Game of thrones: final de temporada

La temporada de Game of Thrones terminó casi tan desconcertante como empezó. Zombies, dragones, y traiciones fueron protagonistas.
 
POR: 
Gabriela Sáenz Laverde

Tyrion Lannister vive. Eso lo sabíamos, no iban a matar a Tyrion. Pero está desfigurado, y las joyas que son sus familiares lo despojaron de su posición como mano del rey. Se hicieron los locos con el triunfo de la semana pasada, Tywin se lo atribuyó a sí mismo. Tyrion se merece una estatua, he dicho una y mil veces. Si no por héroe, entonces por santo, porque hay que ser muy santo para resistir a esa familia tan endemoniada. Y Tyrion es el más santo, porque cuando su amada Shae le prpone que huyan juntos, él contesta que no porque nada le gusta más que llamarle la atención a su familia, así que si ella quiere irse bien puede. “Tienes mala memoria. Soy tuya, y tú eres mío”, le contesta Shae. Ay, Tyrion, no tiene riquezas materiales pero tiene amor.

Ser Varys, el eunuco que en los últimos capítulos ha brillado por su amabilidad, va a visitar a Tyrion en su cama de enfermo y le asegura que, aunque su familia no lo reconozca y de momento no tenga muchos amigos, el pueblo no olvidará que fue él, Tyrion, el enano, el “medio hombre”, quien evitó que King’s Landing cayera en manos de Stannis Baratheon.

Otra víctima inocente de los Lannister es la pobre Sansa. Ahora Joffrey no se va a casar con ella sino con Margery Tyrell, la viuda de Renly. Pasar de un rey tan bueno como Renly a uno tan malo como Joffrey debería ser terrible para cualquiera con conciencia. Ese no es el caso de Margery, que, como ya sabemos, quiere reinar. Ella apenas conoce a Joffrey le pide que se case con ella. Cersei interviene y le dice que para qué Sansa, si ella es hija de un traidor y hermana de otro, que mejor se case con Margery. No sería tan grave si este diálogo no hubiera sido frente a toda la corte, incluida Sansa. Ella (y nosotros) se ilusiona con que ahora sí va a poder volver a su casa, pero Littlefinger rápidamente le aclara que no, que ella ahora va a pasar a ser la amante del rey. Pobre Sansa, si se hubiera ido con el Sabueso cuando se lo propuso ya estaría en su casa.

Eso no significa mucho, sin embargo, porque Winterfell está en llamas. Theon Greyjoy ya sabe que los Stark se van a volver a tomar sus tierras, y le cuenta a Maester Luwin sus penurias como un niño-esclavo. Desagradecido es lo que es. Maester Luwin le propone que huya y se una a la guardia Negra, pero Theon se niega y en cambio se dedica a arengar a sus hombres. Ellos escuchan el discurso con atención y luego le dan un golpe a Theon en la cabeza, lo meten en una bolsa, y se van, no sin antes clavarle una lanza al anciano Maester. Nadie quiere estar en ese clima tan feo de Winterfell, y menos ahora que parece haber llegado definitivamente el invierno.

Robb Stark, que debería estar preparándose para seguir en batalla, está ciego por el velo del amor. Cuando su mamá le dice que no tome decisiones apresuradas, que espere a casarse con su verdadera prometida, y que finalmente el buen Ned Stark tampoco estaba enamorado de ella cuando se casaron, él contesta que Ned Stark está muerto y su mamá no debería estar hablando de decisiones apresuradas (porque soltó a Jaime Lannister así, apresuradamente). Y luego se casa con Talisa, su chica Cruz Roja, diciendo los mejores votos de la historia de la televisión: “Padre, herrero, guerrero, madre, corona, extraña.” Seis palabras al viento, ¿para qué más? Y así, quedaron casados.

La hermanita menor de Robb, Arya, va finalmente en camino como una niña libre junto a sus amigos Gendry y Hot Pie, cuando se encuentra nuevamente a su sicario, Jaquen H`gar, que quiere convertirla a ella también en el perfecto asesino. Ella se mantiene en pie con su misión de buscar a su familia, y entonces él le entrega una moneda mágica con la que podrá encontrarlo si algún día quiere buscarlo. Y luego, se cambia de cara. Sí, así, como si nada, Jaquen se convierte en otra persona. Normal.

Ahí es cuando el capítulo empieza a volverse delirante. Danaerys, que está todavía en Qarth buscando a sus dragones, llega al templo de los no-muertos y de repente aparece más allá del Muro (sí, el Muro que cuida Jon Snow), donde, en una tienda de campaña, está su marido muerto Khal Drogo con un bebé que asumimos es el que ella esperaba en la temporada 1. Ahí no entendemos nada de lo que pasa. Él le dice que no está muerto, ella pregunta si la muerta será ella, el bebé parece que tiene una peluca. Entonces ella se levanta, da media vuelta, sale de la tienda de campaña y está otra vez en el templo de los no-muertos, en la celda donde tienen amarrados a los dragoncitos. Entonces se le aparece el mago no-muerto que le robó los dragones y que se clona con cada paso que da. Ella está furiosa por el robo de los dragones, y los animalitos le escupen fuego al mago. Por fin un triunfo para Danaerys. Una vez libre, toma la llave de la bóveda donde se supone están los tesoros del rey de Qarth, pero está vacía. En venganza, ella encierra a Xarro en la bóveda, y les ordena a los Dothraki robarse todo el oro y las joyas que encuentren. Ya va Danaerys en camino a su tierra prometida.

Jon Snow se pasó al bando de los salvajes, en principio para infiltrarlos y derrotarlos desde adentro, pero seguramente también porque le gusta la pelirroja Ygritte. Van a llevarlo donde Mance Rayder, el rey de los salvajes. Pero ya poco importa, pues un ejército de salvajes se acerca al Muro. Y la mayoría de ellos son zombies.

¿Qué opinan del final de la temporada? ¿Los dejó iniciados? ¿Correrán a comprar los libros? Dejen sus comentarios e impresiones en el espacio de abajo.

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junio
4 / 2012