¿Por qué el cine y la televisión se interesan por las historias de criminales?

Desde Al Capone pasando por la mafia siciliana, Pablo Escobar y otros tantos hasta llegar al “Chapo” Guzmán. La industria cinematográfica tiene una fascinación por las historias de capos. ¿A qué se debe?
 
¿Por qué el cine y la televisión se interesan por las historias de criminales?
Foto: /
POR: 
Daniel Zamora

Joaquín Guzmán escapó de dos prisiones de máxima seguridad, burló la muerte cuando esta quiso emboscarlo vestida de sicarios que lo confundieron con un sacerdote mexicano. Se hizo seis cirugías plásticas para cambiarse el rostro-al mejor estilo de la película Contracara-y es el mafioso mediático del momento. Sus actuaciones no solo lo pusieron en la mira de la justicia sino de guionistas y directores que hicieron de su vida criminal una película: “Chapo. El escape del siglo”.

El interés cinematográfico por la historia de Joaquín Guzmán puede atribuirse a la coyuntura. Era el capo del narcotráfico más buscado del mundo, cuando lo detuvieron se fugó en las narices de los guardias, lo persiguieron durante meses y logró ocultar su rastro. Se creó una leyenda tan grande que tras la recaptura, algunos primero se preguntaron cuánto demorará en volverse a escapar que en el juicio al que comparecerá.

Sin embargo, la atención del cine y la televisión por historias de capos no está ligada directamente a las noticias. En 2015 Netflix estrenó la serie Narcos, cuya trama gira alrededor del narcotraficante Pablo Escobar, quien murió en 1993. También se registran numerosas películas y series hechas entre 1930 y 2010 inspiradas en la vida de Al Capone, el mayor contrabandista de licor durante la época de la prohibición en Estados Unidos en la década de 1920 y comienzos de 1930.

Así que, ¿de dónde viene ese interés? ¿Por qué la figura del mafioso seduce a libretistas y directores para crear películas como El padrino, que se convierten en referencias mundiales del cine, o convertir en ficción la vida criminal de la familia DeCavalcante-y otros delincuentes de la denominada mafia Cosa Nostra- que dio origen a Los Soprano, según el Sindicato de Guionistas de Estados Unidos la mejor serie de la historia? La primera razón es porque son vistos como antihéroes.

“La ficción siempre anda en busca de representar seres humanos que tienen algo extraordinario. Seres sobresalientes por su heroísmo, cobardía, bondad o maldad. Los mafiosos son héroes, negativos, pero héroes de todos modos. Generalmente nacieron en las capas más bajas de la sociedad, sin oportunidades y sin esperanzas, pero, con su ambición logran poder, dinero y llevar una vida de lujos y derroches que de otra manera no le sería posible porque eso está reservado solo para los ricos”, explica Gabriel Eduardo Alba, director de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia.

La segunda explicación tiene que ver con un guion atractivo. “Desde los años 20 se usa en Estados Unidos el argumento de los criminales perseguidos por la justicia, y ahora lo vemos con las historias de los capos del narcotráfico. Son gente poderosa, extravagante, exuberante, llevada al límite. Eso también es atractivo porque sus vidas se hacen a partir de cosas muchas veces inverosímiles, saltando muchos obstáculos que el común de la gente no salta”, señala Juan Andrés Rendón, libretista de En la boca del lobo, la serie basada en la historia real de un delincuente que se convierte en informante de la policía y que, gracias a su ayuda, se desmanteló uno de los carteles más peligrosos del mundo: el Cartel de Cali. Se estrenó en Netflix durante 2015.

Otro de los aspectos clave es que se encuentra al capo como un personaje complejo, lleno de fuertes conflictos emocionales que dialogan entre el bien y el mal. Es por eso que para la creación de Pablo Escobar, en la serie Escobar, el patrón del mal, se hizo énfasis en la niñez del capo del Cartel de Medellín, en cómo pequeñas decisiones fueron construyendo a uno de los delincuentes más temidos del mundo. “Se trabajó sobre la base de una buena documentación. Lo más importante allí era el proceso de crear los personajes, darles todas las facetas, inclusive a Escobar. Humanizamos al personaje para entenderlo, para identificar las cosas que lo hicieron ser lo que fue” explica el productor de la serie, Diego Ramírez.

Por otro lado se encuentra la rentabilidad. A las productoras las cautiva la cantidad de ceros que se suman en las recaudaciones de cine y los altos puntos en el rating que alcanzan las historias de capos. Por ejemplo, la trilogía de El Padrino recaudó casi 600 millones de dólares; y en Colombia, Escobar, el patrón del mal, ostenta el récord de audiencia en un capítulo de estreno (26.9), y en todas las mediciones que se han hecho desde que existe la televisión privada, solo ha sido superado por dos partidos de la Selección Colombia en la Copa América de 2015.

Aunque sí se evidencia un embeleso de la industria cultural cinematográfica por las vidas de los criminales, Juan Andrés Rendón hace hincapié en un asunto: el mercado, en este momento, está pidiendo historias de capos. “A mí me sucedió una cosa en algún momento: llegué a hablar con la gente de una productora y lo que dijeron fue: ‘Queremos una mujer, poderosa y traqueta’, así en esos términos, porque eso es lo que se está vendiendo. La productora está pensando pegar en Colombia, en México, en el latino que vive en Estados Unidos. Es sobre eso que se arranca, no por la fascinación de uno sino que el mercado lo está dictando. No puedo criticar al productor porque ese es el negocio”.

Aparte de los componentes dramatúrgicos que vuelven interesante-y rentable- apostarle a las historias de mafiosos, Gabriel Alba hace mella de la responsabilidad social que tienen estas realizaciones audiovisuales. “Al final mueren repudiados o asesinados, o en la cárcel, porque ningún pobre puede burlarse del statu quo y salir ileso. En eso las películas de mafiosos son muy reaccionarias y siempre triunfa la justicia. Sirven para decirle a los pobres, que son la mayoría, que si siguen los pasos del mafioso van a terminar mal. Ese tipo de películas sirvan para ejercer un control social, por eso siempre existirán”.

Tal vez por estas razones es que el “Chapo” es el delincuente de moda en la pantalla grande. Resulta muy vendedor el cuento del capo del narcotráfico más perseguido del mundo, buscado por actores como Sean Penn para entrevistarlo, apreciado por parte de la población mexicana a quien le regalaba dinero, un fugitivo que escapó de prisión, huyó durante meses y lo recapturaron mientras se intentaba fugar por las alcantarillas.

De modo que “Chapo. El escape del siglo”, es solo la primera de una serie de 4 producciones sobre Joaquin Gómez que anunció la distribuidora Dragon Films. Y no es la única propuesta cinematográfica alrededor de este personaje. El reconocido director de cine, Ridley Scott (Blade Runner, Gladiador), en asociación con Fox, dirigirá otra película sobre el jefe del Cartel de Sinaloa. El show mediático que suscitó el “Chapo” es solo la cereza en el postre. La muestra del profundo interés que generan los criminales en los libretos de los guionistas y en las cuentas de cobro de las productoras.

         

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL
febrero
9 / 2016