Portada: Verónica y Ana María Orozco, inseparables

Aunque son polos opuestos, las hermanas– que por estos días se enfrentan en las tablas- se complementan. Las actrices hablaron de lo importantes que han sido la una para la otra a la hora de afrontar los retos que les ha puesto la vida.
 
Portada: Verónica y Ana María Orozco, inseparables
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POR: 
Sandra Martínez

(Vestuario foto principal: Ana María, enterizo Naf Naf; Verónica, vestido de Amelia Toro. Mobiliario: Zientte)

No es una farsa. No es una novela. No interpretan un papel. Ana María y Verónica Orozco son hermanas y la relación que sostienen es única, auténtica, reveladora. En un chat que tienen comparten cada detalle de su vida, desde lo más profundo hasta lo más banal, se ponen apodos entre sí, y, ante todo, saben que pueden confiar la una en la otra. Desde niñas, desde siempre.

Ana María es la mayor de tres hermanas. Tiene 43 años. Es más callada, un poco introvertida, melancólica. Se le nota en sus ojos y en la manera en que se mueve. Siempre despacio, tranquila, conteniendo la respiración. Verónica es la menor. Tiene 37. Es más espontánea, arriesgada, temperamental. Ambas cuentan que lo que más recuerdan de su infancia es cuando buscaban disfraces dentro del baúl de su padre, el actor Luis Fernando Orozco, uno de los pioneros del café concierto en Colombia. Las tres jugaban durante horas, sin parar, a ser alguien más – Juliana es la hermana del medio y aunque no siguió la carrera artística, vive en España y tiene una gran talento histriónico–.

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La actriz grabó ‘No olvidarás mi nombre’, la nueva novela escrita por Fernando Gaitán y dirigida por Rodrigo Triana, que tiene varias miradas sobre el conflicto colombiano

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En su memoria también permanece la huella del divorcio de sus padres, una experiencia que las hizo madurar muy jóvenes. “Fue una niñez llena de altibajos y de cambios, nada estable, pero nos hizo crecer con un gran poder de adaptación”, asegura Verónica.

Con seis años de diferencia entre ambas, Ana María siempre ha cuidado de su hermana. “Para mí siempre ha sido mi hermanita, mi chiquita, mi adoración”, afirma emocionada. Y Verónica lo confirma: “Ella ha sido muy maternal, muy dulce y protectora conmigo. ¡Es que ella es como de otro mundo, es muy buena, no tiene malicia, es transparente. Nunca habla mal de nadie, nunca!”.
En una época de sus vidas vivieron juntas en un apartamento en Bogotá. Ana María era la acudiente de su hermana en el colegio, veían cine todo el tiempo, salían a teatro, siempre las dos. Ambas ya eran actrices “y la bonita era Juliana y nosotros dos los patitos feos”, dice entre risas Verónica. “Sí, ella arrasaba en la adolescencia, era muy atractiva y tenía, además, una personalidad fuerte y divertida”, afirma Ana María.

Desde ese entonces las dos se dan consejos y se critican a la hora de interpretar un nuevo papel. “La mejor lección que me ha dado Ana María es seguir la intuición, al fin y al cabo es el camino más honesto y el que más nos ha funcionado a las dos”, explica Verónica. “A mí me ha enseñado muchas cosas, a ser más libre, a aceptar más cosas, al camino del sí, a ser más desparpajada (…) Vero es como un sol, muy luminosa. Nos complementamos, nos respetamos y nos entendemos”, asegura Ana María.

En 2001 la menor de las Orozco interpretaba a Magdalena, una niña rebelde en la serie Francisco el Matemático, rol que le valió su primer premio India Catalina, mientras que Ana María se consagraba con su papel de Beatriz Pinzón Solano, la nerd que conquistó al mundo gracias a su carisma e inteligencia en la novela Betty la Fea.

Y aunque el papel le generó muchas satisfacciones, también le trajo algo que nunca pidió: la fama, con su más complejo y visceral peso. “Fue muy sorpresivo, pero al mismo tiempo fascinante. Creo que Ana María jamás se había imaginado interpretar un papel con ese reconocimiento mundial, porque ella nunca ha sido una mujer sedienta de fama (…) Pero le puso totalmente el alma a ese papel, tanto que terminó completamente agotada, pues en esa época las novelas duraban dos años, y estuvo así, en la piel de Betty, jorobadita, tímida, todo ese tiempo”. Verónica recuerda, además, cuando acompañó a Ana María a una gira por España. “Era aterrador, eran cosas que uno no vive aquí, porque allá había paparazzi. Si tomábamos un café eran cámaras por todos lados y a ella le empezaba una gran angustia, porque sentía que estaba expuesta todo el tiempo”.

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Ana María regresó al teatro con una versión de Betty La Fea, la novela que la hizo famosa

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“Trabajamos durísimo, eran jornadas muy intensas. Luego, todo lo que se generó fue muy rápido. Empezamos a grabar y a las tres semanas ya había un boom y fue como una bola de nieve. Pero mientras eso pasaba, yo seguía grabando mis 17 horas diarias. No entendíamos bien lo que estaba sucediendo afuera. Y claro, luego hubo un momento en que todo esto me aturdió. Por un lado es hermoso el reconocimiento, fue inesperado, pero después hay muchas exigencias. La fama trae consigo las dos caras de la moneda (…) Me costó un poco porque era una sumatoria de cosas, de cansancio, estrés y una exposición exacerbada. Pero quedó ahí, en ese momento, hace 17 años, y ya pasó”, reconoce Ana María.

El aprendizaje fue nunca haberse creído el cuento. “Gracias a la formación que me dieron en casa y al camino espiritual interior que tengo, más allá de toda la angustia que me generó, yo sabía quién era yo y lo que quería. Mi prioridad siempre ha sido ser actriz de oficio. La fama no me deslumbraba –y lo digo de corazón–. Así que aprendí a ser más fuerte y a que no me importe lo que digan, nada es tan personal, ya no me afecta tanto lo que pase afuera”, dice.

LA DISTANCIA, LA MATERNIDAD
El amor llevó a Ana María a irse a vivir a Buenos Aires. “No me fui por huir de Betty ni me alejé del país por eso, fue un tema familiar, al fin y al cabo en Argentina también era conocida y había paparazzi”, dice con tono dulce. Se casó en 2005 con el músico argentino Martín Quaglia y durante los trece años que ha vivido por fuera ha actuado en diversas series de televisión como la versión latinoamericana de Amas de casa desesperadas y El regreso de Lucas, que filmó en Perú y se estrenó a finales del año pasado. “Cuando Ana María se fue me dio durísimo. Durante los primeros años viajé mucho para verla. De hecho, la primera vez que fui iba a quedarme dos semanas y terminé quedándome dos meses”, cuenta su hermana.

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Camisa: Naf Naf

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Entre tanto, Verónica se quedó en Colombia y su carrera como actriz tomó impulso. Protagonizó varias novelas como A corazón abierto, Anónima y Bloque de Búsqueda; participó en películas como Soñar no cuesta nada y en 2006 lanzó Las bragas, su primer sencillo musical.

Luego llegaron los hijos, lo que más las ha transformado en sus vidas. Ana María se separó de Quaglia en 2012 pero tiene dos niñas de él, Lucrecia y Mía, a quienes les ha dedicado todo su tiempo y cuidado. Verónica, quien se casó con el sicólogo Juan Sebastián Restrepo, también se convirtió en mamá de Violeta hace cinco años. Y eso marcó, para ambas, una nueva manera de entender el mundo. “Uno pasa a un segundo plano. Mis prioridades son ellas y su bienestar. He podido darles cosas que no pude vivir con mucho amor y alegría, y a la vez siento que me ha sanado montones”, afirma Ana María. “A mí me ha cambiado completamente. La maternidad me enseñó a entender que no somos inmortales. Yo siempre fui un poquito loca, arriesgada, no tenía nunca horarios, era un despelote, me dejaban los aviones. Y esto me aterrizó, me puso un piso que no tenía. Y me encanta”, dice Verónica.

EN LAS TABLAS
Luego de tantos años de ausencia, Ana María regresó en octubre de 2016 a Colombia para grabar la novela No olvidarás mi nombre, escrita por Fernando Gaitán y dirigida por Rodrigo Triana. “La historia tiene diferentes miradas sobre el conflicto colombiano y el personaje que interpreto pertenece a esa parte de nuestra sociedad que está en una burbuja, que es indiferente y no vive directamente la problemática tan compleja y dura, pero a través de la historia empieza a vivirlo en carne propia y a tomar conciencia de lo que está pasando”.

Después de las grabaciones surgió la idea de hacer una versión teatral de Yo soy Betty la Fea y en un tiempo récord reunieron a la mayoría del elenco, ensayaron intensivamente y lanzaron su primera temporada en el Teatro Cafam de Bellas Artes, que va hasta finales de mayo. “Es un personaje que está en mí, que ha sido parte de mi vida. En parte, es como si no hubiera pasado el tiempo. Por otro lado, me preguntaba si me iba a salir igual, pero fue como conectarme de nuevo, como volver a montar en bicicleta y a todos nos pasó lo mismo (…). Después de tantos años, queda lo mejor, queda lo que es, un personaje que hice con todo el amor”.

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Verónica es la protagonista de Duros de Amar, una comedia teatral en la que interpreta a una mujer que se somete junto a su esposo a unas particulares sesiones de coaching

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Paralelamente, Verónica está en temporada, también hasta finales de mayo, en el Teatro Nacional con Duros de amar, una comedia dirigida por Manuel Orjuela en la que interpreta a una mujer que se somete junto a su esposo a unas particulares sesiones de coaching para salvar su matrimonio. Además, luego de diez años de su primer álbum, decidió sacar un nuevo sencillo, Dónde está mi varón, pero aclara que no le quita el sueño producir otro disco. “No me interesa ser una popstar, yo solo quiero cantar. No me desvela ser la más famosa o ‘romperla’ con una canción. Y las cosas iban hacía allá, a hacer un esfuerzo extra y no me sentí con la energía (…) Además, tengo clarísimo que soy una actriz que canto y no una cantante profesional”.

Por lo pronto tienen el sueño de actuar juntas, solo han actuado una vez en un capítulo de Mujeres asesinas donde interpretaron a una monja y una actriz, obsesionadas entre sí. “De hecho, ya estamos ‘craneando’ algo”, confiesa Ana María. Pero, por ahora, paso a paso.Quizás más adelante hagan una gira nacional con la obra de Betty la Fea, mientras que Verónica tiene en mente su participación en la segunda temporada de conciertos Mujeres a la plancha, también en el Teatro Nacional.

Al preguntarles por el futuro a más largo plazo, quizás en una década, los suspiros de ambas son más largos e intensos. Ana María asegura que más allá de la parte material quiere sentirse libre. “Quiero tener más libertad interior, estar sin tantos prejuicios y con más sabiduría para poder entender un poco más de qué se trata todo esto”. Verónica, en cambio, frunce el ceño, se ríe y dice: “Uyy, no sé… Me imagino trabajando en lo que me apasiona, que es esto. Sueño con ser una mejor actriz, porque cada vez entiendo más que una cara bonita se acaba muy rápido, pero creo que una buena actuación es inmortal, queda ahí, para siempre. Y a eso le quiero apostar”.

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abril
25 / 2017