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American Pie 5, una película para los treintañeros con melancolía de adolescencia

Si se atreve a ver la quinta parte de American Pie se reirá sin parar y además, podrá identificarse con eso que nos sucede a todos: la vejez.

Si se atreve a ver la quinta parte de American Pie se reirá sin parar y además, podrá identificarse con eso que nos sucede a todos: la vejez.

El dicho dice que “segundas partes nunca fueron buenas”. Eso quiere decir que después de la segunda versión no hay mucho que esperar. Aunque eso podrían contradecirlo los fanáticos de Harry Potter, El señor de los Anillos, Star Wars y otra serie de sagas que han afianzado sus redes de seguidores a lo largo del mundo y del tiempo. Excepto a American Pie.

Sin embargo, es poco lo que podrían prometer las comedias gringas que se inventan cuantas versiones sean capaces de pagar los productores, con tal de seguir sacando dinero a los espectadores. Con esa idea fui a ver American Pie 5. Sus anteriores versiones, excepto la 4, las he visto hasta el cansancio los fines de semana en televisión, tanto que ya se me confunden las historias y escenas de cada una. ¿Quién no se ha reído con los adolescentes que buscan sin éxito una buena noche de sexo? Todos y nadie. Demasiado cliché.

El American Pie de siempre

Sin embargo, American Pie 5 es una de las mejores, sino la mejor de la saga. Debe ser también por el grado de identificación que encontré. Los personajes (generación 99, yo 98) siguen fieles a su esencia.

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Casi 15 años después se encuentran con la situación que nos encontramos todos a los 30: hay que reconocerlo, ya no somos adolescentes, aunque hay quienes se niegan a enfrentarlo; ya no podemos seguir sin dormir y bebiendo toda una noche, porque las consecuencias se pagan con sangre (dolores de cabeza, mareo, náuseas, ganas de morirse) al día siguiente. Además, las fiestas duran si acaso hasta las 12 de la noche porque el niño está solo en la casa.

Ni qué decir cuando las conversaciones se centran en los bebés y los matrimonios. Y bueno, el sexo. Pero en este caso, el mal momento sexual que da la monotonía. Nos empezamos a poner viejos, pero nos negamos a dejar ir la adolescencia que se ha retirado con discreción, mientras la madurez empieza a instalarse.

Así es esta quinta versión, la del grupo de amigos en el que siempre está el vago que no quiso crecer (Stefler), el que vive un trabajo aburrido (Finch), el que tiene sexo monótono después de un hijo y un par de años de matrimonio (Jim), el que sí logro el éxito pero no es como soñaba (Oz) y el que se da cuenta de que los amores del colegio nunca se olvidan (Kevin). ¿Le suena parecido?

Por eso es una película realista, que logra identificación más allá de la chabacanería del humor fácil. Además, confieso que me reí casi toda la cinta y por eso no dudaría en repetírmela. Seguro la televisión me concederá el placer muy pronto. Recomendada para los treintañeros con melancolía de sus bacanales adolescentes.

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Febrero
17 / 2021

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