Carmen Maura, al borde del silencio en Sofía y el terco

Carmen Maura, uno de los íconos de la actuación europea protagoniza "Sofía y el terco", actualmente en cartelera. Estuvimos en el rodaje de la historia que trajo a Colombia a la primera chica Almodóvar.
 
POR: 
Carlos Vallejo

Un mapa de trazos temblorosos a lápiz marca el camino de los últimos siete días de rodaje de Sofía y el terco: la línea inicia en el dibujo de la carretera principal de La Calera, en la parte inferior de la hoja, sube hasta La Cantina, pasa por Casa Rosada y Casa Vieja y concluye arriba, en los cuatro árboles que representan El Bosque.

La cita fue en Casa Rosada, en la vereda El volcán. Allí, tras media hora por carretera destapada, están las cerca de 30 personas involucradas en la producción de Sofía y el terco, la ópera prima del director paisa Andrés Burgos. La noticia es su protagonista: la española Carmen Maura, ganadora de cuatro premios Goya y primera musa de Pedro Almodóvar, tan importante en su carrera que le ayudó a financiar Pepi, Lucy Bom y otras chicas del montón (1980), su primer largometraje, y protagonizó ocho de ellos, incluido Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), nominado a un Óscar a Mejor película extranjera.

Andrés Burgos es conocido como libretista de televisión y escritor: ha publicado las novelasManual de pelea, Nunca en cines y Mudanza.Cuando escribía la telenovela Hasta que la plata los separe, en una escena los protagonistas iban al mar, y uno de ellos no lo conocía. Después de verla, la abuela de su esposa lo llamó conmovida: ella conoció el mar después de los 50, tras escapársele al marido. Ese fue el origen del guión que escribió y dirigió: interpretada por Maura, Sofía es una campesina de un pueblo andino que espera que su esposo (Gustavo Angarita) le cumpla la promesa de llevarla a conocer el mar. El viaje lleva años aplazándose hasta que, ante la insistencia de una amiga (Constanza Duque), lo emprende sola, dejándolo inmerso en una difícil vida doméstica.

Carmen Maura no supo responder cuántas películas ha hecho: “Son más de cien”. Con su forma a veces intempestiva de hablar cuenta que ha hecho de todo: “Como tengo un físico que no es ‘ni chicha ni limoná’ hice desde Pepi, la joven que quiere vender el virgo, hasta malas y buenas, qué se yo, y en Europa me espera una policía bipolar asesina, la madre de una condenada a muerte en la época de Franco, una marquesa que tiene un hijo pa’ que no le quiten la herencia, y ahora esta campesina colombiana. El que más me sorprendió fue el de La ley del Deseo”, dice recordando
al transexual devoto de la virgen y hermano de un cineasta drogadicto: “cuando vi la película me puse roja como un tomate, me iba hundiendo en la butaca pensando qué hacía ese tío dentro de mí”.

Hay algo que nunca había hecho Maura, y es la principal necesidad de Sofía y el terco: interpretar a un personaje sin diálogos. “Es difícil, porque te entran unas ganas de hablar que te mueres”. Es su mayor reto: partir de sus gestos y sus miradas, sin decir nada. No le será muy difícil. Álex de la Iglesia –que la dirigió en La comunidad (2000)–, en su discurso al entregarle la Medalla de oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España en 2009, dijo que Maura “domina la secuencia como si un huracán arrollase un gallinero. Cuando está en plano, el espectador no puede dejar de mirarla”.

Así fue esa mañana. Maura adaptó el espacio a sus movimientos. Su personaje se midió un vestido de baño frente al espejo y, en un plano, en un minuto, mostró duda, desconcierto, expectativa, felicidad y gratitud. Así fue desde el primer día, cuando se rodaba un sueño de Sofía para el que el departamento de arte diseñó un mar y unos peces con cartones. El director de fotografía, Manuel Castañeda, recuerda que “todo estaba listo y ella llegó, se emocionó por el montaje, y todos esperábamos verla hacer su gracia, y fue en serio: se puso en situación y captó toda la atención”. Javier Hernández, el primer asistente de cámara, recuerda que tenían que “filmarla bajando por un camino con la cámara como a 50 metros, y yo pensaba que desde tan lejos no se iba a notar, y no, como caminaba, llevaba la maleta y miraba para atrás, era diferente”.

Para ella es sencillo. “No tengo método, se me daba bien desde pequeña, a los 7 años, cuando montaba funciones con mis amigas por las que les cobraba una peseta a los papás”, se carcajea y sigue hablando de plata: “Es que desde ahí tenía un sentido comercial, me encanta que las películas den dinero: el cine es un negocio, no es para hacerse una paja mental”.
El tema es tan importante que sus tres películas favoritas –La ley del deseo, ¡Ay Carmela! y La comunidad– lo son, en parte, por su éxito en taquilla. “Me gusta que las películas funcionen. Al principio le decía a Pedro [Almodóvar] “tengo ganas de ser taquillera”, y él en broma me decía: “Sí, tú serías la mejor vendedora en la taquilla’”, ríe y aclara que no incluye en su listado de ‘prefes’ a Mujeres al borde de un ataque de nervios porque en ella “mi relación con Pedro fue desagradable, y el tema no me apetece… pero lo entiendo: después de 10 años quedamos hasta las narices. No somos amigos, pero si me ofrece un buen papel, ahí estaré”. Como en Volver (2006), su reencuentro tras 18 años, por el que ocurrió el hecho inédito de que el jurado de Cannes les otorgara la Palma de oro a ella y a las otras tres actrices del elenco.

Volviendo al tema del método: “En los rodajes me refiero a mí misma como ‘ella’, es una separación que me viene bien. Lo más difícil para ella es dar la cara en los premios y cosas así: en ese momento me digo ‘Carmen, esta es la escena en la que ella recoge un premio, y ya está’… eso empezó en mi primera película con un actor que se llama Félix Rotaeta. Estábamos acojonados ante el estreno y él me dijo ‘imaginemos que somos Elizabeth Taylor y Richard Burton y estamos hartos de la prensa’, ¡y nos salió genial!”. Ser ‘ella’ también le ayuda a cuidar sus emociones: “gracias a eso soy incapaz de decirte alguna frase de alguna película, no me acuerdo de nada, y no tengo desgaste emocional, porque es muy peligroso, hay que intentar no tenerlo para no irse para la casa con mal cuerpo, entonces no veo imágenes, y cuando tengo que hacer algo triste no me acuerdo de algo que me haya pasado, sino que finjo”.

Mientras se rodaba la escena del vestido de baño, afuera había dos mujeres al borde de un ataque de nervios: las socias de la productora Faldita Films. Carolina Arango mordía un lapicero escrutando un montón de contratos y Cristina Villar no paraba de mandar correos electrónicos desde su Blackberry. Resuelven líos de coproducciones, patrocinios y pagos. ‘Las falditas’, como les dicen, aprovecharon que el personaje principal no hablaba para pensar en Maura. “Le mandamos el guión a su representante y un día él llamó preguntando los datos de Burgos”. Y el escritor estaba en su casa cuando sonó el teléfono y un acento español dijo: “Soy Carmen Maura y quiero hacer tu película”.

Maura no había visto películas colombianas: “Me he venido en blanco, porque me ha llegado un guión maravilloso: leí la última página y ya sabía que iba a venir. Si es capaz de rodarlo, lo que es muy posible porque él lo escribió, llegaremos lejos. En mis sueños, que muchas veces se cumplen, me veo promocionando la película en Europa”.

Carmen sale de Casa Rosada. Sentada en un tronco, con las gallinas andando a su alrededor, discute con Constanza Duque las escenas que vienen. En su mano izquierda tiene una caja de cigarrillos que no suelta, y en la derecha el que se está fumando. Su experiencia le ha dejado claro que necesita que “un director sea el jefe de la tribu, que tenga las ideas claras. Prefiero que se equivoque a que no sepa qué quiere, y me gusta verle la cara de felicidad cuando haces un plano y se va contento”.

Sentado en un pequeño cuarto lleno de corotos frente al monitor, Burgos mira su Ipod con actitud solitaria. “La gente cree por Carmen que esta es una producción grande, y no, esto es pequeño, independiente, y Carmen se montó porque quiso”, dice, luchando contra la congestión nasal que comparte con varios del equipo por los días de rodaje en exteriores lluviosos. Burgos tiene clara la línea de su película: “Es el espíritu de cierto cine independiente latinoamericano. Veía Whisky o Temporada de patos y me preguntaba ¿esto por qué no puede ser colombiano?”. El rodaje fue tranquilo: “Es gente que lleva años en esto, y todo sale bien”. Pero tuvo que sobrellevar un episodio que dejo huella en la película: “La historia está basada en parte en la relación entre mi papá y mi mamá, y al segundo día de rodaje ella se murió, así que estoy haciendo esto con las tripas”.

La tarde avanza y la ventanita del cuarto de Burgos se empaña, mientras retocan el maquillaje de los dientes de Carmen Maura y Carmenza Duque. En la escena, están en un sofá, se ponen unos audífonos y se mueven al ritmo de una canción que no se oye. La coreografía hace reír al equipo. La escena continúa cuando ambas se quitan los audífonos y Constanza empieza a fumar. Carmen hace un gesto leve, casi imperceptible, para oler el humo. “¿Burgos, vos le marcaste esa reacción?”, pregunta el director de fotografía. Y no, no se la marcó. Es una de las decisiones que la convierten en una gran actriz. La escena le gusta a Burgos, como la siguiente, en la que Carmen sigue con la mirada la cantaleta que le echa Constanza caminando de lado a lado. Mientras Constanza habla, los ojos de Carmen son la fuerza de la imagen. Es el final de la jornada, y Burgos sonríe otra vez ante lo que ve.

Burgos no recuerda la primera vez que vio a Carmen Maura: “Tal vez en Mujeres al borde de un ataque de nervios, en el colegio”. Cuando le preguntan si se había imaginado que Maura estuviera en su película, dice “sí, pero en mis sueños más delirantes”. Ahora vive la experiencia por la que han pasado Almodóvar, De la Iglesia y Coppola. Vive lo que para ella es uno de sus mayores placeres: “Cuando ruedo me gusta hacer feliz al director, porque hacer felices a las personas en la vida normal es muy difícil”. Según el plan de rodaje, al día siguiente se harán 5 escenas y 16 planos.

         

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agosto
8 / 2012