

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enero
9 / 2015