¿Necesita el mundo una nueva versión de Full House?

Netflix estrenó mundialmente la primera temporada de Fuller House, un nuevo capítulo en la vida de la familia que marcó a los niños de los ochenta: los Tanner.
 
¿Necesita el mundo una nueva versión de Full House?
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Gabriela Sáenz Laverde

“Ya tengo edad para amar al tío Jesse”; “Si no usan la música original me voy a enfurecer”; “¿Alguien sabe qué va a pasar con Michelle?”

Parecía como si todos los invitados al screener que Netflix organizó con motivo del estreno de Fuller House tuvieran unas expectativas muy claras e inflexibles sobre el piloto de la serie. Y no es para menos, teniendo en cuenta que Full House (o, en español, Tres por tres) marcó, entre 1987 y 1995, a una generación de televidentes que hoy, enfrentada a la adultez, añora la época tranquila e inocente de su infancia.

El piloto no decepciona. Los tres adultos originales, Danny Tanner (Bob Saget), Jesse Katsopolis (John Stamos) y Joey Gladstone (Dave Coulier) aparecen, como en la serie original, en sus papeles de papá comprensivo, tío rockero y… el bueno de Joey. Pero en esta ocasión aparecen para entregar la batuta a DJ (Candace Cameron), Stephanie (Jodie Sweetin) y Kimmie Gibbler (Andrea Barber), la vecina insoportable (que en su adultez sigue insoportable), quienes tomarán las riendas de la crianza de un nuevo grupo de infantes.

La media hora que dura este primer capítulo es un canto a la nostalgia. Desde los acordes de la canción original, los chistes propios y las “catchphrases” de cada personaje hasta la mirada melancólica de los personajes a la cámara ante la explicación de la ausencia de Michelle (Mary-Kate y Ashley Olsen), es una producción pensada exclusivamente para los fanáticos, quizás hasta el punto del almíbar. Un televidente cínico, advertimos, pondrá los ojos en blanco hasta poner en riesgo su salud ocular.

La nueva generación son los tres hijos de DJ (ahora viuda) y la hija preadolescente de Kimmie, y los tres “papás” de la serie original servirán como “guías espirituales” para estas nuevas madres. El humor inocente y formulaico de esta Fuller House es una extensión de la original, y no podría ser distinto. Que venga la nostalgia.

         

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febrero
26 / 2016