American Horror Story: la suma de los miedos

Despiden a la hermana Jude, se confirma que Arden fue nazi, Lana está en manos de Cara de Sangre y una niña diabólica llega a Briarcliff.
 
POR: 
Edna Juliana Rojas

Esto se pone bueno. Ya no solo nos asustamos con cada capítulo, sino que la ansiedad nos palpita en las sienes durante 60 minutos. Rogamos que algún súperhéroe salve a la pobre Lana, una periodista que simplemente fue en busca de una historia y terminó tachada de loca. Me recuerda al cuento de Gabo “Solo vine a hablar por teléfono”, en el que María se había varado en la carretera y un bus paró para auxiliarla, pero resultó ser el transporte de un hospital siquiátrico en donde terminó recluída mientras repetía sin cansancio “solo vine a hablar por teléfono”.

La cuestión es que Lana está en manos del siquiatra, al que descubrimos en el capítulo 5, como el verdadero ‘Cara de sangre’. El único que parecía cuerdo de toda esta reunión de desquiciados, resultó el más perturbado por cuenta de que su señora madre decidió abandonarlo. Ahora, él va por el mundo capturando mujeres de 33 años (la edad de la mamá cuando lo dejó), por el simple deseo de sentir el calor de su piel. Por eso, las convierte en lámparas y accesorios de hogar.

Para que Lana se sienta como en casa, le ha traído su cama y sus mesitas de noche con todo y objetos. Así, ella despierta y ve las fotos de su novia (ahora muerta a manos de este sicópata), siente el calor de sus sábanas y de su almohada, y por un instante se cree a salvo, cuando descubre que está en el frío sótano de este personaje que le prepara el desayuno y le cuenta toda su historia. Ella llora sin descanso. Quiere ser complaciente, para que él se arrepienta de convertirla en lámpara. Le dice bebé, y le frota la cara con sus manos cargadas de angustia.

Mientras tanto, descubrimos que el monseñor no es tan malo. Más bien pasado de inocente. El tiempo se regresa dos años. Estamos en 1962 y vemos que este llega al asilo, pues es su nuevo dueño. Allí, albergaban enfermos de tuberculosis que pronto morirían. El doctor Arden trabajaba como médico, y le cuenta al sacerdote que investiga sobre cómo curar la enfermedad, pero que la única manera para comprobar el resultado de su trabajo es aplicarlo a humanos, por eso lo hace con estos desahuciados sin nada que perder. Entonces, el nuevo dueño le permite hacer sus pruebas con algunos de los nuevos pacientes del asilo. En esta complicidad, el sacerdote también está al tanto de que Arden es un antiguo médico nazi.

Esa verdad también la conoce ahora la hermana Jude, quien habla con el contacto que ha establecido encargado de averiguar el pasado del médico. Pero al confirmar que Ana Frank, su acusadora, era realmente una paciente siquiátrica, cree que las alusiones a Arden como nazi solo eran parte de su locura. No. El hombre le confirma que se trata de un peligroso asesino refugiado enBriarcliff.

El elemento que hacía falta

En American Horror Story tenemos un asilo siquiátrico, una monja con pasado de prostituta que mató accidentalmente a una niña, y una secuencia de pacientes de todas las índoles. ¿Qué hace falta para completar este cuadro perfecto de terror? Una niña.

Llega al asilo una madre con su hija, quizás de 6 años, con la certeza de que es un ser extraño. Entonces le cuenta a la madre Jude el episodio en el que la única amiga con la que contaba, apareció muerta con unas tijeras enterradas en el pecho. Pero como no hay una sección infantil en el lugar, la directora le dice que no puede hacerse cargo de la pequeña. La mujer no se conforma con la respuesta, la deja botada en el lugar y huye.

No es difícil pensar que se hará amiga de la hermana María Eugenia, poseída por el demonio. Al final del capítulo vemos cómo la mamá y las hermanas de la niña terminan con cuchillos enterrados en su pecho.

En el capítulo 5 también habíamos visto que la pobre Shelly, esa ninfómana deformada por obra y gracia de los experimentos del dr. Arden, llegó hasta el pueblo asustando niñas y arrastrándose por el suelo a falta de sus dos piernas. Ya en el hospital, el único sacerdote que se compadeció para darle los santos óleos, ante su horrorífica apariencia, es el monseñor Timothy Howard, quien reconoce de inmediato a la pobre enferma de su asilo y comprende que es consecuencia de los experimentos del médico. Entonces, misericordioso (¿misericordioso?) la ahoga con su crucifijo y corre a acusar a este hombre de asesino. “La hermana Jude tenía razón”, espeta, pero este con gran tranquilidad le responde que si quiere salir a revelar algo tendrá que tener en cuenta que él también está involucrado al haber dado su autorización inicial.

Así que el padre Timothy no tiene más remedio que despedir a la hermana Jude. La envía a una casa de niñas problemáticas, sin atender a sus súplicas. Ella, antes de despedirse, acude al hombre que estaba investigando al médico Arden, quien le había pedido una huella para confirmar la verdad sobre su pasado. Ella, que ha tomado una copa con su peor enemigo, con la idea de despedirse y festejarle su victoria, acude a la casa de su espía, a quien encuentra moribundo. Antes de morir, él alcanza a revelarle que la asesina es una de sus monjas.

El capítulo había comenzado y termina también en el tiempo presente. Varios capítulos atrás habíamos visto que de los dos novios que merodeaban el asilo ya abandonado, él había terminado muerto y sin un brazo, por cuenta de un grupo de jóvenes que se habían disfrazado de Cara de Sangre. Fue allí cuando al parecer, el verdadero sicópata los asesina a todos (excepto a la novia) y ahora, los muertos cuelgan de cadenas del techo del lugar.

Todos los martes a las 11 p. m. por Fox

         

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diciembre
5 / 2012