Woody Allen vuelve a las pantallas con Magia bajo la luna

Se estrenó en Colombia Magia bajo la luna, una ligera comedia sobre la vida ambientada en los años 20 del cineasta neoyorquino Woody Allen.
 
Woody Allen vuelve a las pantallas con Magia bajo la luna
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Jaime Pérez-Seoane

Woody Allen ha vuelto a las pantallas de Colombia. Lo ha hecho después de la exitosa Blue Jasmine (2013) y cumpliendo con la promesa que se hizo recientemente – la de dar a luz una película cada año -, con Magic in the Moonlight (Magia bajo la luz de la luna). La cinta se estrenó ayer, jueves 20 de noviembre, con la timidez propia con la que el cine catalogado como intelectual se presenta en una sociedad versada en superproducciones. Con este, el prolífico cineasta neoyorquino ya ha sido padre de 43 largometrajes con los que ha cosechado cuatro premios Óscar (sobre más de veinte nominaciones), dos Globos de Oro y un universo de premios secundarios.

Aunque digna de alabanza, la afanosa tarea de realizar un film cada 365 días envuelve una serie de efectos que Woody Allen parece recibir con gratitud. “No pretendo hacer películas perfectas”, reconocía el director en el documental que sobre él ha publicado Robert Weide. Sin la perfección como meta (ni la profundidad como escuela) Allen es (casi siempre) capaz de utilizar del cine para presentar sus preocupaciones de una forma desenfadada y frívola, lo cual es de inmenso mérito.

Magia bajo la luna, ambientada con destreza en los felices años veinte, cuenta la historia de Wei Ling Soo (Colin Firth), el alias bajo el que se oculta el reputado mago británico Stanley Crawford. El prestidigitador recibe la visita de Howard Burkan (Simon McBurney), colega de profesión y viejo amigo, quien le pide ayuda para desenmascarar a una falsa médium que parece estar aprovechándose de una rica familia norteamericana. Crawford y Burkan viajan así a la Côte d’Azur francesa, donde la joven y bella Sophie (Emma Stone) ha enamorado irremediablemente a Brice (Hamish Linklater), heredero de la familia Catledge. Crawford, experto en ilusionismo y ducho en descubrir impostores, llegará a la bucólica Riviera francesa con la certeza de que Sophie es otra de tantas embaucadoras. Sin embargo, los poderes y atributos de la joven harán soñar al escéptico ilusionista inglés con un mundo más allá del conocido.

Magic in the Moonlight está tan lejos de ser la mejor película de Woody Allen como lo está de ser la peor. La historia se declara desde el inicio poco pretenciosa, y aunque a ratos peca de resultar demasiado obvia en el aspecto argumental, es muy entretenida. Firth, sumergido en el papel de protagonista incondicional – casi figura en todas las escenas de la cinta – interpreta con carácter a un ególatra que es incapaz de ver más allá de sus narices y a quién Sophie descubre la posibilidad de creer en lo imposible como forma de alimentar la ilusión de vivir. Bajo la luz de la luna del sur de Francia, un ya avejentado Allen descubre que, como Crawford (su alter ego en la película), quiere abandonar su pragmatismo y comenzar a creer en lo increíble.

Imaginarse en la costa azul a finales de los años veinte durante 97 minutos es posiblemente lo mejor de Magia bajo la luz de la luna. Su música, vestuario y técnica de grabación son impecables de principio a fin. Lo demás es regalado; la gracia con la que Firth interpreta a un pedante envanecido, los destellos de belleza de Emma Stone, los fugaces personajes secundarios – con mención especial a la caracterización de Brice – y su mensaje. Pese a su condición de película perecedera, existen argumentos suficientes para comprar una boleta y volver a encontrarse con Allen en la gran pantalla.

         

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noviembre
21 / 2014