‘La Conspiración del Silencio’ demuestra por qué éste es el peor de los cómplices

Se estrena en Colombia la película alemana que pone en evidencia cómo Alemania pudo ocultar durante más de 20 años los exterminios de Auschwitz.
 
‘La Conspiración del Silencio’ demuestra por qué éste es el peor de los cómplices
Foto: /
POR: 
Juliana Uscátegui

Cuando oímos sobre Alemania y la segunda Guerra Mundial se nos viene a la mente imágenes horribles sobre el holocausto, inmediatamente nuestro cerebro empieza, como con un sonoviso, a reproducir los archivos que hemos visto a través de nuestras vidas sobre uno de los mayores genocidios de la historia. En la cultura popular, Hitler es referente del mal supremo. Y la historia del pueblo judío se partió en dos.

Hoy, lo que ocurrió en esos campos de concentración es de conocimiento público, y Alemania pagó un alto precio por sus pecados.

Lo que no es tan claro es la revelación que hace la película La Conspiración del Silencio (2014, Giulio Ricciarelli). Pero antes, un poco de contexto.

Los aliados juzgaron los crímenes de guerra que se cometieron durante el régimen nacionalsocialista de Hitler desde 1939 hasta el final de la guerra en 1945. Este proceso, conocido como los Juicios de Nüremberg, tuvo lugar entre 1945 y 1946, y el resultado fue la ejecución de los dirigentes del gobierno nazi que sobrevivieron a la guerra.

No todos los miembros del ejército nazi cayeron en manos de los aliados. Muchos lograron escapar. Posteriormente se realizaron otros procesos por parte del gobierno de Estados Unidos, como el juicio de los doctores y el juicio de los jueces.

[diners1]

[/diners1]

La gran revelación que relata La Conspiración del Silencio es el escabroso episodio, durante los años sesenta, que salió a la luz el horror de Auschwitz. El campo de concentración estuvo registrado en el conteo de la posguerra, pero el horror de las torturas y las ejecuciones masivas se mantuvo en silencio hasta veinte años después de Núremberg, cuando un joven fiscal que se dedicaba a las multas de tránsito se topó con una información valiosa y decide investigar esta duda.

Es así como, en la película, empieza la caza de información y la búsqueda de testigos sobrevivientes en su mayoría polacos. En el camino se encuentra con muchos obstáculos pues este lugar fue enterrado y su información también. Nadie en Alemania quería destapar esa olla y cuando Johan Radman – el personaje principal- empieza a escudriñar se viene montaña abajo una bola de nieve.

La película tiene varios atinos. Es una trama psicológica que se basa en los testimonios de los testigos pero no nos abruma con imágenes apocalípticas.
Todo ocurre metafóricamente y los silencios son tan importantes como las palabras. Cuando se cuentan cosas del genocidio es porque de verdad se deben decir.

Este juicio hizo historia por a ser el primero que ocurre en un país que juzga sus propios crímenes de guerra. Es escalofriante pensar que monstruos como Josef Mengele apenas fueron puestos en la palestra pública hasta que esta historia salió a la luz. O saber que militares como Karl-Friedrich Höcker, que ejecutaban personalmente a los reclusos, habían pasado invictos. Höcker negó durante años su participación y hasta 1963 fue llevado a juicio.

La Conspiración del Silencio también expone la situación que vivó la juventud alemana durante la guerra: si todos sirvieron obligatoriamente en el ejército alemán, ¿hasta qué punto un país completo es culpable de genocidio? Una generación entera de personas que mutaron al silencio después de haber visto matar otras personas sin poder hacer nada vivieron su propia cárcel: la vergüenza.

Estéticamente la película es delicada, es sutil, el arte es elegante, los diálogos son pocos. Las emociones son parcas- obvio son alemanes- y en los rostros de los actores se ve el dolor de saber lo que ocurrió.

El director de origen italiano Giulio Ricciarelli logra darle forma a esta historia de manera considerada. El actor Alexander Fehling, a quien vimos en Inglourious Basterds y que casualmente siempre hace personajes en tramas históricas, esta vez también hace una excelente interpretación.

Su personaje es la reunión de tres fiscales que participaron en la historia real. El actor junto al director fueron construyendo la historia casi paralelamente a como se iba investigando. En la historia hay una sutil historia de amor, pero no es el hilo conductor es más bien el contexto de la vida de un justiciero.

Ir a ver esta película es casi una obligación. Todas las generaciones que viven una guerra y una posguerra deben concientizar que en estas situaciones no existen solo los asesinos y las víctimas directas si no que cada acto en medio del conflicto cuenta. Es una lección de vida que enseña a combatir el olvido.

         

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL
diciembre
9 / 2015